LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
Como afirmó el Papa León en un Simposio organizado por el Dicasterio para las Causas de los Santos: ” la historia del mundo sin santos sería inmensamente más pobre y menos humana, resaltando la fuerza transformadora de la fe en la vida diaria.” Ellos no son figuras lejanas, sino hermanos nuestros que en lo cotidiano supieron amar, perdonar y confiar plenamente en el Señor.
En esta liturgia, Dios nos revela el destino glorioso de quienes le son fieles y nos muestra, mediante las bienaventuranzas, el camino sencillo y exigente de la verdadera santidad. Al ser Él la fuente de toda santidad, no la esconde, sino que decide compartirla con todos sus hijos.
Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14
Yo, Juan, vi a un Ángel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Ángeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar: “No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios”.
Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144.000 pertenecientes a todas las tribus de Israel.
Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: “¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!” Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: “¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!”
Y uno de los Ancianos me preguntó: “¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?” Yo le respondí: “Tú lo sabes, señor”. Y él me dijo: “Éstos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero”.
Reflexión:
Este texto nos presenta la apertura del misterio de la historia mediante el sello de Dios, el cual nos recuerda el bautismo que nos hace sus hijos y nos llama a la santidad, garantizando nuestra salvación. Asimismo, se describe una multitud incontable que destaca la universalidad de la salvación en la Iglesia. Todos ellos aparecen revestidos con túnicas blancas que fueron lavadas con la sangre del Cordero. Este detalle es el signo de una vida entregada, purificada por el amor y la fidelidad a Cristo. De este modo, se exalta a quienes perseveraron con fe en medio del sufrimiento y la persecución.
SALMO RESPONSORIAL 23, 1-6
¡Benditos los que buscan al Señor!
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, porque Él la fundó sobre los mares, Él la afirmó sobre las corrientes del océano.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente.
Él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador. Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.
Reflexión:
El texto de este Salmo es la respuesta orante a la primera lectura, proclamando con júbilo: «Esta es la generación que busca tu rostro, Señor». A través de sus versos, la Iglesia nos recuerda que la tierra y todo cuanto la llena pertenecen al Creador, quien la fundó con sabiduría sobre los mares.
Al preguntarnos quién puede subir al monte del Señor, el texto sagrado señala directamente al hombre de manos inocentes y puro corazón. Estas condiciones morales y espirituales reflejan perfectamente la purificación de la incontable multitud vestida de blanco que contemplamos en el Apocalipsis.
Así, quienes buscan fielmente la santidad reciben la bendición, la justicia y la salvación eterna que Dios regala a sus hijos.
Lectura de la primera carta de san Juan 3, 1-3
Queridos hermanos:
¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a Él. Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en Él, se purifica, así como Él es puro.
Reflexión:
Esta lectura desarrolla una profunda teología sobre la vida cristiana bajo la experiencia presente y futura de “ser hijos de Dios”. El misterio de la santidad que hoy celebramos nos recuerda que lo más importante es mantener intacta esa identidad divina a lo largo de la existencia. De hecho, innumerables santos anónimos alcanzaron la gloria eterna simplemente por haber guardado con sencillez su condición de hijos en la vida cotidiana.
Al final de los tiempos, se cumplirá la gran promesa teológica de que veremos a Dios tal cual es, sin ningún rastro de temor. Así, transformados por su Gracia, contemplaremos la intimidad, el rostro y la Misericordia de Aquel para quien fuimos creados y nacimos.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12
Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.
Reflexión:
Este pasaje nos invita a celebrar la consoladora realidad de la comunión de los santos, esa Iglesia de los bienaventurados unidos a nosotros por el amor. Aunque ellos ya gozan de la visión eterna de Dios, la Palabra de Vida de los Focolares que hoy iniciamos: «Tengan valor: yo he vencido al mundo», nos impulsa a custodiar nuestra identidad de hijos frente a las dificultades actuales, recordando la victoria de Jesús.
De este modo, el lazo de caridad de los santos se hace solidario con nuestro caminar, animándonos a abrazar el camino exigente pero sencillo de las bienaventuranzas. Por lo tanto, nuestra veneración hacia ellos no se limita a imitar su ejemplo, sino que nos compromete a vivir con los pies en la tierra y el corazón firmemente anclado en el cielo, fortaleciendo la unidad de toda la Iglesia en el Espíritu a través del Amor fraterno.
Conclusión:
- Custodiar con sencillez la identidad de hijos de Dios, protegiendo el sello de nuestra fe en lo cotidiano para que nuestras acciones reflejen siempre la dignidad para la cual fuimos creados.
- Abrazar el camino de las bienaventuranzas, asumiendo con valentía las exigencias del amor, la pureza de corazón, el perdón y la fidelidad a Cristo, especialmente en los momentos de prueba y sufrimiento.
- Caminar en comunión y fraternidad con los hermanos, fortaleciendo la unidad de la Iglesia en la tierra mientras nos apoyamos en el amor solidario de los que ya gozan de la visión eterna en el cielo.
Oración Final:
Señor y Padre de bondad, te damos gracias por el banquete eucarístico que nos une en una sola familia con la Iglesia triunfante.
Concédenos la gracia de reavivar el fuego del Espíritu en nuestras almas para perseverar con valentía en el servicio y la caridad evangélica.
Que el auxilio de la Virgen María y de todos los bienaventurados fortalezca nuestros pasos vacilantes hacia la patria eterna.
Renueva en nosotros el anhelo de imitar las virtudes de quienes ya descansan en tu Paz.
Por Jesucristo, Redentor nuestro, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.
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Tomado de :
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-11-01
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-10/papa-leon-xiv-dicasterio-causas-santos-santidad.html
- https://evangelizacion.org.mx/lecturas/evangelio/01-11-2026
- https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-11-01
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Noviembre 2026: «Tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/