LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La Liturgia de hoy nos invita a acoger con fe el don del Espíritu Santo, reconociendo que la salvación no se obtiene por méritos humanos, sino por la gracia divina que cumple sus promesas de redención.
Dios nos ha manifestado su infinita misericordia al levantarnos un Salvador, liberándonos del temor para servirle con santidad. Por eso, se nos anima a perseverar en una oración confiada, insistente y audaz, con la certeza de que el Padre celestial jamás nos negará los bienes eternos. Al abrir el corazón a su amor gratuito, recibimos la fuerza divina que transforma nuestra vida y nos guía por el camino de la paz.
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia 3, 1-5.
Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado? Una sola cosa quiero saber: ¿ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley o por haber creído en la predicación? ¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne? ¿Habrá sido en vano que recibieron tantos favores?
¡Ojalá no haya sido en vano! Aquél que les prodiga el Espíritu y está obrando milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la Ley o porque han creído en la predicación?
Reflexión.
La fe cristiana no se sostiene con fuerzas humanas ni con el cumplimiento de normas externas, sino con la memoria viva de los abrazos que Dios nos da a través del Espíritu. San Pablo confronta con energía nuestro legalismo y nos recuerda que la gracia, recibida por la escucha de la fe, es la que verdaderamente transforma y da vida a la comunidad. El bautismo, la confirmación y la reconciliación son signos concretos de una presencia divina que sale a nuestro encuentro para sostenernos continuamente. Por tanto, caer en una religiosidad ritualista y olvidar la acción de Dios es vaciar de fuerza interior nuestra experiencia espiritual. El Espíritu, que comenzó la obra en nosotros de manera gratuita, es el único que puede llevarla a su plenitud.
SALMO RESPONSORIAL Lc 1, 69-75
¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel!
Nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor, como lo había anunciado mucho tiempo antes por boca de sus santos profetas.
Para salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odian. Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa Alianza.
Se acordó del juramento que hizo a nuestro padre Abraham de concedernos que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada, durante toda nuestra vida.
Reflexión:
La fe que Pablo defendía en el texto anterior, encuentra su eco perfecto en este canto de redención y profunda confianza de san Lucas que la Iglesia nos propone como salmo, en el que el evangelista nos invita a proclamar con gratitud la fidelidad de Dios, quien ha cumplido su promesa de levantarnos un Salvador en la casa de David. Este auxilio divino nos libera del temor y del poder de nuestros enemigos, no por méritos propios, sino por su Santa Alianza y su infinita Misericordia. Al recordar los abrazos de su Amor en nuestra historia, el Señor nos capacita para servirle con santidad y justicia todos los días de nuestra vida. De este modo, la alabanza se convierte en la memoria viva de una Gracia que sale a nuestro encuentro, transformando nuestra existencia.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 5-13
Jesús dijo a sus discípulos:
Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.
Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!
Reflexión:
El Papa Francisco nos explicaba que, ante la necesidad, Jesús nos invita a no resignarnos, sino a dirigirnos al Padre con absoluta confianza por nuestras necesidades cotidianas.
Esta catequesis sobre la oración exige constancia y perseverancia, orando sin desanimarnos jamás aunque la respuesta parezca tardar. Al superar infinitamente la paternidad humana, Dios no actúa por obligación, sino por un amor providente que anhela siempre nuestro bien real. Jesús nos advierte contra una visión utilitaria del rezar, exhortándonos a pedir, por encima de los bienes materiales, el don supremo del Espíritu Santo. Así, cada súplica constante ensancha el corazón, liberándonos del egoísmo y transformando nuestra existencia para recibir la vida nueva que se nos ofrece gratuitamente.
Conclusión:
- Hacer memoria agradecida: Recordar diariamente los momentos donde Dios nos ha manifestado su amor y sus promesas, renovando la fuerza interior de los sacramentos recibidos.
- Desterrar el legalismo: Priorizar una relación viva y sincera con Dios por encima de los ritos externos vacíos o el cumplimiento de normas por mera obligación.
- Orar con audacia y constancia: Acudir al Padre con total confianza ante cualquier necesidad cotidiana, perseverando en la súplica sin caer en el desánimo o la resignación.
- Pedir los dones esenciales: Superar una visión utilitaria de la oración, suplicando principalmente el don del Espíritu Santo para transformar nuestras actitudes desde el amor y la justicia.
- Vivir en clave de gratuidad: Reconocer que la salvación y las bendiciones son un regalo divino, lo que nos capacita para servir al prójimo sin temor y con un corazón generoso.
Oración Final:
Padre Misericordioso, concédenos la asistencia de tu Amor para abrazar con sinceridad esta conversión que hoy ponemos en tus manos.
Infunde en nuestras almas la firmeza necesaria para caminar bajo tu guía, superando la tentación de valernos de nuestras propias capacidades o de caer en la rutina y el desánimo.
Que tu auxilio constante sostenga cada decisión que tomemos, de modo que nuestras acciones cotidianas reflejen una entrega auténtica, dócil y llena de esperanza.
Permítenos avanzar con rectitud, alegría y entrega generosa, sabiendo que tú caminas a nuestro lado y fecundas cada uno de nuestros esfuerzos.
Amén.
_________________________________________________________________________________________________________________Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-10-08
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-10-08
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Setiembre 2026. «No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto» (Ex 22, 20) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/