Hemos venido escuchando en la Pascual, como las apariciones de Jesús despiertan y educan la fe de los apóstoles. Pero a la fe de María no le hacían falta. Ella tuvo una sola gran aparición en su vida: La anunciación la dispensó para siempre de nuevas apariciones.
Esta conversación no es fácil en ningún caso, pero es importante escuchar a quien enfrenta a la muerte. Al dejarle saber que nos importa su opinión le damos poder sobre su vida y eso es algo a lo que nadie debe renunciar.
En la liturgia de hoy Dios nos anima a vivir el Mandamiento del Amor, ese que no hace distinciones, no tiene límites, es capaz de perdonar, comprender y acoger.
La liturgia de hoy nos deja claro que es el Espíritu Santo quien dirige y organiza la misión evangelizadora de la Iglesia y que Hay una incompatibilidad entre el modo de concebir el poder según los criterios mundanos y según las enseñanzas del Señor.
Hoy meditamos sobre cómo alcanzar la fama, el prestigio, notoriedad, reputación, buen concepto y aprecio que los demás deben tener de cada uno de nosotros sin dejar de ser creyentes.
La liturgia de hoy nos invita a seguir lo que el primer Concilio nos indica,
para ser cristiano basta seguir la doctrina y el evangelio de Jesucristo y el evangelio lo que nos pide es Amar.