LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción:
Hoy en la liturgia, el Señor irrumpe en nuestra vida y como a Saúl y a Mateo, nos hace una llamado. nos muestra la vocación, un don y misterio que como solía decir San Juan Pablo II, sucede en momentos inesperados. Cabría preguntarnos: ¿Cómo ha sido nuestra respuesta?
PRIMERA LECTURA del primer libro de Samuel 9, 1-6. 10. 17-19; 10, 1a
Había un hombre de Benjamín llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afiaj, hijo de un benjaminita. El hombre estaba en muy buena posición, y tenía un hijo llamado Saúl, que era joven y apuesto. No había entre los israelitas otro más apuesto que él; de los hombros para arriba, sobresalía por encima de todos los demás.
Una vez, se le extraviaron las asnas a Quis, el padre de Saúl. Quis dijo entonces a su hijo Saúl: “Lleva contigo a uno de los servidores y ve a buscar las asnas”. Ellos recorrieron la montaña de Efraím y atravesaron la región de Salisá, sin encontrar nada. Cruzaron por la región de Saalém, pero no estaban allí. Recorrieron el territorio de Benjamín, y tampoco las hallaron.
Cuando llegaron a la región de Suf, Saúl dijo al servidor que lo acompañaba: “Volvámonos, no sea que mi padre ya no piense más en las asnas y esté inquieto por nosotros”. Pero el servidor le respondió: “En esta ciudad hay un hombre de Dios. Es un hombre muy respetado: todo lo que él dice sucede infaliblemente. Vamos allá; a lo mejor él nos indica el camino que debemos tomar”. Saúl dijo a su servidor: “Está bien, vamos”. Y se fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios.
Cuando Samuel divisó a Saúl, el Señor le advirtió: “Éste es el hombre de quien te dije que regirá a mi pueblo”.
Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta de la ciudad, y le dijo: “Por favor, indícame dónde está la casa del vidente”.
“El vidente soy yo, respondió Samuel a Saúl; sube delante de mí al lugar alto. Hoy ustedes comerán conmigo. Mañana temprano te dejaré partir y responderé a todo lo que te preocupa”.
Samuel tomó el frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y dijo: “¡El Señor te ha ungido como jefe de su herencia!”.
Reflexión:
Si algo llama la atención de este texto de Samuel, es ver los caminos del Señor a la hora de llevar a los elegidos hacia Él: unas borricas extraviadas, un encuentro con un vidente, una comida juntos y «El Señor te unge como jefe sobre su heredad. Tú regirás al pueblo del Señor y lo librarás de la mano de los enemigos que lo rodean».
A veces cuando queremos entender la voluntad de Dios en nuestra vida buscamos en lugares extraños o signos que sean claros y resplandecientes y, sin embargo, olvidamos que el Señor se nos acerca como un susurro silencioso y persistente, en la sencillez del día a día… solo hace falta estar con los oídos prestos a escuchar y un corazón abierto a lo que la vida, nuestro entorno y, por ellos, Dios, quiere de nosotros.
SALMO RESPONSORIAL 20, 2-7
¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!
Señor, el rey se regocija por tu fuerza, ¡y cuánto se alegra por tu victoria! Tú has colmado los deseos de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios.
Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito y pones en su cabeza una corona de oro puro. Te pidió larga vida y se la diste: días que se prolongan para siempre.
Su gloria se acrecentó por tu triunfo, Tú lo revistes de esplendor y majestad; le concedes incesantes bendiciones, lo colmas de alegría en tu presencia.
Reflexión:
En el Salmo 21, David canta un himno de victoria y acción de gracias al Señor como rey. Al utilizar estas palabras en la Eucaristía se nos invita a unirnos a su canción de alabanza. Pero ahora sabemos que la mayor victoria fue la muerte salvadora y la resurrección de Jesús Cristo, el Rey de reyes y Señor de señores. En la Eucaristía entramos más profundamente en el triunfo de Jesucristo, en su misterio.
EVANGELIO según san Marcos 2, 13-17
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con Él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?”
Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.
Reflexión:
En el Evangelio de hoy, escuchamos la llamada a Leví, tomada del Evangelio de San Marcos. Aunque sabemos que Levi también es conocido como Mateo; lo más importante es la respuesta de Mateo cuando Jesús le dijo: «Sígueme». Él respondió inmediatamente. Y eso es lo que quería Jesús. No hace acepción de personas. Ha venido por los pecadores, no por los justos. De hecho, fue a casa de Mateo a comer y compartió mesa con los recaudadores de impuestos, lo que disgustó a los escribas y fariseos. Jesús se preocupa por todos y nos invita a dejar nuestros “telonios” particulares, nuestras mesas de impuestos, nuestros entretenimientos que impiden entregarse con decisión al Evangelio.
Conclusión y Oración:
El Señor, igual que a Saul y a Mateo, nos invita a levantarnos de nuestra zona de cofort y seguirlo.
Toda la Humanidad necesita al Médico divino. Nuestra condición de pecadores no debe limitarnos, más bien, seguir a Jesús a menudo implica una verdadera conversión. Todos somos pecadores y, como dirá san Pablo, «todos han pecado y se han privado de la gloria de Dios» (Rm 3,23). Entonces, si hoy el Señor te viera y te dijera: ‘sígueme’, ¿qué harías? ¿lo seguirías o le preguntarías ‘a dónde’? Y si te respondiera y descubres que no te llevará a donde tú quieres, o por el camino que tú quieres, ¿lo seguirías? Pues, resulta que no es algo que tengas que imaginar, porque precisamente hoy el Señor te está mirando fijamente y te llama por tu nombre y te dice: ‘sígueme’. Y no le importa ni tu pecado, ni tu pasado, porque como Él lo ha dicho, no son los sanos los que tienen necesidad del médico sino los enfermos, pues no ha venido para llamar a los justos sino a los pecadores.
Digamosle en nuestra oración: Señor, si tú me llamas, es porque confías en mí. Permíteme responder con generosidada esta diganación y dame la Gracia para descubrir tu Amor desbordante.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Calaretianos
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-01-17
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/01/17/dios-en-su-providencia-guia-nuestras-vidas-y-nos-invita-a-dejar-nuestros-telonios-particulares/
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://evangeli.net/evangelio
Palabra de Vida Mes de Enero “Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.” (Ef 4, 4) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/