LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La Liturgia de hoy, nos convoca a una profunda purificación interior, instándonos a desterrar toda maldad e hipocresía para transformarnos en personas completamente renovadas en la verdad.
Dios rechaza el rigorismo legalista y la malicia, recordándonos que el amor y la compasión deben guiar nuestras acciones para restaurar al prójimo por encima de cualquier norma vacía.
Al refugiarnos en su justicia, elegimos siempre el bien y vivimos en auténtica rectitud.
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 5, 1-8
Hermanos:
Es cosa pública que se cometen entre ustedes actos deshonestos, como no se encuentran ni siquiera entre los paganos, ¡a tal extremo que uno convive con la mujer de su padre! ¡Y todavía se enorgullecen, en lugar de estar de duelo para que se expulse al que cometió esa acción!
En lo que a mí respecta, estando ausente con el cuerpo pero presente con el espíritu, ya lo he juzgado, como si yo mismo estuviera allí. Es necesario que ustedes y yo nos reunamos espiritualmente, en el nombre y con el poder de nuestro Señor Jesús, para que este hombre sea entregado a Satanás: así se perderá su carne, pero se salvará su espíritu en el Día del Señor.
¡No es como para gloriarse! ¿No saben que “un poco de levadura hace fermentar toda la masa”? Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad.
Reflexión:
Este textonos confronta con la urgente necesidad de vigilar la salud moral y espiritual de nuestras comunidades de fe. San Pablo nos advierte con firmeza que tolerar conductas destructivas o desórdenes morales contamina la convivencia y debilita el testimonio colectivo. Al igual que un poco de levadura fermenta toda la masa, la indiferencia ante el pecado permite que la malicia y la perversidad se propaguen rápidamente. Por ello, estamos llamados a actuar con valentía y rectitud para preservar la integridad del grupo, sanando los entornos comunes. Solo desterrando lo viejo y viviendo en la verdad podremos transformarnos en una masa nueva, purificada y agradable a Dios.
SALMO RESPONSORIAL 5, 5-7. 12
¡Guíame, por tu justicia, Señor!
Tú no eres un Dios que ama la maldad; ningún impío será tu huésped, ni los orgullosos podrán resistir delante de tu mirada.
Tú detestas a los que hacen el mal y destruyes a los mentirosos. ¡Al hombre sanguinario y traicionero lo abomina el Señor!
Así se alegrarán los que en ti se refugian y siempre cantarán jubilosos; Tú proteges a los que aman tu Nombre, y ellos se llenarán de gozo.
Reflexión:
La reflexión del salmo nos invita a reconocer la santidad de Dios, quien rechaza categóricamente la maldad, el engaño y la arrogancia. En perfecta sintonía con la advertencia paulina de purificar la comunidad, el salmista nos recuerda que el mal no puede ser huésped en la presencia divina ni convivir con su justicia.
Ante el peligro de contaminarnos, esta oración se convierte en una súplica confiada para que el Señor guíe nuestros pasos por su camino santo, apartándonos de la perversidad.
Así, al refugiarnos bajo sus alas, la Iglesia encuentra la fuerza necesaria para defender la verdad y experimentar la verdadera alegría que brota de la rectitud.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 6-11
Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si sanaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: “Levántate y quédate de pie delante de todos”. Él se levantó y permaneció de pie.
Luego les dijo: “Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?” Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Él la extendió y su mano quedó sana. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.
Reflexión:
El pasaje evangélico nos revela que la santidad de Dios es inseparable de la misericordia, desafiando cualquier legalismo que aleje al ser humano de su creador. Jesús confronta la hipocresía religiosa al colocar al enfermo en el centro, visibilizando su dolor y devolviéndole la dignidad que las normas rígidas le negaban. Al sanar en sábado, Cristo demuestra con autoridad que hacer el bien y salvar vidas es el verdadero sentido del día consagrado al Padre.
Esta acción confronta el silencio cómplice de quienes valoraban más sus posesiones materiales que la restauración de un hermano que estaba sufriendo. Así, el milagro se convierte en un signo de amor que nos urge a priorizar siempre la compasión sobre la ley.
Conclusión:
El Papa Francisco nos recuerda que cuando Jesús no es el centro de nuestra fe, la religión se convierte en un legalismo rígido que paraliza al ser humano, cargándolo con mandamientos vacíos en lugar de liberarlo con amor y misericordia.
Para no vivir frenados por estas ataduras, las enseñanzas litúrgicas nos impulsan a actuar desde la autenticidad:
- Purificación comunitaria: Nos ayuda a avanzar con libertad al desterrar con valentía la hipocresía y la malicia que corrompen nuestras relaciones, permitiéndonos caminar como una comunidad renovada, transparente y coherente.
- Justicia y rectitud divina: Nos libera del temor y del estancamiento espiritual al recordarnos que Dios rechaza la arrogancia; buscar su santidad nos da la fuerza para refugiarnos en el bien y actuar con verdadera rectitud de corazón.
- Prioridad de la compasión: Nos desborda el freno del legalismo estéril al colocarnos ante un Cristo que pone al sufriente en el centro; esta mirada nos impulsa a arriesgarnos por el prójimo, entendiendo que la ley solo se cumple plenamente a través de la misericordia viva.
Oración Final:
Palabra de Vida Mes de Setiembre 2026. «La caridad no hace ningún mal al prójimo: por tanto, la plenitud de la Ley es la caridad» (Rm 13, 10). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/