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Liturgia del 6 de agosto 2026. Escuchar al Hijo: El Camino para Transfigurar las Llagas de la Historia.

Posted on agosto 6, 2026agosto 5, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA. 

Introducción:  

La liturgia de hoy en que celebramos la Transfiguración; nos convoca a contemplar la manifestación luminosa de la gloria divina de Jesucristo, el Hijo amado del Padre, revelando el esplendor eterno que corona la historia de la salvación.

En este misterio de luz, la frágil condición humana es rescatada y renovada por la gracia, anticipando la victoria pascual que transforma nuestra propia existencia. La majestad del Señor resplandece como el sol, invitando a toda la creación a reconocerlo como el Rey soberano y eterno que renueva la imagen de Dios en el hombre.

 

Lectura de la profecía de Daniel 7, 9-10. 13-14

Daniel continuó el relato de sus visiones, diciendo: “Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego brotaba y corría delante de Él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros.

Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; Él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta Él. Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido”.

Reflexión:

La visión profética despliega símbolos de majestad celestial, como las vestiduras blancas y el fuego purificador, manifestando la trascendencia del Dios viviente.

La figura del “Hijo del hombre”, quien recibe del “Anciano de días” un señorío eterno, halla su pleno cumplimiento en el misterio del monte Tabor. Allí, Jesucristo revela su gloria divina ante los apóstoles, confirmando que la debilidad de nuestra naturaleza asumida participa de su triunfo. Así, la profecía veterotestamentaria se entrelaza con la Transfiguración, proclamando la victoria definitiva del Redentor sobre el tiempo y la creación.

 

O bine  Segunda carta del Apóstol san Pedro 1, 16-19.

 

SALMO RESPONSORIAL 96,1-2. 5-6. 9

El Señor reina, altísimo por encima de toda la tierra.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono. 

Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. 

Porque Tú, Señor, eres el Altísimo: estás por encima de toda la tierra, mucho más alto que todos los dioses. 

Reflexión: 

El salmo responsorial se une a la Transfiguración proclamando con júbilo que el Señor es el Rey soberano de toda la tierra. Su poesía sagrada describe nubes, densa niebla y fuego que preceden al Altísimo, elementos teofánicos que se materializan físicamente sobre el monte Tabor. Ante la manifestación de su majestad divina, los cielos enuncian su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. Así, el canto litúrgico confirma la divinidad de Jesucristo, quien revela su esplendor ante los apóstoles como el Dios entronizado.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 17, 1-9

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube:

“Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”.

Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”.

Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.

Reflexión: 

El prefacio de la misa de hoy nos ofrece un bello resumen de la Transfiguración de Jesús. Dice así: «Porque Cristo, Señor, habiendo anunciado su muerte a los discípulos, reveló su gloria en la montaña sagrada y, teniendo también la Ley y los profetas como testigos, les hizo comprender que la pasión es necesaria para llegar a la gloria de la resurrección». Una lección que los cristianos no debemos olvidar nunca.

Este texto nos presenta aspectos con una significación importantes: 

  • La subida al monte elevado evoca los encuentros íntimos con Dios, transformando el miedo en confianza al anticipar la gloria pascual. 
  • Cristo se revela en oración como la Luz del mundo y el nuevo Moisés, en perfecta comunión con el Eterno Padre.
  • Moisés y Elías, representantes de la ley y los profetas, aparecen para confortar a Jesús ante su pasión.
  • La nube celestial, símbolo de la presencia divina, proclama a Jesús como la única Palabra viva que se debe escuchar.
  • Finalmente, el deseo de Pedro de quedarse advierte que, tras la emoción del Tabor, es necesario bajar a la vida concreta.

 

Conclusión: 

Las lecturas de esta liturgia responden con precisión a las inquietudes planteadas por el Santo Padre en su Ángelus del 1 de marzo de 2026, ofreciendo una respuesta doctrinal y existencial a través de la Palabra de Dios:

  • Frente a la deshumanización que degrada el cuerpo a mercancía, la palabra divina contesta revelando que la apariencia humana posee un destino eterno e indestructible. Al mostrar que nuestra naturaleza terrenal puede resplandecer con la misma pureza de la luz, Dios confirma que nuestra materia no es una masa anónima, sino el templo sagrado donde habita y se manifiesta su realeza.
  • Los momentos sombríos y el temor a la muerte quedan completamente iluminados al presentarse como un paso necesario hacia la resurrección. La revelación no borra las heridas de la historia humana, sino que las dota de un profundo sentido pascual, ordenando a los testigos levantarse, perder el miedo y caminar con la certeza de que el dolor ya ha sido vencido.
  • El asombro por Dios se transforma en una obediencia activa mediante el mandato divino de escuchar atentamente a su Hijo amado. Ante la majestad, la creación entera se alegra y los testigos caen fascinados, pero para que esa admiración no sea una emoción pasajera, la voz del cielo exige que el amor se traduzca en el seguimiento fiel de la Palabra viva.

Oración Final: 

Señor Jesucristo, que en la santa Transfiguración manifestaste tu gloria ante los apóstoles para fortalecer su fe frente al misterio de la cruz, te pedimos que derrames tu luz sobre nuestra vida y alejes todo temor de nuestros corazones. Concédenos la gracia de escuchar siempre tu Palabra viva, para que, reconociendo tu rostro en cada hermano y valorando la dignidad de nuestra carne renovada en Ti, caminemos con esperanza hacia la alegría definitiva de tu Reino.

Amén.

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Tomado de: 

  • Folleto La Misa de Cada Día.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-08-06
  • https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/08/06.html
  • https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/6-8-2017
  • https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-08-06

Palabra de Vida Mes de Agosto: «Engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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