LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción:
En el itinerario pascual, este domingo marca un punto de inflexión. La Palabra de hoy nos invita a salir de nuestros miedos para convertirnos en testigos alegres de una fe en salida, en un mundo huérfano.
Después de asombrarnos por lo que pasó (la resurrección y las apariciones); después de tomar conciencia de lo que tenemos (una comunidad de creyentes habitada por el Señor, que es su Buen Pastor), ahora miramos más allá de nosotros mismos: hay todo un mundo que espera conocer al Resucitado.
Los apóstoles salen de Jerusalén y se internan en territorio ajeno, para compartir el don del Espíritu. Y san Pedro nos anima al diálogo con los otros «dando razón de nuestra esperanza». Todo un aviso para los que piensan que basta «creer con los ojos cerrados» y «quedarnos contentos solo los que estamos». La experiencia de la resurrección no se puede dejar encerrada dentro de nuestros muros.
La misión comienza con la escucha de una promesa: «No los dejaré huérfanos; el Padre les enviará otro Defensor”. Así, nos estamos abriendo ya, gradualmente, a la irrupción del Espíritu. «Todo está presidido por la promesa del Espíritu Santo»
PRIMERA LECTURA de los Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17
En aquellos días: Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron sanos. Y fue grande la alegría de aquella ciudad.
Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
Reflexión:
En esta lectura de hoy vemos a Felipe, uno de los siete elegidos y, probablemente, el líder sucesor de Esteban, que se llega hasta el territorio maldito de los samaritanos. El odio entre judíos y samaritanos ya aparece en el evangelio (Lc 9,52ss; Jn 4). Este era un paso muy importante porque se les consideraba como unos paganos. Esta era una apuesta decisiva, a la vez que un compromiso conducido por el Espíritu de Pentecostés, para cuya fiesta nos preparamos. Los samaritanos acogieron la palabra de Dios, nos dice Lucas en este relato, y enviaron a Pedro y a Juan para que pudieran atender y confirmar en la fe a esta nueva comunidad que se había abierto a la fuerza de la palabra salvadora.
SALMO RESPONSORIAL 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20
¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Aclame al Señor toda la tierra! ¡Canten la gloria de su Nombre! Tribútenle una alabanza gloriosa, digan al Señor: “¡Qué admirables son tus obras!”
Toda la tierra se postra ante ti, y canta en tu honor, en honor de tu Nombre. Vengan a ver las obras del Señor, las cosas admirables que hizo por los hombres.
Él convirtió el Mar en tierra firme, a pie atravesaron el Río. Por eso, alegrémonos en Él, que gobierna eternamente con su fuerza.
Los que temen al Señor, vengan a escuchar, yo les contaré lo que hizo por mí: Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni apartó de mí su misericordia.
Reflexión:
Al proclamar “aclamad al Señor, tierra entera“, entramos en la dinámica de la alegría pascual que Felipe llevó a Samaria, comprendiendo que las maravillas que Dios obró en el pasado, se actualizan hoy en nuestra propia liberación del pecado y del miedo. Y nos mueve a pasar de la contemplación de las obras divinas al testimonio personal, recordándonos que nuestra fe se fortalece cuando nos atrevemos a contar lo que Dios ha hecho en nuestra alma.
SEGUNDA LECTURA del Apóstol san Pedro 3, 15-18
Queridos hermanos: Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. Pero háganlo con suavidad y respeto, y con tranquilidad de conciencia. Así se avergonzarán todos aquéllos que difaman el buen comportamiento que ustedes tienen en Cristo, porque ustedes se comportan como servidores de Cristo. Es preferible sufrir haciendo el bien, si ésta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal.
Cristo padeció una vez por los pecados -el Justo por los injustos- para que, entregado a la muerte en su carne y vivificado en el Espíritu, los llevara a ustedes a Dios.
Reflexión:
Este texto de san Pedro nos desafía Ser cristiano, a dar razón de nuestra esperanza con humildad y respeto. sin convertir nuestra fe en un motivo de confrontación con quienes profesan otras creencias, o con los no creyentes. en la vivencia pascual, defender la fe significa vivirla con coherencia, dejando que nuestras acciones hablen más que nuestras palabras.
Ser seguidor de Jesús, nos otorga su Espíritu y estamos convocados como entonces a dar testimonio. Hoy no hay persecuciones como entonces, pero el mundo tiene otros valores y reducimos nuestro testimonio a ciertas manifestaciones cultuales. Mas la fe cristiana no es para el culto, sino que debe dar sentido a la vida entera. ¿Por qué creemos, por qué esperamos, por qué amamos y perdonamos? No podemos ocultar nuestra verdad, sino que debemos comunicarla, incluso aunque tengamos que sufrir adversidad o incomprensión.
EVANGELIO según san Juan 14, 15-21
Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce.
Ustedes, en cambio, lo conocen, porque Él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque Yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que Yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y Yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y Yo lo amaré y me manifestaré a él.
Reflexión:
Hoy, Jesús —como lo hizo entonces con sus discípulos— se despide, pues vuelve al Padre para ser glorificado. Jesús pronuncia una de las promesas más reconfortantes de toda la Escritura: ‘No los dejaré huérfanos. Volveré a ustedes’. En un mundo en donde el hombre ha perdido la orientación de la vida y se siente solo y abandonado en medio de todo lo que tiene, Jesús en el Evangelio le ofrece una mano, una presencia amorosa que todo lo satisface, pues el sentimiento de orfandad no solo se refiere a la pérdida de los padres, sino a esa sensación profunda de abandono, de estar a la deriva, de no pertenecer a nada ni a nadie en el mundo; un mundo que a menudo nos ignora.
«Y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre». “En realidad, la oración de Jesús —la de la última Cena y la de la cruz—, nos explicaba el Papa Benedicto XVI, es una oración que continúa también en el cielo, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre. Jesús, de hecho, siempre vive su sacerdocio de intercesión en favor del pueblo de Dios y de la humanidad y, por tanto, reza por todos nosotros pidiendo al Padre el don del Espíritu Santo.” Esta guía del Paráclito suele consistir en darnos –más que indicaciones concretas–, luces, orientaciones. De modos muy variados, y contando con los tiempos de cada uno, va iluminando los sucesos pequeños y grandes de nuestra vida.
Recuerda, Jesús no se ha ido, está entre nosotros y busca no solo llevar a la plenitud nuestra vida, sino hacer lo mismo con todos los que nos acompañan en el camino.
Conclusión:
Esta liturgia nos enseña que la fe no es un sentimiento para guardar en privado, sino una fuerza misionera que, impulsada por el Espíritu de Pentecostés, nos empuja a romper barreras y prejuicios, tal como hizo Felipe al llevar la alegría de la Pascua a territorios considerados paganos. Esta liturgia nos recuerda que estamos llamados a ser testigos valientes en un mundo que a menudo se siente huérfano y a la deriva; sin embargo, Jesús nos reconforta con la promesa de que no estamos solos, pues el Espíritu Paráclito habita en nosotros como una guía constante que da sentido a cada pequeño suceso de nuestra existencia
Por tanto, ser cristianos hoy, significa dar razón de nuestra esperanza desde la humildad y la coherencia de vida, permitiendo que nuestras acciones hablen más fuerte que nuestras palabras. No se trata de buscar la confrontación, sino de ofrecer una presencia amorosa que sane la soledad del prójimo, comunicando con naturalidad lo que Dios ha hecho en nuestra propia alma. Al final, la fe debe impregnar nuestra vida entera —el modo en que amamos, perdonamos y trabajamos—, transformándonos en canales de esa intercesión continua que Cristo mantiene por toda la humanidad.
Oración para el Tiempo de Pascua
Señor Jesús Resucitado, Tú que venciste a la muerte y nos llenas de esperanza, renueva en nosotros la alegría de tu presencia viva.
Danos un corazón abierto para reconocer Tu Luz en cada hermano y hermana, en medio de nuestras comunidades y en el caminar de la historia.
Que la fuerza de Tu Resurrección nos impulse a llevar Tu Paz y Tu Amor a todos los rincones del mundo, siendo testigos valientes de Tu Evangelio. Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Diaro Bíblico 2026. Misioneros Claretianos
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-05-10
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://evangeli.net/evangelio
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/05/10
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Mayo. “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban al Espíritu Santo” (Jn 20, 21-22… https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/