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Vive Feliz

Liturgia del 8 de marzo 2026. El Señor tiene Sed de tu Amor.

Posted on marzo 8, 2026marzo 7, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA

Introducción:

La Cuaresma normalmente la relacionamos con el desierto. Sin embargo, las lecturas de este domingo nos muestran como  tiempo de preparación, como tiempo de sed del Señor  y  también nos habla de manantiales inesperados. Desde la roca golpeada por Moisés, que escucharemos en la primera lectura, hasta el diálogo íntimo de Jesús con la samaritana en el Evangelio, descubrimos -junto a San Pablo- que la iniciativa de la salvación siempre es de Dios.

Una característica del itinerario cuaresmal está vinculado al proceso de preparación de los catecúmenos para recibir el sacramento del bautismo en la gran vigilia pascual, la celebración más importante del año litúrgico, manifestación de la victoria de Jesús sobre el pecado y sobre la muerte, y origen de la vida divina que nos es comunicada a todos por el bautismo.

Precisamente es el protagonista de este domingo: el simbolismo del agua adquiere con Cristo una profundidad inimaginable, apoteósica. Mediante las aguas bautismales adquirimos la vida sobrenatural.

La fuente de agua viva, que es Cristo, en el sacramento del bautismo. Por un lado, lava nuestros pecados, como a la samaritana, pero por otro, nos cristifica, nos injerta en el mismo Cristo. Sólo así podemos vivir eternamente.

El Señor dio migrante pueblo de Israel agua que brotó de la roca. Lejos de ser algo inerme, hay que ponerlo en mayúsculas, porque es alguien: Cristo es la Roca, de cuyo costado abierto brotó el agua viva que le dio a beber a la samaritana.

¡Ojalá escuchemos hoy la voz del Señor y no olvidemos sus obras, que tenemos delante en los sacramentos, en la Escritura y en el testimonio de los santos!

Por ello, cabe preguntarnos: ¿Somos realmente conscientes de que el amor incondicional nos justifica, nos embellece interiormente y nos da el coraje necesario para abandonar viejas seguridades y nacer de nuevo en el Espíritu?

 

PRIMERA LECTURA del libro del Éxodo 17, 1-7

Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidim, el pueblo no tenía agua para beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron:

“Danos agua para que podamos beber”.

Moisés les respondió:

“¿Por qué me acusan? ¿Por qué provocan al Señor?” El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo:

“¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”

Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo:

“¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?”

El Señor respondió a Moisés:

“Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque Yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo”.

Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

Aquel lugar recibió el nombre de Masá -que significa “Provocación” – y de Meribá -que significa “Querella” – a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?”

Reflexión:

“¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?” Es la pregunta del pueblo sediento… ¿de qué vale la libertad conquistada? El texto quiere reafirmar la fe de un pueblo en Dios, pase lo que pase y suceda lo que suceda. Es más, las dificultades y adversidades deben ser las que ponga de manifiesto la fe en Dios, porque siempre Él, de una manera o de otra, nos “da del agua de la roca”… Dios está en medio de nosotros, pero no podemos exigirle que lo muestre como nosotros queremos, sino que sepamos buscar “el agua” que nos proporciona de rocas que en su entraña llevan una fuente. Sin la vara de Moisés, sin el milagro de la magia, sino con la confianza y la fortaleza de ánimo, porque Dios ¡sí está en medio de nosotros!

 

SALMO RESPONSORIAL 94, 1-2.6-9

 Cuando escuchen la voz del Señor, no endurezcan el corazón.

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: “No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el  día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras”. 

Reflexión:

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor, nos dice el Salmista. Una  voz profética quiere prevenirlos contra la exigencia de tentar a Dios pidiendo manifestaciones  asombrosas, como hicieron los antepasados en las estepas sinaíticas. Estos, a  pesar de haber sido testigos de los prodigios al salir de Egipto,  exigieron  un milagro en Meribá y en Masa.  

 «Este  es mi Hijo, el elegido, escúchenlo», nos pide el Señor Dios,  “Desde una nube se oyó entonces una voz que decía: «Éste es mi  Hijo, el Elegido, escúchenlo». (Lc 9, 28-36). Esta es nuestra gran  instrucción de Dios, «escucharlo», eso nos debe caracterizar para  ser un servidor de verdad, oír siempre a Jesús, esta actitud receptiva es  para la palabra y la total aceptación de Cristo, es una invitación a  descubrir lo divino de sus enseñanzas y toda su obra.
 

SEGUNDA LECTURA  del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 5, 1-2. 5-8

Hermanos: Justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por Él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por Él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores. Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

Reflexión:

Pablo, aquí, centra su pensamiento en lo que significa en la vida presente para los creyentes ser justificados por la fe. La salvación, pues, es una gracia de Dios que se nos otorga mediante nuestra confianza en Jesucristo. El enunciado de esto es de un calado teológico sin precedentes, dicho, además, por alguien que procede del judaísmo, como Pablo. Esta gracia es lo que define la justicia de Dios y la vida cristiana. De esto es de lo que debe gloriarse el cristiano, de creer y experimentar la gracia que nos llega por medio del Espíritu de Dios. Pablo está queriendo decir que no hay que gloriarse del esfuerzo que debemos hacer para salvarnos, porque entiende que la salvación es una gracia, un regalo; pero también los regalos hay que saber acogerlos y agradecerlos.

 

EVANGELIO según san Juan 4, 5-42.

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió:

“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y Él te habría dado agua viva”.

“Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?”

Jesús le respondió:

“El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que Yo le daré, nunca más volverá a tener sed.

El agua que Yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”. “Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla”.

Jesús le respondió: “Ve, llama a tu marido y vuelve aquí”.

La mujer respondió: “No tengo marido”.

Jesús continuó: “Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.

La mujer le dijo: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”.

Jesús le respondió:

“Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén ustedes adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.

La mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando Él venga, nos anunciará todo”.

Jesús le respondió: “Soy Yo, el que habla contigo”.

En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: “¿Qué quieres de ella?” o “¿Por qué hablas con  ella?”

La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?”

Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: “Come, Maestro”. Pero Él les dijo: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen”.

Los discípulos se preguntaban entre sí: “¿Alguien le habrá traído de comer?”

Jesús les respondió:

“Mi comida es hacer la voluntad de Aquél que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero Yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.

Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: “Uno siembra y otro cosecha”. Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos”.

Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en Él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: “Me ha dicho todo lo que hice”. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y Él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en Él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

Reflexión:

Jesús nos dice que tiene sed de tu amor.

Desde el primer momento de su encuentro con la samaritana queda claro que Cristo es verdaderamente hombre: «Cansado del camino, se sentó junto al pozo» (Jn 4,6). Y enseguida pide de beber a la samaritana. Es importante que nos detengamos a considerar el hecho de que Dios mismo haya querido pasar necesidad, no solo física, sino también afectiva: ¡el corazón de Jesús anhela tu amor!

Desde aquí podemos hacer propia la conversación de Jesús con la samaritana. Tú y yo también estamos necesitados de conversión; también tenemos “maridos” donde ponemos nuestra seguridad. Pero Jesús no quiere de ti una perfección externa, sino que lo ames por encima de todas las cosas.

Este es el camino hacia la Pascua, la vida nueva que nos ofrece la Iglesia. El papa León XIV nos dice que «la Pascua es el eje de la vida del cristiano, en torno al cual giran todos los demás acontecimientos».

La conversación de Jesús con la samaritana hoy puede hacernos pensar si la resurrección de Cristo es verdadero motivo de esperanza o si ponemos nuestras expectativas de felicidad en otras cosas. Y nos lleva a pedir la misma fe de los samaritanos del Evangelio: que digamos de corazón: «¡Este es realmente el Salvador del mundo!» (Jn 4,42).

Conclusión:

Celebramos el 3r domingo de Cuaresma: estamos a mitad del camino hacia la Pascua, el momento más importante del año. La liturgia cuaresmal nos ayuda a recorrer un camino, a “salir de Egipto”, que es el lugar donde vivimos esclavizados y del que Dios quiere que salgamos para ir a su encuentro.

Hace dos domingos se nos invitó a entrar con Jesús en el desierto y a confiar a Dios nuestra conversión. La semana pasada, el Evangelio nos mostraba a Jesús transfigurado: el que padecerá y morirá por ti es Dios Hijo.

Recuerda, el problema no es tener sed, el problema es beber donde no hay vida. Cristo es la única fuente que no se agota. En el Evangelio de hoy Jesús nos dice que tiene sed de nuestro amor.

La Cuaresma es el tiempo propicio para la honestidad, es una invitación a detenernos frente a Jesús y preguntarnos: ¿Qué pozos estamos visitando hoy?  En esta Cuaresma, cambiemos de pozo.  

Oración para el Tiempo de Cuaresma:

Señor Jesús, Tú que en el desierto venciste el mal, danos fuerzas para superar nuestras debilidades.

Que el ayuno nos despierte al hambre de justicia, la oración nos acerque a Tu corazón y nuestra generosidad se signo de fraternidad.

Acompáñanos en este camino de conversión, para que lleguemos a la Pascua con un corazón renovado. Amén. 

Tomado de:

  • Folleto La Misa de Cada Día.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-03-08
  • https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
  • https://servicocatholicohispano.wordpress.com/2012/11/17/ojala-hoy-escuchen-la-voz-del-senor-reflexion-desde-el-salmo-94-1-2-6-9/
  • https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/03/07/
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
  • https://evangeli.net/evangelio

 

 

 

 

 

Palabra de Vida Mes de Marzo.«Levántense, no tengan miedo.» Mt 17,7 https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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