Hoy seguimos reflexionando sobre el Adviento, a fin de no dejarnos atrapar por el gran ruido del mundo, sino para apreciar mejor el don de la salvación que el Señor nos ha traído.
En esta fiesta de la Inmaculada Concepción de Maria, se nos invita a liberarnos de la engañosa idea de que el Evangelio es una cosa y la vida otra; la santidad no es una «utopía» sino que se trata de «vivir cada día lo que nos sucede con humildad y alegría».
Hoy en nuestra reflexión para prepararnos al adviento conoceremos acerca de la carta que nuestro Emérito Benedicto XVI, escribió cuando era niño pidiendo tres regalos para Navidad.
La liturgia de hoy nos invita a confiar en Dios, a celebrar su perdón, a aprovechar la gracia de la Navidad y ser también quienes llevan consuelo a su pueblo, especialmente a las ovejas perdidas.
La liturgia de hoy nos brinda un esperanzador mensaje para no desfallecer y tener la certeza de la misión del Señor en nuestra vida: perdonarnos los pecados y darnos la salvación.
Hoy queridos lectores reflexionamos sobre aspectos importantes del Adviento, esos que buscan salir de la desesperanza y más bien agrandar el corazón y que lo abra a la gratuidad al entregarse.