LITURGIA DE LA PALABRA.
La Liturgia de hoy nos confronta con la grandeza de la misericordia divina, capaz de perdonar y transformar por completo las vidas rotas.
Ante el Amor gratuito de Dios, que no mira nuestras faltas sino la sinceridad del corazón, la respuesta humana se desborda en gestos de profunda gratitud y amor supremo. Esta gracia inmerecida no solo borra el pasado pecaminoso, sino que levanta al caído y lo capacita para ser un testigo vivo de la salvación. Así, justificados por su bondad, proclamamos eternamente que todo lo que somos es obra de su infinito amor.
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 1-11
Hermanos:
Les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que Yo mismo recibí: Cristo murió, por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Cefas y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos, hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto.
Además, se apareció a Santiago y a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto. Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.
Reflexión:
La predicción apostólica de la resurrección aborda de forma ordenada el hecho de que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos una vida nueva. San Pablo nos recuerda que esta buena noticia, que es una confesión de fe articulada, nos salva si la conservamos con fidelidad. Asimismo, destaca que todo es obra de la gracia divina actuando en nosotros, permitiendo que la entrega del Señor se haga vida en nuestras vidas.
Como dijo el Papa León XIV en su reciente viaje a España: “Dios nos ama tal como somos, pero nos sueña mejores”. Confiando en este testimonio fundante, nos unimos a los testigos que vieron al Resucitado para no creer en vano. Así, el perdón se despliega en un camino de conversión que transforma por completo el corazón despistado
SALMO RESPONSORIAL 117, 1-2. 16-1 7. 28
¡Den gracias al Señor, porque es bueno!
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!
La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor.
Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias; Dios mío, yo te glorifico.
Reflexión:
El salmista responde con júbilo a la proclamación de la resurrección, convirtiéndose en el grito victorioso de quien ha sido alcanzado por la gracia. Al exclamar “no he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor”, la comunidad eclesial asume la misma experiencia transformadora que vivió San Pablo.
La muerte ya no tiene la última palabra sobre nuestras vidas, pues el Cristo resucitado nos levanta de nuestras caídas y pecados. Así, nuestra existencia se transforma en un testimonio vivo y alegre que anuncia a los demás el poder salvador de Dios.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 7, 36-50
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de Él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.
Al ver esto, el fariseo que había invitado pensó: “Si este hombre fuera profeta, sabría quiénes la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!” Pero Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. “Di, Maestro”, respondió él. “Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?” Simón contestó: “Pienso que aquel a quien perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados. Por eso demuestra mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco demuestra poco amor”.
Después dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados”. Los invitados pensaron: “¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?” Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.
Reflexión:
Esta escena rompe todos los esquemas al mostrar a una mujer marginada que abandona la prudencia cobarde para postrarse, llorar y ungir los pies de Jesús. Ante el escándalo del fariseo, quien invitó al Maestro para juzgarlo, el Señor responde transformando la mesa en una cátedra de misericordia divina.
Jesús no se fija en los pecados para condenar, sino que permite el contacto y el afecto de un corazón arrepentido que se sabe profundamente amado. Su mirada pura no juzga, sino que ve en esa audacia y en esas lágrimas la claridad meridiana de una conversión auténtica. Así, el huésped divino mueve a los presentes a vivir desde la compasión, demostrando que quien más ama es quien se reconoce perdonado.
Conclusión:
- Primero, en el testimonio de vida, vemos cómo el amor divino abraza a un perseguidor y, lejos de dejarlo en su pasado, lo convierte en un instrumento dinámico, demostrando que los errores de ayer no anulan el sueño que Dios tiene para nosotros hoy.
- Luego, en la alabanza y la acción de gracias, la comunidad responde con fuerza afirmando que, ante la amenaza de la muerte y el fracaso, Dios interviene para darnos vida y ponernos en camino, convirtiendo nuestra historia en un anuncio vivo de sus hazañas.
- Finalmente, en la mesa del banquete, la audacia de un corazón arrepentido rompe todos los prejuicios; allí se hace evidente que Dios nos acepta en nuestra miseria, pero su mirada de misericordia nos impulsa a una conversión tan profunda que desborda en amor y dignidad.
Oración Final.
Padre de infinita bondad, te suplicamos que derrames con fuerza tu Espíritu Santo sobre cada uno de nosotros, para que la potencia de tu amor no se quede solo en palabras, sino que se encarne en nuestras acciones cotidianas.
Concédenos la docilidad necesaria para dejarnos moldear por tu mano creadora, de modo que, reconociendo nuestra propia fragilidad, permitamos que tu fuerza actúe en nuestras debilidades.
Que el peso del pasado no frene nuestro deseo de renovación, y que la certeza de tu perdón nos impulse a caminar con paso firme hacia la santidad que proyectas para nosotros.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor, quien vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
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Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-09-17.
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/09/17
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Palabra de Vida Mes de Setiembre 2026. «La caridad no hace ningún mal al prójimo: por tanto, la plenitud de la Ley es la caridad» (Rm 13, 10). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/