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Liturgia del 23 de agosto 2026. El Don de la Fe Edifica la Iglesia

Posted on agosto 23, 2026agosto 22, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA. 

Introducción: 

Las lecturas de hoy nos invitan a descubrir que la fe es siempre un don de Dios y una respuesta libre del ser humano. Esta gracia divina se manifiesta como un misterio insondable de sabiduría que supera todo entendimiento, mediante el cual el Creador confía la autoridad y el cuidado de su pueblo a mediaciones humanas.

Al responder con gratitud y humildad a su llamado, reconocemos su amor eterno y proclamamos con valentía la verdadera identidad de su enviado. De este modo, la profesión de fe se convierte en la roca firme sobre la cual el Señor edifica y sostiene la comunión de su Iglesia, guiando la historia hacia su salvación eterna.

 

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Así habla el Señor a Sebná, el mayordomo de palacio:

Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo. Y aquel día llamaré a mi servidor Eliaquim, hijo de Jilquías; lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre.

Reflexión: 

Dios interviene en la historia para destituir a los soberbios y elegir a un administrador fiel que sea verdadero padre para el pueblo necesitado. El don de la autoridad, representado en las llaves para abrir y cerrar, es una confianza divina orientada a erradicar la miseria y defender la justicia social. Leído en clave cristológica, este relato nos revela que el único y verdadero mayordomo de la casa del Padre es Jesucristo, dueño absoluto de todo poder. Aunque Él asume la mediación de hombres para prolongar su obra en el tiempo, la soberanía pertenece únicamente a su gracia. Así, el liderazgo humano se convierte en un servicio humilde que debe reflejar fielmente el amor y el señorío del Creador.

 

SALMO RESPONSORIAL 137, 1-3. 6. 8bc

Tu amor es eterno, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo y daré gracias a tu Nombre. 

Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. 

El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos!

Reflexión:

Este canto de acción de gracias nos impulsa a confiar plenamente en su amor infinito, el cual supera todo entendimiento humano y capacita nuestro corazón para acoger su llamada. Así, el salmo se convierte en la súplica humilde y confiada de un pueblo que se sabe amado, guiado, sostenido por la fidelidad inquebrantable de su Creador y que  en medio de nuestras debilidades,  el Señor jamás abandona la obra de su creación y cumple fielmente cada una de sus promesas de salvación.

 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 33-36

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! “¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?” Porque todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él. ¡A Él sea la gloria eternamente! Amén.

Reflexión:

Ante el insondable misterio de la salvación universal, San Pablo nos postra en la admiración y la alabanza reconociendo que todo proviene de la absoluta y soberana libertad de Dios. La historia humana y el destino de los pueblos superan por completo nuestra limitada capacidad de comprensión, revelando que nadie puede aconsejar al Creador ni exigirle retribución alguna. Su fidelidad inquebrantable, que abraza tanto a Israel como a toda la humanidad, se manifiesta como una desconcertante iniciativa de gracia que busca la redención de todos. Así, nos encontramos frente a un amor divino que nos invade íntimamente pero que al mismo tiempo nos sobrepasa con su infinita sabiduría. Comprender la fe bajo esta luz nos invita a deponer nuestras certezas y a abandonarnos con humilde gratitud ante el diseño perfecto del Padre.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-20

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”

Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”.

“Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.

Entonces, ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.

Reflexión: 

Frente a las dudas de la multitud que buscaba a Jesús solo por sus milagros o conveniencias, la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo resplandece como un puro regalo de la fe divina. Esta respuesta alegra el corazón del Maestro porque brota del amor sincero y no del interés humano, marcando el inicio de su camino hacia la cruz. Al declararlo “piedra”, Cristo no le otorga un título de poder mundano, sino una misión insustituible para sostener y edificar la Iglesia en la verdad. El primado petrino constituye así la garantía divina de unidad visible y de comunión que protege al rebaño de quedar a la deriva. Aunque asentada sobre hombres frágiles que pueden equivocarse, la barca de la Iglesia se mantiene firme gracias a la promesa fiel de su Señor. De este modo, nuestra comunión con el sucesor de Pedro asegura la fidelidad a la doctrina que vence el paso del tiempo.

Frente a las dudas de la multitud que buscaba a Jesús solo por sus milagros o conveniencias, la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo resplandece como un puro regalo de la fe divina. Esta respuesta alegra el corazón del Maestro porque brota del amor sincero y no del interés humano, marcando el inicio de su camino hacia la cruz. Al declararlo “piedra”, Cristo no le otorga un título de poder mundano, sino una misión insustituible para sostener y edificar la Iglesia en la verdad. El primado petrino constituye así la garantía divina de unidad visible y de comunión que protege al rebaño de quedar a la deriva. Aunque asentada sobre hombres frágiles que pueden equivocarse, la barca de la Iglesia se mantiene firme gracias a la promesa fiel de su Señor. De este modo, nuestra comunión con el sucesor de Pedro asegura la fidelidad a la doctrina que vence el paso del tiempo.

 

Conclusión: 

«Cada uno de nosotros es una pequeña piedra, pero en las manos de Jesús se orienta a la construcción de la Iglesia: ella es comunidad de vida, hecha de muchísimas piedras, todas distintas, que forman un único edificio en el signo de la fraternidad y de la comunión», nos explicaba el Papa Francisco.
Para ser activamente esa pequeña piedra que edifica la comunidad, nuestras acciones y actitudes deben encarnar el mensaje de la liturgia de hoy:
  • Ejerciendo el liderazgo como servicio humilde: Conviértete en un administrador fiel en tus ambientes cotidianos, asumiendo la autoridad no como un privilegio, sino como un compromiso para proteger a los más vulnerables, sanar heridas y promover la justicia.
  • Viviendo con confianza y gratitud: Reconoce que tu vida es obra de las manos de Dios y responde a su misericordia eterna manteniéndote en camino, sembrando esperanza en los demás y confiando en que el Señor siempre cumple sus promesas.
  • Rindiéndote ante la sabiduría divina: Abandona la soberbia de querer controlarlo todo y adopta una actitud de constante alabanza y admiración, aceptando con humildad el misterioso y perfecto proyecto de salvación que Dios tiene para toda la humanidad.
  • Fortaleciendo la unidad y la comunión: Confiesa tu fe en Cristo con valentía y mantén una adhesión sincera a la Iglesia, superando los intereses personales para ser un factor de fraternidad y cohesión en torno a la roca visible que sostiene al edificio espiritual.

Oración Final: 

Señor Jesús, que nos has llamado a ser piedras vivas de tu Iglesia, te damos gracias por el don de la fe que hoy renuevas en nuestros corazones.

Concédenos la gracia de responder con libertad, humildad y valentía a tu proyecto de amor; enséñanos a ejercer toda autoridad como un servicio a los hermanos, a confiar ciegamente en tu eterna misericordia y a postrarnos con admiración ante los misterios de tu divina sabiduría.

Que guiados por el Papa León XIV, mantengamos viva la llama de la unidad y de la comunión fraterna, para que nuestras vidas sean reflejo fiel de tu soberano señorío y colaboren en la edificación de tu Reino.

Amén.

_________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

Tomado de: 

  • Folleto La Misa de Cada  Día.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-08-23
  • Libro Busco Tu Rostro, autor Carlos G. Vallés.
  • https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
  • https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-08-23
  • https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/08/23
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/ho

Palabra de Vida Mes de Agosto: «Engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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