Hablábamos la ultima vez de Señales de Dios y decíamos “No se si te haz dado cuenta, pero Dios no te da el juego armado ni el tutorial paso a paso que debes seguir. El te da “señales” para que disciernas y tomes el camino que responde a su voluntad.”
Y creo que la Comunicación es una de las señales con las que podemos dar a conocer la grandiosidad de Dios.
Entendemos la comunicación como un proceso de transmisión y percepción de un mensaje que supone una elaboración o codificación y una comprensión o decodificación. Este proceso debe llevar a la interacción, aún cuando sea a través de medios masivos o de los que ahora conocemos como virtuales, de modo que propicie la comunión entre las personas. En esta perspectiva, el hecho comunicativo más consumado es el que se da en el amor.
La Trinidad es comunicación y comunión eterna. El Hijo, enviado por el Padre es la Palabra, el Mensaje, la decodificación fundamental de la existencia humana. La Iglesia, identificada con su fundador, tiene como identidad y misión el hecho comunicativo para la comunión no sólo al interno de la misma sino para promoverla entre todos los hombres. El proceso vivo de comunicación y comunión se garantiza con la acción del Espíritu Santo, Él mismo fruto y signo fundamental del amor de Dios.
Jesucristo es el Comunicador y Perceptor perfecto. Él constituye, en su vida humana, además del signo auténtico, el modelo coherente del perfecto comunicador por sus palabras y actuaciones.
Todos sabemos que además de las palabras, hay un tipo de comunicación silenciosa que los psicólogos han descubierto desde hace mucho tiempo. Es la comunicación no verbal. No sólo comunicamos y “mandamos mensajes” con las palabras, sino que hablamos también con nuestros actos, con nuestra conducta, con nuestros gestos, posturas y muecas: (un portazo puede decir más que mil palabras, una caricia vale más que un discurso. A veces, junto con las palabras, se añade también una comunicación no verbal.
Por ejemplo, cuando tú regañas a alguien y tu cara se pone roja, estás hablando los dos lenguajes: verbal y no verbal. Incluso tu cara enfurecida habla más fuerte que tus palabras. En otras ocasiones tus palabras y tu comunicación no verbal pueden no ir de acuerdo y, en este caso, una cosa elimina el efecto de la otra. Si una mamá regaña a un hijo con palabras, pero se le ve en los ojos que se está riendo, obviamente el regaño no tendrá mucho efecto.
Afortunadamente este fenómeno de la comunicación no verbal también se da de forma positiva
El Pbro. Jesús Galván Martínez, mejicano, en un artículo que les transcribo nos dice: “cierta ocasión, platicando con un amigo con el que estudié Ciencias de la Comunicación, que además, no es tan «practicante», me decía: «el Sacerdote de la Iglesia a la que voy es joven. Pero lo que me gusta es que al final de la Misa sale a despedir de mano a todos los fieles, y hasta me hace sentir importante». Sin duda, el tema de aquel día no era la Pastoral de la Comunicación, ni tampoco la Liturgia, pero ambos estaban implícitos en aquel comentario…
Según el documento del Pbro. Agustín Beltrán Flores, basado en el documento de Aparecida: “La pastoral de la comunicación es una pastoral “transversal”, es decir, que en todas las pastorales es necesaria la reflexión sobre la comunicación y sobre la incorporación del lenguajes y medios nuevos en el campo de tal o cual pastoral específica. Pero siendo la comunicación, sus lenguajes, sus medios, sus usuarios y productores, y en general todo el sistema de medios un campo definido como “nuevo areópago”, la Iglesia impulsa una pastoral específica que atienda y dé respuestas, desde la fe en Jesucristo, a esta nueva cultura.
De tal manera que la pastoral de la comunicación es el diálogo que los creyentes en Jesucristo deben de mantener con la cultura de la comunicación, se concretiza en lo que se conoce como Pastoral de la comunicación. El diálogo nace de la exigencia de fidelidad al mandato de Jesucristo de anunciar el Evangelio a todo el mundo y a todas las culturas.
En la actualidad todos estamos de acuerdo en reconocer la enorme influencia que ejercen los medios de comunicación social . Así mismo, consideramos que sería casi imposible pensar un mundo sin la presencia del sistema masivo de comunicación. El sistema de medios atraviesa actualmente la entera estructura de la sociedad.
La «Pastoral de la Comunicación», continuando con el Pbro. Jesús Galván Martínez , nos llama precisamente a «comunicar» al estilo de Jesús de Nazaret, un hombre sencillo y CERCANO a los hombres. No pretendo decir que despedir de mano a las personas después de Misa, sea ya en sí la mejor pastoral, sino que todo aquello que provoque la cercanía, y propicie el encuentro mejora la comunicación. La liturgia, en todas sus expresiones: los siete sacramentos, los sacramentales, e incluso las expresiones de religiosidad popular implican una «Comunicación Pastoral», pues toda labor del Pastor comunica.
El Buen Pastor, es Jesús y ejerce su sacerdocio en la liturgia, en ella nos comunica la gracia, y se realiza el misterio de nuestra redención. Ya desde el documento conclusivo de Puebla se llega a decir literalmente: «la liturgia, (…) es en sí misma comunicación». Es pues, imprescindible que un sacerdote sea un buen comunicador en la liturgia, que el equipo de liturgia aprenda a comunicar y que todos los participantes de la liturgia (ministros y fieles) estén en el mismo campo semántico. Es decir que todos comprendamos, o por lo menos tengamos idea del significado del conjunto de actos comunicativos (gestos, símbolos, signos, colores) que la liturgia utiliza.
Muchos de nuestros fieles no comprenden los gestos litúrgicos, no sólo por falta de instrucción, sino porque no somos buenos «comunicadores» de Cristo, nos falla la «comunicación pastoral», desde la limpieza de los manteles, el beso al altar, las reverencias, los silencios, la cadencia de la liturgia son actos comunicativos, que en no pocas ocasiones como sacerdotes los llevamos de forma automática o con tiempo medido.
Algo importantísimo que no quiero dejar de comentar es que la Liturgia, no es un acto comunicativo, como lo sería una «obra teatral», pues no se trata solo de la mera «proyección de un mensaje», porque la liturgia sacramental produce lo que significa, es decir, hace presente la realidad divina. Por ello no es meramente una «Pastoral de la Comunicación» (en cuanto a conocer y saber transmitir los signos y símbolos de la liturgia a nivel pastoral (mismo campo semántico), sino que es una auténtica «Comunicación Pastoral», porque el Pastor que es Jesucristo, comunica, transmite su «gracia divina», se hace presente, se hace cercano y actúa, se encuentra con nosotros.
Retos dentro de la Liturgia que tienen que ver con la comunicación pastoral son:
1. Adecuada formación en los elementos comunicativos, conocer su importancia histórica, valorar su eficacia, no descuidar su uso, pues esto lleva a los fieles a permanecer indiferentes ante ello.
2. Ser creativos en la conquista adecuada de lenguajes nuevos, que se adapten, y se logre su inculturación.
Las Ciencias de la Comunicación, de las que se vale la Pastoral de la Comunicación nos invitan a conocer al receptor (sus preferencias, ambientes, su manera de ver el mundo) para hablar su lenguaje. No será lo mismo la celebración con niños que con jóvenes, por ello hay esquemas litúrgicos para niños, por dar un ejemplo.
Sin embargo, «para que los hombres puedan llegar a la Liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a la conversión: «¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿O cómo creerán en Él sin haber oído de Él? ¿Y cómo oirán si nadie les predica?» (Rom., 10,14-15)». La Pastoral de la Comunicación busca en el anuncio del Evangelio a través de actos comunicactivos (comunicación pastoral) y a través del uso de los medios de comunicación y sus agentes (pastoral de la comunicación) y prepara a los fieles al encuentro sacramental, en esto se relaciona también con la Pastoral Profética y frente aquel encuentro nos invita a imitar a Jesús auténtico «comunicador» y verdadero «Sacramento de amor del Padre».
La idea con la que quiero cerrar esta reflexión es simple: «nadie da lo que no tiene». La clave de la Pastoral de la Comunicación en relación con la liturgia y cualquier otra pastoral, es precisamente la espiritualidad del cristiano, que debe ser un «comunicador del Evangelio» por la naturaleza misma de su bautismo es enviado a anunciar la Buena Nueva. Quien vive la liturgia con fe transmite a Cristo, quien sabe predicar, pero además es congruente con lo que predica conduce a Cristo, quien es testigo de Cristo el Espíritu Santo le inspira la palabra y el gesto adecuado. «Cuando alguien vive verdaderamente la fe, todo aquello que hace, ayudará a evangelizar el ambiente donde vive y trabaja, porque cada acción tiene una dimensión comunicativa»
El Papa Francisco, nos explica que “Vivir la experiencia de la fe significa dejarse alimentar por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.
La Eucaristía es la cena de la familia de Jesús, que a lo largo y ancho de la tierra se reúne para escuchar su Palabra y alimentarse con su Cuerpo. Jesús es el Pan de Vida de nuestras familias, Él quiere estar siempre presente alimentándonos con su amor, sosteniéndonos con su fe, ayudándonos a caminar con su esperanza, para que en todas las circunstancias podamos experimentar que es el verdadero Pan del cielo…
En la Eucaristía se comunica el amor del Señor por nosotros: “un amor tan grande que nos nutre con Sí mismo, un amor gratuito, siempre a disposición de cualquier persona hambrienta y necesitada de regenerar las propias fuerzas”. Es por eso -añadió- que vivir la experiencia de la fe “significa dejarse nutrir por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo”… y señaló el Pontífice que “además del hambre físico el hombre lleva consigo otra hambre, un hambre que no puede ser saciada con la comida ordinaria” y explicó que “es hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad. Y el signo del maná -como toda la experiencia del éxodo- contenía en sí también esta dimensión: era figura de una alimento que sacia esta hambre profunda que hay en el hombre”.
Jesús nos da este alimento, dijo el Papa. Es más, “Él mismo es el pan vivo que da la vida al mundo” y explicó “no es un simple alimento con el que saciar nuestros cuerpos, como el maná; el Cuerpo de Cristo es el pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la sustancia de este pan es Amor”.
La Hostia es nuestro maná, mediante la cual el Señor se nos da a sí mismo.
Canción
https://youtu.be/5FIZqn8FSYI?si=Bj0kTBvxA5YmDqt3
Fuentes:
https://www.es.catholic.net/op/articulos/4079/meditacionBoletin.html?eti=11876#modal
https://infodecom.net/en-la-eucaristia-se-comunica-el-amor-del-senor-por-nosotros/
https://es.catholic.net/imprimir.php?id=15676
Recopilado por Rosa Otárola D, /
Noviembre 2023.
“Piensa bien, haz el bien, actúa bien y todo te saldra bien”
Sor Evelia 08/01/2013.