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Liturgia del 8 de agosto del 2026. La Fe Vigilante que Ora y Proclama la Justicia al estilo de santo Domingo.

Posted on agosto 8, 2026agosto 7, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA. 

Introducción:

La Liturgia de hoy nos invita a confiar firmemente en el Señor en medio de las dificultades y la tribulación, recordándonos que el justo vivirá por su fe y que, si esta es tan pequeña como un grano de mostaza, nada nos será imposible.

Esta confianza inquebrantable guio a santo Domingo de Guzmán, un humilde ministro que combatió las herejías de su tiempo mediante la oración y la voluntaria pobreza. Con el deseo de propagar la fe con una nueva fuerza apostólica, fundó la Orden de Predicadores para servir al prójimo. Su testimonio nos impulsa hoy a entregarnos al servicio de los demás mediante el estudio constante y el ministerio de la Palabra.

 

Lectura de la profecía de Habacuc 1, 12—2, 4.

¿No eres Tú, Señor, desde los tiempos antiguos, mi Dios, mi Santo, que no muere jamás? Tú, Señor, pusiste a ese pueblo para hacer justicia, Tú, mi Roca, lo estableciste para castigar. Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión. ¿Por qué, entonces, contemplas a los traidores y callas cuando el impío devora a uno más justo que él? ¡Tú tratas a los hombres como a los peces del mar, como a reptiles, que no tienen jefe! ¡Él los pesca a todos con el anzuelo, los barre y los recoge con sus redes! Por eso se alegra y se regocija, y ofrece sacrificios e incienso a sus redes, porque gracias a ellas su porción es abundante y sus manjares, suculentos.

¿Vaciará sus redes sin cesar, masacrando a los pueblos sin compasión? Me pondré en mi puesto de guardia y me apostaré sobre el muro; vigilaré para ver qué me dice el Señor, y qué responde a mi reproche.

El Señor me respondió y dijo: Escribe la visión, grábala sobre unas tablas para que se la pueda leer de corrido.

Porque la visión aguarda el momento fijado, ansía llegar a término y no fallará; si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente, y no tardará. El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad.

Reflexión: 

Ante el desmoronamiento de los valores y el aparente silencio de Dios ante la injusticia, el profeta Habacuc nos enseña a ser centinelas que oran, velan y presentan sus dudas al Señor. Su nombre significa “el que abraza para consolar”, recordándonos que Dios permanece siempre con nosotros a pesar de que sus caminos superen nuestra lógica humana.

Aunque la respuesta divina parezca tardar en llegar, la clave radica en abandonar la impotencia y confiar plenamente en sus planes de salvación.

El texto nos invita a imitar esta actitud vigilante para encontrar el verdadero consuelo en medio de los sufrimientos actuales. Mientras el alma del malvado se hincha de soberbia, la certeza final es que el justo vivirá por su fe. 

 

SALMO RESPONSORIAL 9, 8-13

¡No abandones a los que te buscan, Señor!

El Señor reina eternamente y establece su trono para el juicio:  Él gobierna al mundo con justicia y juzga con rectitud a las naciones. 

El Señor es un baluarte para el oprimido, un baluarte en los momentos de peligro. ¡Confíen en ti los que veneran tu Nombre, porque Tú no abandonas a los que te buscan!  

Canten al Señor, que reina en Sión, proclamen entre los pueblos sus proezas.  Porque Él pide cuenta de la sangre, se acuerda de los pobres y no olvida su clamor. 

Reflexión:

El clamor por la justicia y la defensa de los oprimidos, tan presentes en el profeta, hallan en el salmo una respuesta de segura gratitud. El Señor no permanece indiferente, pues los gritos del pobre y del desvalido resuenan con fuerza en sus oídos desde el principio de los tiempos.

Esta oración litúrgica nos asegura que Dios actúa como un refugio perfecto frente a la maldad y nunca olvida las necesidades del afligido. Al cantar su alabanza, confirmamos que el Altísimo hace justicia a las víctimas y responde con un auxilio compasivo.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 17, 14-20

Un hombre se acercó a Jesús y, cayendo de rodillas, le dijo: “Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron sanar”. Jesús respondió: “¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí”. Jesús increpó al demonio, y éste salió del niño, que desde aquel momento, quedó sano. Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?” “Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Trasládate de aquí a allá’, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes”.

Reflexión: 

Jesús nos revela a un Dios que combate el sufrimiento y expulsa las fuerzas malignas, recordándonos que la medida de los milagros es la medida de nuestra fe. El padre del niño, al arrodillarse con humildad y confianza, nos muestra un verdadero acto de fe que reconoce la soberana misericordia divina.

Aunque los discípulos ya seguían al Maestro, aún eran aprendices y necesitaban la plenitud de Pentecostés para comprender que el Reino de Dios crece desde lo más pequeño. No se trata de poseer una gran confianza en un Dios limitado, sino de tener una fe pequeña, como un grano de mostaza, pero puesta en el Todopoderoso. Esta certeza interior es la que permite obrar maravillas extraordinarias, transformar las realidades difíciles y mover las montañas de nuestra vida.

 

Conclusión: 

Afirmaba el Papa Francisco: “Cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, con la fuerza de la fe. ¿Y cómo tomamos esta fuerza? La tomamos de Dios en la oración. La oración es la respiración de la fe.”

La fuerza de la fe que nos permite dar testimonio diario se toma de Dios a través de las siguientes vivencias presentes en la Palabra y en la vida del santo:
  • En la vigilancia paciente: Permaneciendo en oración constante como centinelas, exponiendo nuestras dudas y esperando con total confianza la respuesta del Señor en medio de las dificultades.
  • En el clamor de los oprimidos: Elevando la voz con la certeza de que Dios escucha el sufrimiento de los pobres, convirtiendo la oración en un refugio seguro que activa su justicia.
  • En la humildad del corazón: Acercándonos a Jesús de rodillas y reconociendo nuestra pequeñez, para que la oración transforme una fe del tamaño de una mostaza en un poder capaz de mover montañas.
  • En la vida de santo Domingo de Guzmán: Quien hizo de la oración la respiración de su fe al hablar siempre con Dios o acerca de Dios, uniendo este diálogo íntimo a la pobreza voluntaria y al estudio para fundar la Orden de Predicadores.

Oración Final:

Oh Dios, que por medio de santo Domingo de Guzmán renovaste a tu Iglesia con el fuego de la predicación y la fidelidad apostólica, te pedimos su poderosa intercesión en este día. Concédenos la gracia de hacer de la oración la verdadera respiración de nuestra fe, para que, alimentados en el diálogo íntimo contigo, obtengamos la fuerza necesaria para dar testimonio de Cristo en la vida cotidiana.

Que, a ejemplo de este santo protector, sepamos hablar siempre contigo y de ti, llevando consuelo a los que sufren y defendiendo con amor a los oprimidos. Mueve nuestro corazón para que, con una fe sencilla pero inquebrantable, estemos siempre vigilantes y dispuestos a servir al prójimo con alegría. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

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Tomado de:

  • Folleto La Misa de Cada Día.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-08-08
  • Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-08-08
  • https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-08-08
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/

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