La liturgia de hoy no invita a reflexionar sobre el problema de la incredulidad y la inmovilidad del cristiano, problema que no pertenece al área de la mente. Es un problema de la voluntad y el corazón.
Pascua es también, abrir tu corazón con asombro al anuncio y acoger con Misericordia a aquel que atraviesa una hora oscura, un día que aún no ha amanecido, una luz sepultada, un sueño destrozado, o si es tu caso, sentir que ese hermano que está a tu lado, es Jesús Resucitado.
La liturgia nos invita a vencer las actitudes que nos convierten en “cristianos murciélago”, vencer el miedo, abrir nuestro entendimiento y vivir la alegría del Resucitado. Esto también es Pascua!
En el Camino a Galilea hoy encontramos que fe no es un repertorio del pasado, Jesús no es un personaje obsoleto. Él está vivo, aquí y ahora. Camina contigo cada día, en la situación que te toca vivir,
La liturgia de hoy nos invita a reflexionar sobre la lisió espiritual, sobre el desánimo que podremos cargar y la terapia de esperanza que el Señor nos ofrece.
La liturgia de hoy nos motiva a salir de la oscuridad y ver la luz de la esperanza en las promesas de Dios que son válidas para nosotros aunque estemos alejados de Él.