Misericordia quiero y no sacrificios. Hoy, querido lector, el evangelio Mt 9, 9-13 nos brinda esta impactante frase que nos invita a romper con muchos paradigmas que nos hemos formado
La liturgia de hoy nos invita a seguir los caminos de Jesús que al igual que su Padre, consuela y nos anima a vivir un auténtico cristianismo basado en la misericordia y no en los sacrificios.
Hoy quisiera comentarles sobre Pablo, otro gran líder de nuestra Iglesia a quien también conmemorábamos ayer. La herida de Pablo y la de muchos de nosotros a la que nos referiremos hoy es a la herida del ego.
El proyecto de Dios para nuestra vida se mueve muchas veces de manera extraña para nosotros, pero Dios siempre nos auxilia, solo que la infinita potestad divina llega hasta donde se lo permite nuestra “poderosa” libertad.
Hoy meditamos sobre esas personas que sienten un sentimiento de inadecuación sienten una inmensa inseguridad ante el ambiente en el que se encuentran, bailan indecisos en los pasillos sin saber qué hacer o dónde ponerse, mucho menos qué decir o qué callar.
En esta Solemnidad de San Pedro y San Pablo, la liturgia nos recuerdo enseñanzas que estos dos líderes del cristianismo dejaron a toda la humanidad de todos los siglos
La liturgia de hoy nos insta a aceptar el reto de seguir al Señor de forma activa, de como Abraham, adquirir mediante el trato con El, la capacidad de dialogar y conscientes de nuestras debilidades, acudir a su compasión y misericordia.