LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La Liturgia de hoy nos convoca a purificar el corazón para responder con fidelidad al banquete divino de la salvación. El Señor promete transformarnos por dentro, cambiarnos el corazón de piedra por uno de carne y darnos su propio espíritu para caminar según sus mandamientos.
Ante este don gratuito, se nos pide un espíritu humilde y un sincero arrepentimiento para vestir la ropa de fiesta adecuada. Así, siguiendo el ejemplo de san Bernardo,de quien celebramos el Memorial, estamos llamados a acoger con prontitud esta invitación y a ser constructores de paz y de unidad en medio del mundo.
Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 23-28
Así habla el Señor:
Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que Yo soy el Señor -oráculo del Señor- cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes.
Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos.
Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haréque sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes.
Ustedes habitarán en la tierra que Yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y Yo seré su Dios.
Reflexión:
SALMO RESPONSORIAL 50,12-15. 18-19
Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti.
Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: mi sacrificio es un espíritu contrito, Tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
Reflexión:
El salmo de hoy se convierte en nuestra respuesta sincera ante la iniciativa divina que busca transformarnos por dentro. Al clamar con fe que el Señor cree en nosotros un corazón puro, nos abrimos al perdón y a la renovación de su Alianza. Solo un corazón de carne, dócil y sensible al amor de Dios, permite que la gracia actúe y lleve adelante su obra salvadora. Fortalecidos por el Espíritu Santo que habita en nosotros, dejamos atrás la dureza de la piedra para convertirnos en criaturas nuevas. Así, transformados por su misericordia, nuestras vidas se transforman en una continua alabanza al Nombre del Padre
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 1-14
Jesús se dirigió a los sumos sacerdotes y fariseos, diciendo esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero éstos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto:
Vengan a las bodas”. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?” El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “Átenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.
Reflexión:
El Evangelio nos muestra a un Dios que anhela celebrar con la humanidad mediante un banquete de bodas, figura de la unión eterna entre Jesús y su Iglesia. Tristemente, muchos rechazan esta invitación gratuita debido a la soberbia, la autosuficiencia y el apego a sus propios negocios e intereses. Ante este rechazo, el Señor no se detiene; expande su llamado a los caminos para que todos tengan sitio en su mesa de gracia y alegría. Sin embargo, para participar plenamente no basta con asistir, sino que debemos vestir el traje de fiesta que simboliza nuestra dignidad bautismal. El Rey mismo nos proporciona esta vestidura de conversión, pero requiere que abandonemos el silencio del orgullo y abramos con humildad el corazón para ser revestidos.
Conclusión:
Nos explicaba el Papa Francisco: «El cristiano es aquel que está invitado a una fiesta, a la alegría, a la alegría de ser salvado, a la alegría de ser redimido, a la alegría de participar de la vida con Jesús. ¡Tú estás invitado a la fiesta!». Para acudir dignamente a esta gran celebración que el Señor nos regala cada día, estamos llamados a:
- Dejarnos transformar por dentro: abriendo las puertas a la gracia para que mude nuestro corazón endurecido por uno de carne, lleno de sensibilidad y dócil a su amor.
- Presentarnos con humilde arrepentimiento: reconociendo nuestras caídas con un espíritu quebrantado, con la certeza de que Dios siempre renueva su alianza y nos devuelve el gozo de la salvación.
- Vestir las galas de la gracia: abandonando las excusas, el orgullo y la rutina terrenal para portar con dignidad el traje de fiesta de nuestra identidad bautismal.
- Seguir las huellas de san Bernardo: imitando su sabio ejemplo de vida al guiar a otros con prontitud hacia los mandamientos, construyendo incansablemente la paz, la unidad y la alabanza comunitaria en la Iglesia.
Oración Final:
Señor Dios, Padre de misericordia, te damos gracias porque nos invitas diariamente a participar del banquete de bodas de tu Hijo, llenando nuestra vida de alegría y de salvación.
Por intercesión de san Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, te pedimos nos concedas la gracia de acudir dignamente a esta invitación. Que su ejemplo y escritos nos inspiren a despojarnos del traje gris de la rutina, el orgullo y el egoísmo, para vestir con humildad las galas de la gracia y de la conversión.
Concédenos, por sus méritos, un corazón de carne, puro y renovado por tu Espíritu Santo, que busque siempre la paz y la unidad en la Iglesia. Así, transformados en criaturas nuevas, podamos avanzar con prontitud por el camino de tus mandamientos y alabarte eternamente en el banquete celestial.
Amén.
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Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-08-20
- Diario B{iblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-08-20
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/08/20/
- https://www.mercaba.es/par/ordinario/XX_jueves_ordinario.htm
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Agosto: «Engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/