Las lecturas de este domingo nos muestran, este tiempo, como tiempo de preparación, como tiempo de sed del Señor y también nos habla de manantiales inesperados.
¿Qué Dios hay como Tu? Es la frase que cenra nuestra meditación de la liturgia de Dios y es que debido a Su amor por nosotros, Dios quiere que estemos con Él. Su misericordia es necesaria para que eso suceda; hay una conexión inseparable entre el amor y la misericordia de Dios.
La liturgia en el camino de conversión nos muestra cómo el egoísmo y la envidia ciegan al ser humano, llevándolo a rechazar a sus propios hermanos (José) o a los enviados de Dios (los profetas y el Hijo)
La Liturgia de hoy gira en torno al contraste entre la confianza en el mundo y la confianza en Dios, enfatizando la necesidad de un corazón compasivo frente al sufrimiento ajeno.
En la liturgia, aparece machaconamente la idea del servicio, porque el grito de guerra del tentador —»non serviam»— está muy anclado en nuestros corazones.
Este domingo, la liturgia nos invita, a confiar, a vivir nuestra vocación con firmeza y a contemplar la Gloria de Cristo, que fortalece para seguir en el Camino hacia la Pascua.