LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
La liturgia de este día convoca a contemplar la transmisión del espíritu profético y la perseverancia inquebrantable en el discipulado, e invita a purificar la fe mediante una fidelidad, una confianza absoluta en el amparo divino y una rectitud de intención que rechaza las apariencias del mundo. El verdadero discipulado exige perseverar con valentía frente a los desafíos, reconociendo que Dios es el refugio seguro que protege de las intrigas y de la vanidad humana. Por eso, el culto auténtico no busca el aplauso exterior, sino la mirada silenciosa del Padre que transforma el corazón en lo secreto y recompensa la entrega sincera.
PRIMERA LECTURA del segundo libro de los Reyes 2, 1. 6-14
Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino.
Elías y Eliseo partieron de Guilgal, y Elías le dijo: “Quédate aquí, porque el Señor me ha enviado al Jordán”. Pero Eliseo respondió: “Juro por la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré”. Y se fueron los dos.
Cincuenta hombres de la comunidad de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras los dos estaban de pie a la orilla del Jordán. Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó las aguas. Éstas se dividieron hacia uno y otro lado, y así pasaron los dos por el suelo seco. Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo: “Pide lo que quieres que haga por ti antes de que sea separado de tu lado”.
Eliseo respondió: “¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu espíritu!”
“¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me ves cuando yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de lo contrario, no será así”.
Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino.
Al ver esto, Eliseo gritó: “¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su caballería!” Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos pedazos. Luego recogió el manto que se le había caído a Elías de encima, se volvió y se detuvo al borde del Jordán.
Después, con el manto que se le había caído a Elías, golpeó las aguas, pero éstas no se dividieron. Entonces dijo: “¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?” Él golpeó otra vez las aguas; éstas se dividieron hacia uno y otro lado, y Eliseo cruzó.
Reflexión:
En este texto vemos la transición entre Elías y Eliseo manifiesta la continuidad del servicio profético en Israel para erradicar la idolatría y confirmar la fe en el Dios único. El traspaso del manto ( símbolo teológico de la investidura, la personalidad y la autoridad del maestro), constituye formalmente al sucesor, por lo que la concesión de una doble porción de espíritu constituyen a Eliseo como sucesor, lo que prefigura la efusión definitiva en Jesucristo, quien transfiere a la Iglesia el Espíritu Santo sin medida desde la victoria pascual, inaugurando una nueva etapa de fidelidad. De este modo, el discipulado bíblico se actualiza progresivamente en la historia de la salvación como una entrega total al plan divino.
SALMO RESPONSORIAL 30, 20-21. 24
R. ¡Sean fuertes los que esperan en el Señor!
¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para tus fieles; y la brindas a los que se refugian en ti, en la presencia de todos. R.
Tú los ocultas al amparo de tu rostro de las intrigas de los hombres; y los escondes en tu Tienda de campaña, lejos de las lenguas pendencieras. R.
Amen al Señor, todos sus fieles, porque Él protege a los que son leales y castiga con severidad a los soberbios. ¡Sean fuertes los que esperan en el Señor! R.
Reflexión:
La invitación a la valentía de corazón brota de una fe profunda que disipa toda vacilación ante los acontecimientos personales y sociales. Esta fortaleza se fundamenta en la palabra divina, la cual sostiene la andadura humana porque Dios permanece siempre fiel a sus promesas. Así, la esperanza se convierte en el motor del creyente, confiado en el amparo de un Dios que acoge y sostiene a todos.
EVANGELIO según san Mateo 6, 1-6. 16-18
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que, con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Reflexión:
El Evangelio purifica las prácticas de piedad al censurar la búsqueda de elogios y aplausos que desplazan a Dios para alimentar el ego. El corazón es el espacio secreto libre de máscaras donde se define la autenticidad, convirtiendo al Señor en el único motor y fin de cada acción. Al respecto, el Papa Benedicto XVI afirmaba que «toda expresión penitencial sólo tiene valor a los ojos de Dios si es signo de un corazón sinceramente arrepentido. La verdadera recompensa no es la admiración de los demás, sino la amistad con Dios”. De este modo, al desaparecer el afán de protagonismo, brota un testimonio coherente que edifica al prójimo y descansa plenamente en la intimidad con el Padre celestial.
Conclusión:
- Custodiar la continuidad de la misión: Recibir con gratitud y responsabilidad el legado de la fe para transmitirlo con valentía a las nuevas generaciones.
- Purificar la intención en el obrar: Desterrar la búsqueda de aplausos, elogios o reconocimiento humano al momento de realizar el bien y servir al prójimo.
- Vivir bajo la mirada del Padre: Comprender que la verdadera recompensa radica en la amistad con Dios y en el cultivo de la vida interior en lo secreto del corazón.
- Mantener una esperanza inquebrantable: Caminar con firmeza y sin vacilaciones ante las dificultades confiando plenamente en la fidelidad de las promesas divinas.
- Garantizar la coherencia del testimonio: Lograr que cada acción externa sea el reflejo de un corazón sinceramente arrepentido y profundamente transformado por la gracia.
Oración Final:
Padre celestial, te pedimos que nos concedas recibir y transmitir con valentía el legado de la fe, custodiando la continuidad de la misión encomendada.
Purifica la intención de nuestro obrar para desterrar toda vanidad, de modo que cada acción busque únicamente agradarte y vivir bajo tu mirada en lo secreto.
Danos una esperanza inquebrantable que nos sostenga con firmeza ante las dificultades de la historia, confiando siempre en tus fieles promesas.
Que nuestro testimonio sea coherente, reflejo de un corazón sinceramente arrepentido y transformado por tu gracia.
Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-06-17
- https://www.evangelizacion.org.mx/lecturas/evangelio/17-06-2026
- https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-06-17
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/06/17/
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Palabra de Vida Mes de Junio: «Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis» (Mt 10, 7-8). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/