LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La Liturgia de hoy en que Celebramos la Memoria de Marta, María y Lázaro, nos invita a confiar firmemente en el Señor. En medio del dolor humano y de las pruebas de la vida, Dios se manifiesta como nuestra fuerza y refugio verdadero. Su palabra alimenta el corazón y nos asegura que la fe en Cristo vence a la muerte.
Lectura del Profeta Jeremías 15: 10, 16-21 10
¡Ay de mí, madre mía! ¿Por qué me has dado a luz un hombre de contienda, un hombre de disputa para toda la tierra? Yo no he prestado con usura, ni nadie me ha prestado con usura; sin embargo, todos me maldicen. Hallé tus palabras, y las comí, y tu palabra fue para mí gozo y alegría de mi corazón; porque tu nombre es invocado sobre mí, oh Señor Dios de los ejércitos. No me senté en la asamblea de bufones, ni me jacté de la presencia de tu mano; me senté solo, porque me has llenado de amenazas. ¿Por qué se ha vuelto perpetuo mi dolor, y mi herida tan desesperada que se niega a sanar? Se ha convertido para mí en la falsedad de aguas engañosas en las que no se puede confiar. Por tanto, así dice el Señor: Si te conviertes, yo te convertiré, y estarás delante de mi rostro; y si separas lo precioso de lo vil, serás como mi boca: ellos se volverán a ti, y tú no te volverás a ellos. Y te haré para este pueblo como un muro fuerte de bronce; y pelearán contra ti, pero no prevalecerán; porque yo estoy contigo para salvarte y librarte -oráculo del Señor. Y yo te libraré de la mano de los impíos, y te redimiré de la mano de los poderosos.
Reflexión:
La primera lectura nos muestra el desahogo de Jeremías ante la dureza de su misión y su posterior renovación en la fe. Esta experiencia se conecta con la memoria de Marta, María y Lázaro, quienes también vivieron el sufrimiento y la pérdida. Dios no nos abandona en el dolor, sino que nos pide disponibilidad total para transformar la crisis en una entrega fiel. Al igual que a los santos de Betania, el Señor nos purifica en la prueba y nos devuelve la esperanza.
Salmo 58, 2-3. 4. 10-11. 17. 18
Dios es mi refugio en el peligro.
Dios mío, líbrame de mis enemigos, protégeme de mis agresores; líbrame de los que hacen injusticias, sálvame de los hombres sanguinarios.
Mira cómo se conjuran contra mí los poderosos y esperan el momento de matarme. Sin embargo, Señor, en mí no hay crimen ni pecado; sin culpa mía, avanzan contra mí para atacarme.
En ti, Señor, tendré fijos los ojos, porque tú eres mi fuerza y mi refugio. El Dios de mi amor vendrá en mi ayuda y me hará ver la derrota de mis enemigos.
Yo celebraré tu poder y desde la mañana me alegraré por tu bondad, porque has sido mi defensa y mi refugio en el día de la tribulación.
Reflexión:
Esta confianza en Dios como refugio, que hemos proclamado con el Salmista, se conecta con Marta, María y Lázaro en Betania. Ante el dolor de la enfermedad y la muerte, ellas fijaron sus ojos en el Señor. En medio de la crisis, experimentaron que el amor de Jesús sale al encuentro para dar vida. Su hogar nos enseña que la fe transforma el peligro y el luto en esperanza.
Evangelio según san Juan 11, 19-27.
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano Lázaro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”.
Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.
Reflexión:
El Evangelio nos sitúa en Betania ante el dolor de Marta, quien cuestiona a Jesús por su tardanza frente a la muerte de Lázaro. Él no ofrece explicaciones teóricas, sino que se revela a sí mismo como la Resurrección y la Vida en el presente. Esta verdad nos invita a creer en una Persona que actúa hoy en nuestras heridas y sepulcros cotidianos.
Siguiendo la reflexión del Papa León XIV: “La muerte no es un final, dijo, sino un paso hacia la vida eterna en el amor de Dios”, confirmamos que la muerte no es un final, sino un paso hacia la vida eterna en el amor de Dios. La última palabra no la tiene el luto, sino Cristo, quien transforma el sufrimiento en una esperanza activa y nos asegura que la unión con Él vence todo desenlace definitivo.
Conclusión:
Esta celebración nos ubica frente a una centralidad de la fe y de la esperanza, fundamentada en la amistad y el afecto mutuo entre Jesús, Marta, María y Lázaro, llevándonos a preguntarnos si Jesús es verdaderamente el amigo por excelencia en nuestra vida. Para responder positivamente a este interrogante, debo realizar las siguientes acciones concretas:
- Desahogar mi corazón con total honestidad ante Él durante mis crisis y desánimos.
- Mantener una disponibilidad absoluta para dejarme purificar por Su amor y renovar mi fe.
- Fijar mi mirada en Cristo de manera constante en medio de los peligros cotidianos.
- Reconocerlo como mi refugio seguro y confiar en que Su fidelidad saldrá a mi encuentro.
- Acoger hoy mismo a Jesús en mi vida, especialmente en mis heridas profundas y sepulcros abiertos.
- Vivir una fe activa y presente, en lugar de conformarme con una fe teórica o futura.
Oración Final:
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-11/
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://www.mercaba.org/LECTIO/TO/PAR/semana_17_miercoles.htm
Palabra de Vida Mes de Julio: «Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto» (Mt 13, https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/