LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción.
La liturgia de hoy nos invita a vivir el mandamiento del Amor plenamente cuando reconocemos a Cristo en nuestra barca. Su presencia transforma el peligro en un encuentro de fe.
Al igual que los discípulos, estamos llamados a no quedarnos en el asombro, sino a llevar esa luz y amor de Cristo a los demás, siendo instrumentos de paz y esperanza en un mundo que clama por ello.
PRIMERA LECTURA de la primera carta de san Juan 4, 11-18
Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. La señal de que permanecemos en Él y Él permanece en nosotros, es que nos ha comunicado su Espíritu.
Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo. El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.
La señal de que el amor ha llegado a su plenitud en nosotros, está en que tenemos plena confianza ante el día del Juicio, porque ya en este mundo somos semejantes a Él. En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor.
Reflexión.
Continuamos reflexionando sobre uno de los temas más profundos en nuestro caminar espiritual y el texto comienza recordándonos que Dios es Amor, y el Amor verdadero viene de El.
Amar no es una opción ni un ideal abstractor: es una respuesta concreta all Amor recibido de Dios.
En la medida en que amamos, Dios permanece en nosotros y su Amor llega a plenitud, así este amor es la evidencia de que vivimos en comunión con Dios: si amamos, es señal de que el Espíritu habita en nosotros, esta es la esencia de la fe cristiana: el Amor es la prueba de que Dios permanece en su Iglesia y de que su presencia es real.
Nos explicaba el Papa Francisco que ” El perfecto amor echa fuera el temor: en el amor no hay temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. No es libre. Siempre tiene el temor de que suceda algo doloroso, triste, que me haga ir mal en la vida o arriesgar la salvación eterna… Pero tantas imaginaciones, porque no ama. Quien no ama no es libre. Y sus corazones se endurecieron, porque todavía no habían aprendido a amar.”
Cuando vivimos en el Amor de Dios, no tenemos el jucio, ni la condena porque sabemos que hemos sido amados y perdona; y el miedo se desvanece cuando comprendemos y experimentamos que somos hijos profundamente amados y que El nos Amo primero, entonces nuestra respuesta debe ser amar como El.
SALMO RESPONSORIAL 71, 1-2. 10-13
¡Pueblos de la tierra, alaben al Señor!
Concede, Señor, tu justicia al rey y tu rectitud al descendiente de reyes, para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus pobres con rectitud.
Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones.
Porque él librará al pobre que suplica y al humilde que está desamparado. Tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida de los indigentes.
Reflexión.
Continuamos también con el Salmo 71, hoy nos insta a reflexionar sobre la búsqueda de una sociedad más fraterna, donde reine la justicia y así ir siendo partícipes de una sociedad más fraternal.
EVANGELIO según san Marcos 6, 45-52
Después que los cinco mil hombres se saciaron, enseguida Jesús obligó a sus discípulos a quesubieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y Él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: “Tranquilícense, soy Yo; no teman”. Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.
Reflexión.
Jesús nos invita a sus seguidores a creer y a esperar en Él. Sin embargo, muchas veces nuestra actitud es similar a la de los apóstoles: tenemos miedo. Lo que nos ocurre es que no siempre vemos en los acontecimientos la “mano” amorosa de Dios. Hay muchas, puede que demasiadas, tormentas en nuestra vida.
Pero el evangelio de hoy nos muestra que Dios siempre está con nosotros, que «viendo nuestros esfuerzos» por alcanzar la orilla, se pone en camino para rescatarnos y llevarnos a puerto seguro. Por eso, una y otra vez, el mismo Jesús viene a nuestro encuentro para que podamos seguir remando. Y lo hace cuando escuchamos su Palabra, cuando recibimos los sacramentos, cuando oramos, cuando le reconocemos en la persona de nuestros hermanos, etc. Lo único que tenemos que hacer es abrir nuestro corazón para que Él lo ocupe y veamos los acontecimientos como Él los ve.
Es de notar que Jesús está solo en tierra, mientras que los discípulos están en el lago, remando con gran esfuerzo pero sin lograr avanzar porque el viento les es contrario. Mientras, Jesús ora, y en su oración, ve cómo se esfuerzan por ir hacia adelante a pesar del viento en contra. Esta percepción es lo que le hace ir a su encuentro, caminado sobre las aguas.
Dicho de otra manera: también es de notar que los apóstoles están en el lago remando a contra viento, pero el Señor está “junto al Padre,” orando. Pero lo que es determinante es que en su oración, cuando está “junto al Padre”, no está ausente de lo que sucede a su alrededor, sino que, muy al contrario, está cercano a los suyos, por eso, durante su oración, ve en el apuro en que están y acude en su ayuda.
Los discípulos de Jesús, de todos los tiempos pasamos también por momentos de oscuridad, de viento contrario, de perder el control, etc. Por eso nos viene bien volver a escuchar al Señor que nos dice: «no tengáis miedo.» La presencia del Señor en nuestro corazón calma y redimensiona nuestras dificultades, desde el horizonte que da la eternidad desde la que Él nos habla, acoge y alienta.
En medio de nuestra vida agitada estamos invitados a buscar, como el Maestro, nuestros espacios de soledad donde parar la vida y ponernos, junto a Él, ante el Padre, por medio del Espíritu, para decirle con sus palabras: «hágase tu voluntad» o, en el silencio de cualquier “noche,” recibir el aliento que sólo su presencia puede darnos en medio de cualquier tempestad.
Oremos:
Señor, que tu pueblo, tantas veces ayudado por ti, pueda recibir hoy y siempre los dones de tu amor, para que, fortalecido por los bienes transitorios, busque con mayor confianza los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-01-07
- Biblia Latinoamericana
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Calretianos
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/9-1-2021/
- https://es.catholic.net/op/articulos/11781/cat/337/jesus-viene-hacia-ellos-caminando-sobre-el-mar.html
Palabra de Vida Mes de Enero “Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.” (Ef 4, 4) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/