Hoy al meditar en la conversión de Saulo, vamos a encontrar algunas enseñanzas para nuestra vida que nos llevarán, una vez más a alabar al Señor porque su Amor es grande y su Fidelidad dura por siempre.
La experiencia espiritual, sea de fe, esperanza o amor, no es nada que podamos fabricar; solo podemos recibirla. Dios ve el corazón y en san José reconoció un corazón de padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano. Las vocaciones tienden a esto: a generar y regenerar la vida cada día.
La liturgia de hoy, nos lleva a meditar en las muchas oportunidades de hablar de Jesús, de nuestra experiencia espiritual, de lo diferente que es la vida en Cristo, sobre todo cuando hemos participado de la Eucaristia y nos hemos alimentado con el Pan de Vida.
La liturgia de hoy nos lleva a meditar en la Obra de Dios en toda circunstancia en nosotros creyentes en Jesús, e invitarnos a que caminamos en medio de cualquier situación a confiar en El.
La liturgia de hoy nos hace meditar en aquellos que se creen en posesión de la verdad absoluta, esos duros de cerviz y en contraposición, en la Cristo que quiere comunicarnos su vida divina y nos transforma en Èl.
Mi paz os doy, no os la doy como la da el mundo”, contienen una promesa; pero también nos invitan a tomar una decisión: aceptamos la paz que Él ofrece, o le damos la espalda y elegimos al mundo.
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La liturgia de hoy nos confronta con algunas actitudes a las que debemos estar atentos. Debemos para ello, buscar a Dios para hallarlo, y hallarlo para buscarle siempre. Es la experiencia de los grandes Padres de la fe.