LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La liturgia de hoy nos invita a asumir la responsabilidad mutua frente a las tensiones y ofensas dentro de la comunidad. En lugar de la indiferencia o el aislamiento que promueve la cultura actual, el Señor propone la corrección fraterna practicada con humildad y sencillez.
Esta actitud transforma nuestros vínculos, recordándonos que el amor al prójimo es el cumplimiento pleno de toda exigencia comunitaria. Al reconciliarnos, la celebración se convierte en una verdadera escuela de paz que sana el tejido social y hace presente a Dios en medio de nosotros.
Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9
Así habla el Señor:
Hijo de hombre, Yo te he puesto como centinela de la casa de Israel: cuando oigas una palabra de mi boca, tú les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: “Vas a morir”, si tú no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Si tú, en cambio, adviertes al malvado para que se convierta de su mala conducta, y él no se convierte, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.
Reflexión:
La primera lectura nos presenta al profeta Ezequiel como un centinela llamado a despertar la responsabilidad personal y social en medio de la crisis comunitaria. Su misión no se limita al pueblo en general, sino que interpela a cada individuo según sus propias acciones y decisiones. Para cumplir con esta delicada tarea, el enviado debe mantener una sintonía asidua y cercana con la voluntad de Dios, dejándose guiar por su palabra. Así, el profeta interpreta con sinceridad los signos de los tiempos, recordándonos que somos guardianes del bienestar espiritual de nuestros hermanos.
SALMO RESPONSORIAL 94, 1-2. 6-9
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor.
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor!
¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su mano.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: “No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras”.
Reflexión:
El Salmo funciona como el puente oracional idóneo que conecta la advertencia profética del centinela con la llamada apostólica al amor mutuo.Nos exhorta a través de su Antífona, a la docilidad interior indispensable para acoger el plan divino. Nos invita a entrar con júbilo y gratitud ante la Roca que nos salva, reconociéndonos como el rebaño que Él guía con ternura. Al mismo tiempo, advierte con firmeza sobre el peligro de la obstinación en el desierto, recordándonos que la fe exige una escucha atenta y sincera.
De este modo, ablanda el terreno del alma para que podamos recibir el mandamiento supremo de la caridad que san Pablo proclamará a continuación.
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 13, 8-10
Hermanos:
Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la ley. Porque los mandamientos: “No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás”, y cualquier otro, se resumen en éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.
Reflexión:
La segunda lectura nos sitúa ante la exhortación paulina que define al amor como la quintaesencia de toda la moral y el cumplimiento pleno de la ley.
San Pablo nos recuerda que la gracia salvadora de Dios se traduce en una praxis donde el prójimo abarca a toda la humanidad, integrando incluso a los enemigos.
Esta norma de vida entrelaza nuestros deberes de justicia con la obediencia a la autoridad legítima como reflejo del orden divino. Así, el amor auténtico no causa daño a nadie, sino que disuelve el egoísmo y sintetiza todos los mandamientos en un solo compromiso solidario.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18, 15-20
Jesús dijo a sus discípulos:
Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos.
Reflexión:
El Papa Benedicto XVI explicaba que la corrección fraterna no es una reacción al agravio, sino un servicio de amor que requiere humildad, sencillez y una pedagogía gradual que va desde el diálogo personal hasta el discernimiento comunitario. Del mismo modo, el pontífice destaca que la oración en común es un fruto maduro de la caridad, donde la comunidad refleja la perfecta comunión de la Trinidad.
Así, el Señor asegura su presencia visible e íntima en aquellos que se reúnen unánimes en su nombre, impulsándonos a ejercitar tanto la enmienda mutua como la oración constante. De este modo, la Iglesia se consolida como un cuerpo verdaderamente unido en Cristo y sostenido por el amor.
Conclusión:
- Superación del individualismo: Nos impulsa a abandonar el aislamiento y la superficialidad del consumo afectivo, asumiendo que las acciones de cada uno repercuten de manera directa en el tejido social y eclesial.
- Pedagogía del diálogo y el perdón: Nos enseña a resolver los conflictos mediante una corrección fraterna gradual, caracterizada por la sencillez para advertir el error y la docilidad de corazón para dejarnos corregir.
- Cumplimiento pleno de la justicia: Establece que el amor al prójimo —sin exclusiones ni fronteras— es la síntesis de todo compromiso y el criterio supremo para obedecer las leyes y construir la paz.
Finalmente, se nos asegura que cuando la comunidad se ejercita en este camino de reconciliación, su oración unánime activa la presencia real de Cristo. Así, el perdón mutuo purifica nuestras relaciones y convierte la asamblea en un reflejo vivo de la comunión divina, capaz de sanar las tensiones y dar testimonio en tiempos difíciles.
Oración Final:
Señor Dios de la comunión, te pedimos que sintonices nuestro espíritu con tu voz para que sepamos cuidarnos mutuamente con delicadeza y valentía.
Concédenos la docilidad necesaria para acoger las advertencias de nuestros semejantes y la sabiduría para orientar a quienes tropiezan, desterrando el orgullo que nos aísla y la hipocresía que nos hace callar por comodidad. Que tu caridad suprema sea la única norma que dirija nuestras acciones cotidianas, enseñándonos a valorar a cada individuo como un sagrado reflejo de tu presencia.
Ensancha las fronteras de nuestro afecto para derribar las barreras del egoísmo, de modo que, al reunirnos a suplicar tu auxilio con un mismo sentir, habites verdaderamente en medio de nosotros.
Amén.
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Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-09-06.
- https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/09/06.html
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Setiembre 2026. «La caridad no hace ningún mal al prójimo: por tanto, la plenitud de la Ley es la caridad» (Rm 13, 10). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/