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Liturgia del 28 de abril 2026. Testigos del Espíritu: Coherencia y Misión

Posted on abril 28, 2026abril 27, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA

Introducción:

Hoy la liturgia nos convoca a renovar nuestro compromiso como Iglesia misionera. La Palabra nos invita a pasar de la teoría a la entrega, recordándonos que ser seguidores de Jesús resucitado implica construir comunidades donde nadie se sienta solo ni desamparado. Como pueblo de Dios, estamos llamados a ser ese ‘buen pastor’ para los demás, sanando heridas con la caridad y anunciando con audacia que el Reino ya está entre nosotros.

Que en esta meditación nos dejemos transformar por el Espíritu, para que nuestra fe no se quede en palabras, sino que se convierta en un testimonio valiente de esperanza para un mundo que tiene sed de Dios.

PRIMERA LECTURA de los Hechos de los Apóstoles 11, 19-26

Los que se habían dispersado durante la persecución que se desató a causa de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaban la Palabra únicamente a los judíos. Sin embargo, había entre ellos algunos hombres originarios de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, también anunciaron a los paganos la Buena Noticia del Señor Jesús. La mano del Señor los acompañaba y muchos creyeron y se convirtieron.

Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud adhirió al Señor. 

Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de “cristianos”.

Reflexión:

Al escuchar este pasaje, contemplamos el momento en que el Evangelio, impulsado por la persecución pero guiado por la Providencia, desborda sus fronteras originales. En Antioquía sucede algo revolucionario: la Buena Nueva ya no es solo para unos pocos, sino que se convierte en un abrazo universal.
Es allí donde, por primera vez, se nos reconoce como cristianos. Este nombre no nació de un documento oficial, sino del asombro de quienes veían a los discípulos vivir de una manera nueva, ‘impregnados’ de Jesús. Ello nos enseña que nuestra identidad no es una etiqueta estática, sino la coherencia con una misión dinámica: permitir que la ‘mano del Señor’ actúe a través de nuestra sencillez para llevar esperanza a una humanidad que tiene sed de una salvación integral.
 

SALMO RESPONSORIAL 86, 1-7

¡Alaben al Señor, todas las naciones!

¡Ésta es la ciudad que fundó el Señor sobre las santas Montañas! Él ama las puertas de Sión más que a todas las moradas de Jacob. Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios. 

“Contaré a Egipto y a Babilonia entre aquéllos que me conocen; filisteos, tirios y etíopes han nacido en ella”. Así se hablará de Sión: “Éste, y también aquél, han nacido en ella, y el Altísimo en persona la ha fundado”. 

Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá: “Éste ha nacido en ella”. Y todos cantarán, mientras danzan: “Todas mis fuentes de vida están en ti”. 

Reflexión:

Este salmo es el eco profético de lo que vivimos en los Hechos de los Apóstoles. Mientras en Antioquía los discípulos comenzaban a llamar ‘hermanos’ a quienes venían de otras culturas, este Salmo ya nos anunciaba una verdad gloriosa: el Señor ama las puertas de Sión porque en ella todos los pueblos encuentran su hogar.

Al cantar ‘Alabad al Señor, todas las naciones’, reconocemos que para Dios no hay extranjeros. Él mismo toma nota de los pueblos y dice: ‘Este ha nacido allí’. Esa es nuestra alegría como católicos: que nuestra partida de nacimiento espiritual está en el corazón de Dios.
Esta alabanza nos compromete a mirar a cada persona, sin importar su origen o condición, como un conciudadano del cielo. Alabar al Señor con todas las naciones es, en definitiva, derribar los muros de nuestro egoísmo para que el mundo entero vea en nuestra unidad el rostro vivo de Cristo.

 

EVANGELIO según san Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. 

Los judíos lo rodearon y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente”. Jesús les respondió: 

“Ya se los dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas.

Mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y Yo somos una sola cosa”.

Reflexión:

Hay momentos en los que nos sentimos como los personajes de este pasaje del Evangelio, rodeados de dudas y pidiendo a gritos una señal clara para saber qué camino tomar. En el Evangelio de hoy la gente rodea a Jesús y le exige que ya no los tenga en suspenso, que les diga de una vez si Él es el Mesías. 

Pero Jesús les da una respuesta que nos sirve de lección para hoy. El problema no es que Él no lo haya dicho, sino que nosotros no siempre sabemos escuchar. Debemos recordar que la fe, como hemos oído anteriormente, no se trata de acumular pruebas lógicas, sino de tener sintonía.

Jesús dice: ‘mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen’. Lo que Jesús nos pide es una relación de cercanía que nos permita reconocerle. Afirmaba el Papa Francisco: “La imagen del pastor y de las ovejas indica la estrecha relación que Jesús quiere establecer con cada uno de nosotros. Él es nuestra guía, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestro modelo, pero sobre todo es nuestro salvador. De hecho, la frase sucesiva del pasaje evangélico afirma: «Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano» (v. 28). ¿Quién puede hablar así? Solamente Jesús, porque la «mano» de Jesús es una sola cosa con la «mano» del Padre, y el Padre es «más grande que todos»

Conclusión: 

Esta reflexión nos invita a ser Testigos del Espíritu a través de una Coherencia de vida que hable más fuerte que nuestras palabras. Ser cristiano no es una etiqueta, sino el resultado de vivir tan conectados a Jesús que su amor se nos note en el trato diario, convirtiendo nuestra sencillez en un canal para que la “mano del Señor” actúe. Esta misión nos pide derribar los muros del egoísmo y entender que, para Dios, no existen extranjeros; todos compartimos el mismo hogar espiritual. Por eso, más que pedir señales externas, el Espíritu nos llama a sintonizar el corazón para reconocer la voz del Buen Pastor en lo cotidiano.
Al vivir con esta cercanía, transformamos cada dificultad en una oportunidad para llevar esperanza, caminando con la seguridad de que nada puede arrebatarnos de las manos del Padre.

Oración para el Tiempo de Pascua

Señor Jesús Resucitado, Tú que venciste a la muerte y nos llenas de esperanza, renueva en nosotros la alegría de tu presencia viva.

Danos un corazón abierto para reconocer Tu Luz en cada hermano y hermana, en medio de nuestras comunidades y en el caminar de la historia.

Que la fuerza de Tu Resurrección nos impulse a llevar Tu Paz y Tu Amor a todos los rincones del mundo, siendo testigos valientes de Tu Evangelio. Amén. 

Tomado de: 

  • Folleto La Misa de Cada Día.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-04-28
  • Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos
  • Libro Busco Tu Rostro, autor Carlos G Vallés
  • https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/04/28.html
  • https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
 
 
 

Palabra de Vida Mes de Abril: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” (Lucas 24, 29) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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