LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
El domingo nos invita a celebrar la Eucaristía como un acto de fe y esperanza que anticipa la plenitud definitiva del Reino de los cielos. La liturgia de hoy nos revela que la lógica divina rompe por completo con nuestros esquemas de mérito, justicia y recompensa. Al entrelazar los textos sagrados, descubrimos un Dios cuyos caminos y pensamientos superan los nuestros, pues sustituye el cálculo humano por una gratuidad absoluta. Él se manifiesta cercano a todos los que lo invocan, ofreciendo su amor sin importar el momento en que hayamos respondido a su llamado. Esta generosidad infinita nos libera de la exigencia de un salario y nos impulsa a vivir con la alegría de configurarnos plenamente con Cristo. De este modo, la celebración se convierte en un espacio de igualdad y profunda gratitud, donde compartimos el mismo pan como un don inmerecido.
Lectura del libro de Isaías 55, 6-9
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.
Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-.
Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Reflexión:
Este texto, nos presenta en el Deuteroisaías un oráculo de consuelo que invita al pueblo desterrado a emprender un nuevo éxodo de liberación en el que nos exhorta a buscar al Señor con sinceridad y a abandonar de forma definitiva nuestros mezquinos cálculos humanos. La razón principal para buscar su rostro, es confiar en su misericordia infinita la cual no discrimina ni mide a nadie por sus méritos.
Al experimentar su conversión, nuestros pensamientos rastreros se abren por completo a la novedad de un Dios que siempre nos sorprende. Así, descubrimos que los caminos y planes del Señor superan los nuestros para regalarnos una vida nueva en su gracia.
SALMO RESPONSORIAL 144, 2-3. 8-9. 17-18
El Señor está cerca de aquellos que lo invocan.
Día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. ¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza: su grandeza es insondable!
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad.
Reflexión:
Como respuesta a la primera lectura, la Iglesia nos propone este salmo en el que alabamos la grandeza de un Dios clemente, misericordioso y lleno de piedad. A través de sus versos, aclamamos la bondad del Señor, quien es bueno con todos y se compadece con ternura de cada una de sus criaturas. La oración litúrgica nos recuerda que Dios es justo en todos sus caminos y cercano a quienes lo invocan, respondiendo con amor a todo aquel que lo busca con un corazón sincero. Así, nuestra alabanza se une a su infinita generosidad, reconociendo que su gracia es un don gratuito para toda la humanidad.
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 1, 20b-26
Hermanos:
Estoy completamente seguro de que ahora, como siempre, sea que viva, sea que muera, Cristo será glorificado en mi cuerpo. Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia.
Pero si la vida en este cuerpo me permite seguir trabajando fructuosamente, ya no sé qué elegir. Me siento urgido de ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que permanezca en este cuerpo.
Tengo la plena convicción de que me quedaré y permaneceré junto a todos ustedes, para que progresen y se alegren en la fe. De este modo, mi regreso y mi presencia entre ustedes les proporcionarán un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús.
Reflexión:
Desde la prisión y frente a la inminencia de la muerte, san Pablo confidencia a los filipenses la profunda paz que brota de su experiencia de «vivir en Cristo». Para el apóstol, la cercanía del final no es motivo de temor, sino una puerta hacia la vida eterna que nadie le podrá arrebatar. Aunque anhela la unión definitiva con su Señor, acepta quedarse en este mundo impulsado únicamente por el deseo de servir a sus comunidades. Al final, Pablo deja su destino en manos de Dios y exhorta a los creyentes a comportarse siempre como auténticos servidores del Evangelio. Su testimonio nos invita a fundamentar la existencia en Cristo, donde la vida y la muerte adquieren su verdadero sentido.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 19, 30—20, 16
Jesús dijo a sus discípulos: “Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña.
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: “Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo”. Y ellos fueron.
Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: “¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?” Ellos les respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Entonces les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”.
Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros”.
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: “Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada”.
El propietario respondió a uno de ellos: “Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿O no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?”
Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”.
Reflexión:
Resuniendo la inervención del Papa León XIV en la Audiencia del 4 de junio 2025, nos explicaba que incluso cuando parece que podemos hacer poco, esta parábola nos recuerda que Dios ama nuestra vida y siempre le devuelve un sentido. El dueño de la viña rompe los esquemas humanos al pagar un denario a todos, pues no mide el mérito sino la dignidad y necesidad de sustento de cada persona. Aunque los jornaleros de la primera hora se decepcionan por envidia, el gesto revela que el amo no actúa con injusticia, sino con una soberana generosidad. De esta manera, Jesús nos enseña que Dios desea regalar su Reino y la vida eterna de forma plena a toda la humanidad por igual. En lugar de establecer un ranking de esfuerzos, el Señor se dona enteramente a todo aquel que decide abrirle el corazón.
Conclusión:
La monición inicial de la Eucaristía de hoy nos recuerda que el Concilio Vaticano II nos enseña que todo el Pueblo de Dios está llamado a participar de la triple misión mesiánica de Jesucristo: sacerdotes, profetas y reyes.
Para cumplir diariamente con nuestra misión debemos realizar las siguientes acciones concretas en nuestra vida cotidiana:
- Vivir en continua gratitud: Ofrecer nuestras tareas diarias como una ofrenda a Dios, eliminando la mentalidad de exigencia o recompensa y reconociendo cada día como un don inmerecido.
- Servir sin discriminación: Acoger a todas las personas con la misma magnanimidad del Padre, superando los juicios humanos y ayudando a los demás según su necesidad y no por sus méritos.
- Anunciar la esperanza divina: Compartir un mensaje de consuelo y misericordia con quienes se sienten excluidos o desanimados, recordándoles que para Dios siempre es a tiempo y que su amor rescata cualquier existencia.
- Gobernar desde el servicio humilde: Ejercer nuestro liderazgo y responsabilidades diarias mediante la entrega generosa al prójimo, dejando el desenlace de nuestros proyectos confiadamente en las manos de Dios.
- Configurar las decisiones con Cristo: Mantener la fidelidad al Evangelio incluso en los momentos de prueba o persecución, buscando en cada acción que Jesús sea el verdadero y único sentido de nuestra vida.
Oración Final:
Señor y Dios nuestro, te suplicamos que derrames tu Espíritu sobre nosotros para que logremos encarnar en lo cotidiano las enseñanzas que hoy han confrontado nuestro corazón.
Concédenos la gracia de transformar nuestra existencia en un canto de alabanza perpetua, donde la entrega desinteresada guíe cada una de nuestras interacciones familiares y laborales. Danos la valentía para ser portavoces de tu bondad en medio de los ambientes más difíciles, llevando consuelo a quienes sufren y promoviendo la equidad en un mundo herido por el egoísmo.
Que caminemos firmes en el seguimiento de tu Hijo, permitiendo que su mentalidad dirija nuestros pasos hasta el encuentro definitivo contigo.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-09-20
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/09/20.html
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Palabra de Vida Mes de Setiembre 2026. «La caridad no hace ningún mal al prójimo: por tanto, la plenitud de la Ley es la caridad» (Rm 13, 10). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/