Hoy que los católicos celebramos a María Auxiliadora, la liturgia nos insta a como consagrados a Dios y a su palabra, crecer en el espíritu y alcanzar la herencia prometida.
Como hemos podido constatar a través de la liturgia de la Pascua, el Señor Jesús, durante su paso fue formando a sus discípulos para continuar su misión de anunciar el Evangelio.
El Señor nos pregunta hoy en la liturgia, como a los discípulos ¿de verdad creen? Con lo que busca calmar el entusiasmo inicial ante encuentros maravillosos con el Señor y enfrentarnos así, con la verdad.
La Fiesta de la Ascensión del Señor expresa la dimensión de exaltación y glorificación de la naturaleza humana de Jesús, como contrapunto a la humillación padecida en la condena y la muerte en la cruz.
La liturgia de hoy nos muestra a Jesús, invitando a sus discípulos a pedir con confianza y a Pablo dando cabida en la evangelización a un miembro más, Apolo.
“No tengas miedo”, nos dice el Señor hoy; y también que “nadie podrá quitarnos esta alegría”. Vamos a reflexionar qué nos quiere decir con estás dos frases que parecieran contrarias.
Que todos los pueblos aclamen con júbilo al Señor”. Estas palabras, del salmo de la liturgia de hoy, las debemos proclamar, hacerlas realidad todos los creyentes y muy especial en este tiempo de la Pascua.