LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
Los textos litúrgicos del tiempo pascual buscan iluminar el horizonte de la fe cristiana. El tono de estas lecturas nos imprime una gran alegría, la que debe manifestarse en la comunidad, que recibe con fe la presencia de Cristo resucitado mediante una serie de testimonios veraces y dignos de crédito de quienes confiesan rotundamente. ¡es verdad, el Señor ha resucitado!
El evangelio, por su parte, adentra al lector/oyente en el vivo y encendido testimonio de los dos peregrinos de Emaús.
Testimonios, todos ellos, de la presencia del Resucitado que ponen de manifiesto la actitud confiada y serena con que asumían los cristianos el más allá de la muerte: no amaban tanto su vida, que temieran la muerte (Apc 12, 11).
PRIMERA LECTURA de los Hechos de los Apóstoles 2, 14. 22-33
El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo:
“Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre Él.
En efecto, refiriéndose a Él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque Él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque Tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.
Exaltado por el poder de Dios, Él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen”.
Reflexión:
Este texto ya lo comentamos en la liturgia del lunes del la Octava de Pascua (n6 de este mes). Nos presenta el testimonio público de Pedro, portavoz autorizado de los Doce, y su exhortación a vivir acordes con la fe en el Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos.
SALMO RESPONSORIAL 15, 1-2a. 5. 7-11
Señor, me harás conocer el camino de la vida.
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Señor, Tú eres mi bien”. El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡Tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
Reflexión:
Este salmo también lo comentamos en esa misma liturgia. Hoy también este salmo actúa como un eco de la Resurrección y una declaración de confianza total en Dios.
SEGUNDA LECTURA de la primera carta del Apóstol san Pedro 1, 17-21
Queridos hermanos: Ya que ustedes llaman Padre a Aquél que, sin hacer acepción de personas, juzga a cada uno según sus obras, vivan en el temor mientras están de paso en este mundo.
Ustedes saben que “fueron rescatados” de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes.
Por Él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.
Reflexión:
Pedro exhorta a la Iglesia primitiva, compuesta por conversos hebreos y paganos, a depositar su fe y esperanza en Dios, quien los salvó mediante la preciosa sangre de su Hijo y resucitó a Jesús de entre los muertos.
Hablar hoy de esperanza y de un Dios que es rico en amor y misericordia pudiera ser contradictorio y chocante cuando lo que hemos percibido en los últimos días a nivel global es que prima el caos, la angustia, la incertidumbre y la desolación. Para algunos puede ser que influya mucho la concepción que han tenido o tienen de sus padres, es el modelo de paternidad que han conocido y que les resulta más familiar. Quizá esa experiencia en algunos casos, no haya sido muy positiva o rica afectivamente.
¿Cómo puede ser cierto que Dios sea bueno y amoroso si es que está sucediendo todo esto? Se cuestionan no pocas personas.
Quizá nuestra creencia es en un Dios que existe y es real, pero que no se acerca a tener una relación personal con nosotros. Nos viene bien profundizar nuevamente en quién es Dios, cuál es su identidad y el rostro que se nos ha revelado en la fe.
Recordemos que la imagen de Dios se nos ha revelado por las palabras y las obras del Señor Jesús. Cristo, Dios hecho hombre, nos ha mostrado el rostro de su Padre, de nuestro Padre. Es por ello, que decimos que nuestra fe cristiana nos lleva a reconocer que el Dios en el cual confiamos es un Padre. Por eso nosotros cristianos nos referimos a Él como Dios Padre: «Padre nuestro».
Esta verdad es uno de los fundamentos más importantes de nuestra vida espiritual. Tener la posibilidad de establecer una relación filial con Dios, sabernos hijos, una identidad que se nos fue dada desde nuestro Bautismo, cuando hemos sido transformados de criaturas a hijos. ¡No somos huérfanos, tenemos un Padre y uno que nos ama en sobreabundancia!
EVANGELIO según san Lucas 24, 13-35
El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?”
Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
“¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”
“¿Qué cosa?”, les preguntó.
Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que Él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a Él no lo vieron”.
Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” .
Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista.
Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Reflexión:
Nos explica el Papa León XIV: “Los discípulos de Emaús caminaban tristes porque esperaban otro final, un Mesías que no conociera la cruz. A pesar de haber oído que la tumba está vacía, son incapaces de sonreír. Pero Jesús está a su lado y, con paciencia, les ayuda a comprender que el dolor no es la negación de la promesa, sino el modo en que Dios ha manifestado la medida de su amor. Cuando por fin se sientan a la mesa con Él y parten el pan, se les abren los ojos. Y se dan cuenta de que su corazón ya ardía, aunque no lo sabían. Esta es la mayor sorpresa: descubrir que bajo las cenizas del desencanto y del cansancio siempre hay un rescoldo vivo, a la espera de ser reavivado. Hermanos y hermanas, la resurrección de Cristo nos enseña que no hay historia tan marcada por el desengaño o el pecado que no pueda ser visitada por la esperanza. Ninguna caída es definitiva, ninguna noche es eterna, ninguna herida está destinada a permanecer abierta para siempre. Por distantes, perdidos o indignos que nos sintamos, no hay distancia que pueda apagar la fuerza infalible del amor de Dios.”
Conclusión:
Sólo hay tres «lugares» en donde puedes encontrarte con Cristo resucitado: la Sagrada Escritura (porque Él es la Palabra de Dios). En este tercer domingo de pascua, estamos invitados a experimentar el fuego de Dios en el corazón mediante la escucha de la Palabra de Dios. Jesús quiere que recibamos su Palabra como una verdad, una verdad que, aunque sea difícil de creer, tenemos la certeza de que viene de Dios, y Dios no miente ni falla.
Al igual que los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús resucitado al partir el pan en su mesa, nosostros encontramos y reconocemos a Jesús hoy en la Eucaristía, pues en este acto sacramental es el momento en que se abren nuestros ojos espirituales para percibir su presencia real.
En el partir del pan, en el doble sentido de la Eucaristía y cada vez que compartimos el pan con alguien (Eucaristía y sentido social); en la comunidad (por eso se les aparece apenas se juntan con los once otra vez; los once eran la comunidad primera representada oficialmente en un solo grupo). A Tomás, que estaba fuera, no se le aparece, si recordáis el Evangelio del domingo pasado, hasta que participa en la vida de la comunidad.
En la Eucaristía escuchamos las Escrituras, hacemos memoria de la bendición del pan por Jesús: el Señor se hace de nuevo presente entre nosotros para confortarnos en el camino de la vida, para hacer que nos sintamos Iglesia que se congrega, para ayudarnos a vencer el desaliento y a descubrir un sentido donde no vemos nada, donde sólo vemos absurdo.
Los cristianos del siglo veintiuno hemos de seguir mirándonos en el espejo de este bellísimo relato de san Lucas a la espera de poder sentarnos un día definitivamente en la mesa redonda del pan compartido, el gesto por el que nos reconocerán como buenos hermanos.
Oración para el Tiempo de Pascua
Señor Jesús Resucitado, Tú que venciste a la muerte y nos llenas de esperanza, renueva en nosotros la alegría de tu presencia viva.
Danos un corazón abierto para reconocer Tu Luz en cada hermano y hermana, en medio de nuestras comunidades y en el caminar de la historia.
Que la fuerza de Tu Resurrección nos impulse a llevar Tu Paz y Tu Amor a todos los rincones del mundo, siendo testigos valientes de Tu Evangelio. Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-04-19
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/04/19.html
- https://www.ciudadredonda.org/events/comentario-al-evangelio-del-19-de-abril-de-2026/
- https://catholic-link.com/reflexiones-fe-esperanza/
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Palabra de Vida Mes de Abril: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” (Lucas 24, 29) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/