LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz no celebra el instrumento de ejecución, sino el misterio del crucificado.
El origen de esta solemnidad se encuentra en la conmemoración de la recuperación de la reliquia de la cruz en Jerusalén y la dedicación de las basílicas constantinianas. Este símbolo representa la victoria sobre el pecado y la muerte, transformando un signo de tortura en el canal de la salvación.
La liturgia de hoy y la adoración del Viernes Santo se dirigen a Cristo redentor, no al madero vacío. La cruz se convierte así en el emblema máximo de la fe porque representa el amor y la entrega absoluta de Jesús por la humanidad.
Lectura del libro de los Números 21, 4b-9
En aquellos días, el pueblo ese cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin sustancia».
El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
Reflexión:
La serpiente de bronce elevada en el desierto anticipa proféticamente a Jesucristo crucificado. Dios transformó una tragedia en salvación, pues mirar a la serpiente curaba las mordeduras físicas del pueblo judío. De igual modo, mirar hoy a Jesús en la cruz es acoger su acción salvífica y encontrar sentido de trascendencia.
Su sacrificio nos libra de los venenos del mundo que destruyen la razón de nuestro vivir y la vida evangélica. Así, de quien parecía un fracaso absoluto, el Padre hizo al Jefe y Salvador de toda la humanidad.
La Iglesia también propone como posible lectura: Filipenses 2, 6-11.
Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38.
No olvidéis las acciones del Señor.
Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado.
Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios altísimo su redentor.
Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza.
Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor.
Reflexión:
El Salmo, responde a la primera lectura invitándonos con urgencia a no olvidar las acciones del Señor. La reflexión nos confronta con la debilidad del pueblo que, a pesar de sus infidelidades y de buscar a Dios solo en la desgracia, experimenta su infinita misericordia.
El texto sagrado nos recuerda que Dios es nuestra roca y nuestro redentor, siempre dispuesto a perdonar la culpa y reprimir su furor. De este modo, la oración se convierte en un canto de agradecimiento y memoria viva frente al amor fiel que sana nuestra ingratitud humana.
Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».
Reflexión:
El Evangelio nos revela proféticamente que la Cruz de Jesucristo es el verdadero Trono del Salvador. Como explica el Papa Francisco: «No existe un cristianismo sin la Cruz y no existe una Cruz sin Jesucristo. Por esto, un cristiano que no sabe gloriarse en Cristo crucificado no ha entendido lo que significa ser cristiano».
Lejos de ser un signo de cinismo, con el Hijo del Hombre el madero se transforma en el nuevo árbol de la Sabiduría. Al ofrecerse libremente a la pasión, Jesús abre el sentido de nuestra existencia y nos invita a subir con Él. Así, al abrir los brazos y el corazón, participamos de un intercambio admirable que nos regala el Don divino.
Conclusión:
La frase del Papa Francisco nos confronta de forma directa con la autenticidad de nuestra fe. Basándonos en la idea central de las Lecturas de hoy, podemos responder y puntualizar nuestra fe a través de las siguientes acciones:
- Abrazar el sacrificio por amor: Gloriarse en Cristo crucificado significa entender que el dolor humano cobra sentido cuando se transforma en entrega generosa por el prójimo, saliendo de nuestro propio egoísmo.
- Mirar al que sufre para encontrar sanación: Así como la mirada al madero nos libra de los venenos espirituales, nuestra fe se activa al reconocer el rostro de Jesús en los más necesitados, convirtiendo su tragedia en un espacio de salvación.
- Vivir un intercambio admirable: Subir a la cruz con Cristo implica abrir los brazos y el corazón al Don de Dios, lo cual se traduce en un servicio concreto y solidario hacia los vulnerables, despojándonos de comodidades.
- Superar una fe puramente teórica: Una cruz vacía o un cristianismo sin compromiso social es una contradicción; el verdadero cristiano fundamenta su vida en el amor compasivo y la caridad activa, haciendo viva la entrega del redentor.
Oración Final:
Señor Jesús, al contemplar hoy tu Trono de Gloria y Entrega, te suplicamos que derrames sobre nosotros tu auxilio divino. Concédenos la fortaleza para encarnar tu compasión, de modo que nuestras vidas dejen de lado el egoísmo y se vuelvan un reflejo vivo de tu generosidad.
Permítenos descubrir tu presencia en quienes padecen la vulnerabilidad y el abandono, para acudir a ellos con manos prontas y el pecho abierto. Que tu fuerza transforme nuestra fragilidad en un canal de consuelo y cercanía, haciendo que cada una de nuestras obras responda verdaderamente al misterio de tu don Sagrado.
Amén.
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Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Diario Búblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://evangeli.net/evangelio
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Setiembre 2026. «La caridad no hace ningún mal al prójimo: por tanto, la plenitud de la Ley es la caridad» (Rm 13, 10). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/