LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La Liturgia de hoy nos invita a morir al pecado para vivir plenamente en Cristo, reconociendo que el vínculo con Él es más fuerte que cualquier lazo familiar. Esta fe no se basa en teorías, sino en acoger la presencia santa del Señor que sale constantemente a nuestro encuentro a través de los demás. Así, caminamos bajo la luz de su rostro, proclamando su fidelidad eterna y recibiendo la recompensa de su Amor.
PRIMERA LECTURA del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a
Un día, Eliseo pasó por Sunám. Había allí una mujer pudiente, que le insistió para que se quedara a comer. Desde entonces, cada vez que pasaba, él iba a comer allí. Ella dijo a su marido: “Mira, me he dado cuenta de que ese que pasa siempre por nuestra casa es un santo hombre de Dios. Vamos a construirle una pequeña habitación en la terraza; le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y así, cuando él venga, tendrá donde alojarse”.
Un día Eliseo llegó por allí, se retiró a la habitación de arriba y se acostó. Entonces llamó a Guejazí, su servidor, y le preguntó: “¿Qué se puede hacer por esta mujer?” Guejazí respondió: “Lamentablemente, no tiene un hijo y su marido es viejo”.
“Llámala”, dijo Eliseo. Cuando la llamó, ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: “El año próximo, para esta misma época, tendrás un hijo en tus brazos”.
Reflexión:
La generosa acogida al hombre de Dios supera toda esterilidad, transformando la carencia social y espiritual en la mayor bendición de una descendencia. Esta promesa profética, nacida del agradecimiento y sostenida por grandes acciones divinas, revela que la fe no es una teoría, sino un vínculo que genera vida abundante. Así, la intervención del Señor derriba prejuicios de la época y restaura la dignidad de la familia mediante el regalo fecundo de un hijo.
SALMO RESPONSORIAL 88, 2-3. 16-19
Cantaré eternamente el amor del Señor.
Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. Porque Tú has dicho: “Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo”.
¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte! Ellos caminarán a la luz de tu rostro; se alegrarán sin cesar en tu Nombre, serán exaltados a causa de tu justicia.
Porque Tú eres su gloria y su fuerza; con tu favor, acrecientas nuestro poder. Sí, el Señor es nuestro escudo, el Santo de Israel es realmente nuestro rey.
Reflexión:
Cantar con desbordante gozo la misericordia del Señor, como invita el Salmista, sin duda alguna llena la existencia de una alegría eterna que transforma y guía el caminar diario. Este júbilo nace de la seguridad absoluta que ofrece una alianza inquebrantable con la presencia viva del Señor. Caminar bajo la luz de su rostro divino infunde fortaleza, sabiendo que la fidelidad eterna es escudo y refugio permanente. En el santo nombre se exulta de felicidad, con la protección de una justicia que jamás abandona al pueblo.
SEGUNDA LECTURA del Apóstol San Pablo a los cristianos de Roma 6,3-4. 8-11
Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre Él. Al morir, Él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Reflexión:
Comprender el bautismo como una inserción profunda en el misterio pascual, exige una transformación radical que se traduce en ser co-sepultados, co-crucificados y co-resucitados con Cristo. Esta iniciación sacramental se fundamenta en la adhesión viva a la persona de Cristo, sepultando al hombre viejo para hacer crecer una identidad renovada en comunión con Dios. La gracia bautismal otorga la capacidad de renunciar al pecado y al antirreino, impulsando una praxis de fe comprometida con el amor, la esperanza y la solidaridad. En este esfuerzo no hay soledad, pues se garantiza el acompañamiento del Señor que fortalece el triunfo de la resurrección en la existencia diaria
EVANGELIO según san Mateo 10, 37-42
Dijo Jesús a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.
Reflexión:
Colocar el Reino de Dios como prioridad absoluta exige comprender que Cristo no quiere ocupar un lugar en la vida, sino ser el centro y fundamento de toda la existencia. Esta radicalidad no anula los lazos familiares, sino que los ordena para amar a todos desde Dios y en Dios, organizando la vida entera alrededor de su persona.
Tomar la cruz implica permanecer fieles al Señor cuando el Evangelio tiene un precio, caminando por la senda de la resurrección donde el amor auténtico se manifiesta en la acogida a los más pequeños. Como resuena en la enseñanza del Papa León XIV: “esta es la hora del amor. El corazón del Evangelio es el amor de Dios que nos hace hermanos y hermanas”; pues en el juicio final no contará lo acumulado, sino cuánto se amó mediante gestos sencillos que recibirán una recompensa eterna.
Conclusión:
- Acogida generosa: Brindar hospitalidad atenta y desinteresada a quienes salen al encuentro cotidianamente, reconociendo a Dios en el prójimo.
- Alabanza agradecida: Cultivar diariamente un espíritu de gozo y oración que proclame la fidelidad eterna y la seguridad de la protección de Dios.
- Transformación bautismal: Renunciar al pecado y al egoísmo para hacer crecer una identidad renovada, en profunda comunión con Dios.
- Prioridad radical: Colocar a Jesús como el centro absoluto de la existencia, ordenando todos los afectos y decisiones cotidianas desde su Amor.
Oración Final:
Señor Jesús, hoy asumo el compromiso concreto de colocar tu amor como el centro absoluto de mi existencia.
Te ofrezco mi corazón para renunciar al pecado y al egoísmo, buscando vivir con la dignidad de una identidad renovada en Dios.
Concédeme la gracia de cultivar diariamente una alabanza agradecida que proclame tu fidelidad inquebrantable, y la sensibilidad para brindarte una acogida generosa a través de la hospitalidad y el servicio a mis hermanos.
Que cada decisión y afecto de mi día se ordenen desde tu Voluntad, para ser un testigo vivo de tu Reino.
Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-06-28
- Diario Misionero 2026. Misioneros Claretianos.
- https://evangeli.net/evangelio
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Junio: «Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis» (Mt 10, 7-8). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/