LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción:
La liturgia de hoy nos motiva a ser testigos vivos de Cristo, acogiendo su Espíritu para anunciar la Buena Noticia y transformar nuestras vidas y el mundo.
Jesús nos llama a aceptar que su misión de salvación (liberar, sanar, dar vista) se cumple hoy en nuestra vida. No basta con leer la Escritura; debemos vivirla. Nuestra fe debe traducirse en obras de amor y servicio, demostrando que somos de Dios.
Esta fe vivida en obediencia y amor, es lo que nos permite vencer al mundo y sus males, encontrando la verdadera fuente de felicidad en Dios, pues el mismo Espíritu que capacitó a Jesús nos capacita a nosotros para ser sal y luz, para amar y servir, haciendo presente a Cristo en el mundo.
PRIMERA LECTURA de la primera carta de san Juan 4, 19—5, 4
Hijos míos: Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. El que dice: “Amo a Dios”, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Éste es el mandamiento que hemos recibido de Él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano.
El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de Él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.
Reflexión:
Dios que es AMOR interpela a sus seguidores a que entren en la dinámica de su ser más profundo. Es, sin embargo, la piedra de tropiezo que tenemos los cristianos. Tremendamente complicado el llegar a amar de una forma total, pura.
Como todo proceso en la vida, el crecimiento espiritual, necesita también enfrentarse a una serie de fases si quiere lograr el objetivo último. El silogismo es fácil: aman aquellos que han nacido de Dios porque hacen suyo el “Mandato”. En ese camino vemos la necesidad de morir al hombre viejo para renacer al nuevo. Necesitamos morir a todo aquello que nos aleja del amor. De este modo, podremos dar un testimonio creíble de verdad.
Sabemos perfectamente lo que está bien y mal. Sin embargo, nos quedamos siempre en los epígrafes y no pasamos a la profundidad del contenido. Lo que hacen mal los demás, lo que no cumplen los demás. Actitudes farisaicas que nos llevan a una vida seca y vacía. El testimonio debe ser desde la perspectiva que nos manifiesta Dios: llego a amar porque he tenido un encuentro con el AMOR, el cual, sacude todo mi ser y me despierta.Por ello, se nos demanda la coherencia entre la fe y la vida.
SALMO RESPONSORIAL 71, 1-2. 14. 15acd. 17
¡Pueblos de la tierra alaben al Señor!
Concede, Señor, tu justicia al rey y tu rectitud al descendiente de reyes, para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus pobres con rectitud.
Los rescatará de la opresión y la violencia, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos. Por eso, que viva largamente, que oren por él sin cesar y lo bendigan todo el día.
Que perdure su Nombre para siempre y su linaje permanezca como el sol; que Él sea la bendición de todos los pueblos y todas las naciones lo proclamen feliz.
Reflexión:
Este Salmo que hemos venido reflexionando hoy dispone a los hombres para vivir en el amor, y así produce abundancia de paz. La santidad y el amor serán duraderos en el reino de Cristo. A través de todos los cambios del mundo y todos los cambios de la vida, el reino de Cristo se sostendrá a sí mismo.
La oración se hará a través de él, o por su bien; cualquier cosa que le pidamos al Padre, debe estar en su nombre. Se le ofrecerán alabanzas: estamos bajo las más altas obligaciones para con él. Cristo solo será temido por todas las generaciones. Hasta el fin de los tiempos, y hasta la eternidad, su nombre será alabado. Todas las naciones lo llamarán bendito.
EVANGELIO según san Lucas 4, 14-22a
Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas de ellos y todos lo alababan. Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”.
Jesús cerró el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.
Todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.
Reflexión:
En el texto del evangelio que hemos leído, encontramos la primera parte del sermón pragmático de Jesús en Nazareth, en el que presenta su misión; primero que nada, nos revelan que Él es el portador del Espíritu de Dios, que Él es su Ungido y que ha venido al mundo para anunciar la Buena Nueva, es decir, para llevar el Evangelio a los pobres y para liberar a los oprimidos.
El Papa León XIV en la Exhortación Apóstolica Dilexi, al referirse a este tema nos explica: “La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo. Al mismo tiempo, deberíamos hablar quizás más correctamente de los numerosos rostros de los pobres y de la pobreza, porque se trata de un fenómeno variado; en efecto, existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad..
En este sentido, se puede decir que el compromiso en favor de los pobres y con el fin de remover las causas sociales y estructurales de la pobreza, aun siendo importante en los últimos decenios, sigue siendo insuficiente. Esto también porque vivimos en una sociedad que a menudo privilegia algunos criterios de orientación de la existencia y de la política marcados por numerosas desigualdades y, por tanto, a las viejas pobrezas de las que hemos tomado conciencia y que se intenta contrastar, se agregan otras nuevas, en ocasiones más sutiles y peligrosas…
Al compromiso concreto por los pobres también es necesario asociar un cambio de mentalidad que pueda incidir en la transformación cultural. En efecto, la ilusión de una felicidad que deriva de una vida acomodada mueve a muchas personas a tener una visión de la existencia basada en la acumulación de la riqueza y del éxito social a toda costa, que se ha de conseguir también en detrimento de los demás y beneficiándose de ideales sociales y sistemas políticos y económicos injustos, que favorecen a los más fuertes. De ese modo, en un mundo donde los pobres son cada vez más numerosos, paradójicamente, también vemos crecer algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común. Eso significa que todavía persiste —a veces bien enmascarada— una cultura que descarta a los demás sin advertirlo siquiera y tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano…
Desde los tiempos apostólicos, la Iglesia ha visto en la liberación de los oprimidos un signo del Reino de Dios. Jesús mismo, al iniciar su misión pública, proclamó: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos» (Lc 4,18). Los primeros cristianos, incluso en condiciones precarias, rezaban y asistían a los hermanos y hermanas…”
Como sus discipulos, cada uno de nosotros también estamos llamados a compratir este mensaje de salvación y liberación. El nos da una felicidad verdadera, una paz que no depende de logros materiales, ni de complicadas decisiones de la vida diaria. Su misión nos invira a vivir y anunciar esta libertad que da sentido y plenitud a nuestra vida.
Oremos:
Por la Iglesia -y a nosotros como sus militantes-, para que el Señor nos sostenga y fortelzca en la misión de anunciar el Evangelio y seamos testimonio de fe, esperanza y caridad en medio del mundo.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-01-08
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/10-1-2026/
- https://www.bibliatodo.com/comentario-biblico/?v=LPD&&co=matthew-henry&l=salmos&cap=72
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/apost_exhortations/documents/20251004-dilexi-te.html.