Aprendamos a ser administradores de los bienes que el Señor ha puesto en nuestras manos.
Especialmente velemos por la inocencia de los niños y al igual que ellos, cultivemos cada día más el alma de niños que El insufló en nosotros.

Aprendamos a ser administradores de los bienes que el Señor ha puesto en nuestras manos.
Especialmente velemos por la inocencia de los niños y al igual que ellos, cultivemos cada día más el alma de niños que El insufló en nosotros.
Que la Palabra haga mención de realidades como la amistad o la pareja, significa que Dios tiene algo que decirnos siempre, que Dios es más interior a nosotros que nosotros mismos, que nuestras vidas deben estar siempre al abrigo de la mirada de Dios.
Es un llamamiento no sólo a la fe, sino a lo más esencial del cristianismo: el amor y la bondad. Es tan importante el proporcionarnos una paz mutua como el seguimiento de Jesús. Es un llamado a la coherencia.
La sabiduría nos capacita, si la aceptamos, para ser semilla que dará fruto abundante, pero si no la aceptamos nos abandonara y nuestro fruto será inservible. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor.
No busquemos lo que nos divide, sino lo que nos une. Y viviendo la confianza en el Señor, vivamos con la esperanza y la alegría que nos enseñan los niños. Recordemos el Amor de Dios es el punto de partida para que mi vida sea realmente vida.
Guiados por la sabiduría que viene de arriba, todo hombre y mujer de buena voluntad, puede pedir fe y afrontar las dificultades cotidianas con un adecuado discernimiento. Abramos nuestro corazón y démosle el control de nuestra vida al que tiene eternamente la sabiduría.
Dice el Papa Francisco, …quisiera redescubrir junto a vosotros la belleza que se esconde en la celebración eucarística, y que, una vez desvelada, da pleno sentido a la vida de cada uno.”
La esperanza que nos da la fe, complemento de la oración profunda nos lleva a experimentar en profunda oración, como el Señor se transfigura: su rostro y toda su persona irradian una luz resplandeciente. Esto lo vivimos ante el Santísimo.
La primera lectura nos presenta exhortación a la humildad, a la aceptación de los servicios que nos solicita la comunidad y nos invita a ser generosos, a ser serviciales con alegría y a ser modelo.
Y el evangelio nos invita a como Pedro lleno de la gracia declarar al Señor como Mesias, el Hijo de Dios vivo.