La liturgia de hoy nos invita a reflexionar acerca de nuestra misión cómo discípulos y Apóstoles. Será que el Señor llegue a cuestionarnos, “tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?
La liturgia de hoy nos lleva a reflexionar acerca de nuestro objetivo primordial como cristianos. Muchos podremos decir de primera instancia realizar las obras de Dios, sin embargo, no es tan fácil.
Continuando con el tema quedamos con: ¿hay algún camino para llegar a la paternidad espiritual? ¿O estoy condenado a seguir tan atrapado en mi necesidad de encontrar un lugar en el mundo que acabaré utilizando una y otra vez la autoridad del poder en vez de la autoridad de la misericordia?..
La liturgia nos indica el camino para ser hoy testigos vivientes de la Resurrección de Jesús. El cambió la vida de sus discípulos y dio una identidad definitiva a la comunidad cristiana; la causa de Jesús les apasiona, les fascina y se lanzan a anunciar el evangelio.
La liturgia nos invita hoy, a que en medio de las dificultades, las amenazas y los peligros que nos asaltan; qué grande es poder escuchar la voz del Señor nos recuerda su victoria: “Soy yo, no teman”
La liturgia de hoy nos invita a aportar con obras tangibles a la extensión del Reino. No obviar las consecuencias de ello, pero que tampoco nos paralicen.
Hoy la liturgia nos confronta con una realidad , ¿Damos testimonio de la obediencia de Jesús? Porque si no estamos en esa senda de crecer en el testimonio de la obediencia no somos cristianos.
Hoy la liturgia nos invita a elegir ejerciendo nuestra libertad, aceptar a Jesús, su salvación, la vida plena y eternav o podemos ejercer nuestra libertad rechazando su regalo, al mismo Jesús y a todas sus indicaciones.
La liturgia de hoy nos invita a renacer de lo alto, fruto del Misterio Pascual: proceso de muerte y de glorificación. Del seno del sepulcro brota la vida, vida que de la tierra se eleva, asciende, hasta el cielo.