Celebrar la Eucaristía cada domingo, implica este servicio a Dios. Le estamos sirviendo con nuestra presencia, escucha, participación, adoración…, y, sobre todo, con nuestro compromiso para servir a nuestros hermanos los más necesitados.
La liturgia nos cuestiona acerca de ciertos aspectos de nuestra vida: ¿Qué tipo de cristianos somos? ¿Quién soy yo hoy? ¿Cómo esta nuestro corazón? ¿A qué terreno se parece: a un camino, a un pedregal, a unas zarzas?”.
Hoy la liturgia nos invita a levantarnos y empezar si aún no lo hemos hecho, una nueva vida y que dejemos atrás todo lo que nos impide avanzar en el camino de la salvación
Tal vez, si quisiéramos resumir el contenido de las lecturas de este domingo en una única palabra sería aquella con la que hemos titulado esta reflexión: arrepentidos.