LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La liturgia de hoy nos invita a contemplar la memoria de santa Mónica, entregada muy joven en matrimonio a Patricio y madre de san Agustín. Ella transformó sus lágrimas y oraciones en un testimonio vivo de espera vigilante y confianza absoluta en la misericordia y gracia del Señor. Guiada por este anhelo de eternidad, ella abandonó este mundo en Ostia Tiberina, partiendo al encuentro definitivo de la gloria celestial. por eso, las lecturas nos exhortan a mantenernos despiertos y preparados, reconociendo con fidelidad y un corazón dispuesto la venida de quien nos sostiene y alabamos la grandeza y bondad divina que bendice cada uno de nuestros días, caminando firmes en la fe sin desfallecer en medio de las pruebas.
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 1-9
Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el Nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
No dejo de dar gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia que Él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en Él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y Él los llamó a vivir en comunióncon su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
Reflexión:
La primera lectura, nos recuerda que Dios es fiel al llamarnos a vivir en íntima comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. San Pablo agradece esta vocación y llama santos a los creyentes porque han invocado y creído en la verdad de la Buena Noticia. Sin embargo, los problemas surgen cuando la comunidad no comprende las profundas implicaciones de esta relación personal con Jesús. Por eso, las riquezas, palabras y conocimiento con que Dios adorna a la iglesia son herramientas para dar testimonio del Salvador. La misión fundamental de los cristianos es transformar la sociedad desde la fe, haciéndola un lugar más justo, habitable y pacífico.
SALMO RESPONSORIAL 144, 2-7
¡Te alabamos, Señor, y bendecimos tu Nombre!
Señor, día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. ¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza: su grandeza es insondable!
Cada generación celebra tus acciones y le anuncia a las otras tus portentos: ellas hablan del esplendor de tu gloria, y yo también cantaré tus maravillas.
Ellas publican tus tremendos prodigios y narran tus grandes proezas; divulgan el recuerdo de tu inmensa bondad y cantan alegres por tu victoria.
Reflexión:
Frente al fiel llamado de Dios, respondemos con el salmista proclamando día tras día su incalculable grandeza en nuestra propia historia.
Esta alabanza constante se convierte en el motor para cumplir la misión de transformar el mundo, aun en medio de entornos difíciles. Aunque las pruebas intenten ahogar la alegría, el creyente no permite que las dificultades apaguen el fuego vivo del amor divino.
Hacer memoria de Jesucristo nos impulsa a detenernos para dar gracias por la historia de amor que el Señor va tejiendo con nosotros. Así, el testimonio de justicia se nutre de una comunidad que narra al mundo las grandes acciones de un Dios que nunca nos abandona.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 24, 42-51
Jesús habló diciendo:
“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor que piensa: ‘Mi señor tardará’, y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Reflexión:
El Evangelio nos invita a una espera activa y vigilante frente a la llegada del Señor a través de cuatro actitudes esenciales.
Primero, le conocemos en la oración y la Palabra; segundo, descubrimos al enemigo para que el pecado no debilite nuestra esperanza. Tercero, cumplimos su voluntad mediante la caridad concreta hacia los más necesitados y hacia quienes tenemos más cerca en el día a día. Finalmente, confiamos con paciencia en sus promesas divinas, respirando despacio y desterrando todo temor frente a las dificultades.
Viviendo así esta preparación, seremos capaces de reconocer a Cristo al llegar y participar de la alegría eterna como santa Mónica.
Conclusión:
El papa Francisco nos enseñaba que ” velar es tener el corazón libre y dispuesto a dar y servir, despertando del sueño de la indiferencia y la vanidad.”
El hilo conductor de la liturgia une el fiel llamado divino, la alabanza constante y la preparación activa en un mismo ideal de transformación social.
Santa Mónica encarna este compromiso en el diario vivir, pues sus oraciones y lágrimas fueron el fruto de un corazón que no se rindió ante las pruebas. Siguiendo su ejemplo, venceremos el egoísmo para mantenernos despiertos, construyendo un mundo más justo y humano mientras aguardamos al Señor.
Oración Final:
Oh Dios, Padre de misericordia, que concediste a santa Mónica la gracia de vivir en constante vigilancia y de transformar sus lágrimas en una ardiente oración por la conversión de su familia, te pedimos humildemente que nos concedas, por su poderosa intercesión, un corazón libre de la indiferencia y plenamente dispuesto al servicio de los hermanos.
Concédenos la fortaleza para mantenernos despiertos y preparados en nuestro diario vivir, alimentando nuestra fe en la oración, la caridad activa y la confianza absoluta en tus promesas. Que, a ejemplo de esta santa madre, sepamos reconocer tu paso en nuestra historia y, al final de nuestros días, alcancemos con alegría el encuentro definitivo con tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.
Amén.
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Tomado de :
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-08-27
- https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/08/27.html
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/08/27
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy.
- https://www.raystedman.org/es/devociones-diarias/1-corintios/llamados-a-la-comunion