LITURGIA DE LA PALABRA,
Introducción:
Hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, centrando nuestra atención en su presencia real en el pan y el vino, alimento básico ante el hambre de ternura y justicia del ser humano. El Papa Francisco nos explica que la Eucaristía es la unión mística con Jesús para ser nuestra fuerza renovadora tras cada caída. Sin embargo, el Pontífice nos advierte que este misterio requiere nuestra voluntad de dejarnos transformar; de lo contrario, la celebración se reduce a ritos vacíos y formales.
PRIMERA LECTURA del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a
Moisés habló al pueblo diciendo:
Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
No olvides al Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres.
Reflexión:
El desierto nos recuerda que las falsas seguridades mundanas jamás saciarán nuestra hambre existencial, la cual solo Dios puede calmar. Así como el maná alimentó a Israel enseñándole a confiar diariamente en la providencia, la Eucaristía es hoy nuestro viático y fuerza renovadora en la debilidad. Este alimento sagrado fomenta una memoria viva de la fidelidad divina y nos une en una comunión que no es individualista, sino comunitaria.
SALMO RESPONSORIAL 147, 12-15. 19-20
¡Glorifica al Señor, Jerusalén!
¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! Él reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti.
Él asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo. Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente.
Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos.
Reflexión:
Este salmo nos invita a glorificar al Señor que fortalece nuestras vidas, nos colma con la flor del trigo y nos concede la paz. Esta alabanza hace memoria de la fidelidad de un Dios que sacia nuestra hambre material y espiritual con su palabra viva. Así, la comunidad responde con gratitud al amor providente que nos sostiene y nos convoca a la unidad en su mesa.
SEGUNDA LECTURA de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 10, 16-17
Hermanos:
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.
Reflexión:
EVANGELIO según san Juan 6, 51-58
Jesús dijo a los judíos:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”
Jesús les respondió:
“Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
Reflexión:
Jesús nos ofrece el Pan Vivo para darnos una vida plena aquí y ahora, la cual pregusta la eternidad y la gloria futura. Comer su carne y beber su sangre significa asimilar radicalmente su estilo de vida, sus valores y su misión de amor en la cruz. Lejos de ser un acto mágico, este proceso espiritual nos adentra en la fuerza de la resurrección a través de una fe viva y personal. Así, el sacramento actúa como una medicina de inmortalidad que nos transforma por completo y nos comunica la vida misma del Verbo encarnado.. Comer su carne y beber su sangre significa asimilar radicalmente su estilo de vida, sus valores y su misión de amor en la cruz. Lejos de ser un acto mágico, este proceso espiritual nos adentra en la fuerza de la resurrección a través de una fe viva y personal. Así, el sacramento actúa como una medicina de inmortalidad que nos transforma por completo y nos comunica la vida misma del Verbo encarnado.
Conclusión:
La liturgia de hoy nos desafía a trascender las falsas seguridades del mundo para abrazar una conversión íntegra que se manifieste en la fraternidad cotidiana. Al nutrirnos de la providencia divina, somos convocados a derribar prejuicios, sanar heridas sociales y edificar una comunidad unida bajo el signo de la reconciliación. Este misterio nos impulsa a encarnar los valores del Reino, convirtiéndonos en testigos activos que llevan consuelo ante las profundas carencias actuales. Así, el sacrificio pascual se vuelve el motor definitivo que reaviva nuestra esperanza, restaura nuestra dignidad y sostiene nuestros pasos hacia una vida plena aquí y ahora y a unirnos en su proyecto que incluye la justicia, la paz, el perdón y el amor por los demás.
Terminamos con la Secuencia:
Glorifica, Sión, a tu Salvador, aclama con himnos y cantos a tu Jefe y tu Pastor.
Glorifícalo cuanto puedas, porque Él está sobre todo elogio y nunca lo glorificarás bastante.
El motivo de alabanza que hoy se nos propone es el pan que da la vida.
El mismo pan que en la Cena Cristo entregó a los Doce, congregados como hermanos.
Alabemos ese pan con entusiasmo, alabémoslo con alegría, que resuene nuestro júbilo ferviente.
Porque hoy celebramos el día en que se renueva la institución de este sagrado banquete.
En esta mesa del nuevo Rey, la Pascua de la nueva alianza pone fin a la Pascua antigua.
El nuevo rito sustituye al viejo, las sombras se disipan ante la verdad, la luz ahuyenta las tinieblas.
Lo que Cristo hizo en la Cena, mandó que se repitiera en memoria de su amor.
Instruidos con su enseñanza, consagramos el pan y el vino para el sacrificio de la salvación.
Es verdad de fe para los cristianos que el pan se convierte en la carne, y el vino, en la sangre de Cristo.
Lo que no comprendes y no ves es atestiguado por la fe, por encima del orden natural.
Bajo la forma del pan y del vino, que son signos solamente, se ocultan preciosas realidades.
Su carne es comida, y su sangre, bebida, pero bajo cada uno de estos signos, está Cristo todo entero.
Se lo recibe íntegramente, sin que nadie pueda dividirlo ni quebrarlo ni partirlo.
Lo recibe uno, lo reciben mil, tanto éstos como aquél, sin que nadie pueda consumirlo.
Es vida para unos y muerte para otros. Buenos y malos, todos lo reciben, pero con diverso resultado.
Es muerte para los pecadores y vida para los justos; mira cómo un mismo alimento tiene efectos tan contrarios.
Cuando se parte la hostia, no vaciles: recuerda que en cada fragmento está Cristo todo entero.
La realidad permanece intacta, solo se parten los signos, y Cristo no queda disminuido, ni en su ser ni en su medida.
Éste es el pan de los ángeles, convertido en alimento de los hombres peregrinos: es el verdadero pan de los hijos, que no debe tirarse a los perros.
Varios signos lo anunciaron: el sacrificio de Isaac, la inmolación del Cordero pascual y el maná que comieron nuestros padres.
Jesús, buen Pastor, pan verdadero, ten piedad de nosotros: apaciéntanos y cuídanos; permítenos contemplar los bienes eternos en la tierra de los vivientes.
Tú, que lo sabes y lo puedes todo, Tú, que nos alimentas en este mundo, conviértenos en tus comensales del cielo, en tus coherederos y amigos, junto con todos los santos.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-06-07
- Diario B{iblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://conferenciaepiscopalvenezolana.com/papa-francisco-que-jesus-eucaristia-haga-de-nosotros-unidad/
- https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-06-07
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/category/comentario-a-las-lecturas/
Palabra de Vida Mes de Junio: «Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. […] Gratis lo recibisteis; dadlo gratis» (Mt 10, 7-8). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/