LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción:
La liturgia de este jueves de la octava de Pascua, nos invita a reconocer al Resucitado, quien transforma nuestro miedo en misión. Las lecturas nos muestran cómo Cristo, el autor de la vida, se hace presente en la comunidad para abrir nuestro entendimiento a las Escrituras, convirtiéndonos en testigos de su resurrección, paz y perdón.
El evangelio de Lucas narra la aparición en la que Jesús “abrió sus mentes para comprender las Escrituras”. Esta misión se cumple en la primera lectura, donde Pedro interpreta las Escrituras y anuncia la Resurrección, haciendo eco del Salmo, que celebra que Dios ha puesto a Cristo sobre la obra de sus manos. Ambos pasajes nos invitan, como miembros de la Iglesia hoy, a ser testigos de esta Buena Nueva
PRIMERA LECTURA de los Hechos de los Apóstoles 3, 11-26
Como el paralítico que había sido sanado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón.
Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: “Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de Él delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de Él, es la que lo ha sanado completamente, como ustedes pueden comprobar. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer.
Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados. Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. Él debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas.
Moisés, en efecto, dijo: “El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo”. Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días.
Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: “En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades”.
Reflexión:
Este texto nos invita a reflexionar acerce da como las obras que Dios realiza en la vida de uno redundan en beneficio de todos los que son testigos de este gran milagro. Sí, todos los que rodeaban a este hombre que fue paralítico, los que quizá unos minutos antes le echaron alguna moneda, reciben hoy la Buena Noticia, la gran fuente de la salud.
Aunque ellos tenían unas piernas capaces de andar, tenían el corazón paralizado, en mayor o menor medida (todos tenemos alguna parálisis cardiaca, en el sentido espiritual) y este anuncio de Pedro, por más que lo denuncia, les da una gran esperanza.
Ese Dios, al que mataron, no les manda desgracias ni les guarda rencor; sino que está esperándolos, porque, así como la fe en el Nombre de Jesús, muerto y resucitado por nosotros, hizo andar a un paralítico, puede volver a dar movimiento a tu corazón, a tu familia, a tu vida.
SALMO RESPONSORIAL 8, 2a. 5-9
¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!
Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies.
Todos los rebaños y ganados, y hasta los animales salvajes; las aves del cielo, los peces del mar y cuanto surca los senderos de las aguas.
Reflexión:
El salmo pregunta: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?”. En Pascua, la respuesta es clara: el hombre es tan valioso que Dios mismo se hizo hombre y murió para rescatarlo.
EVANGELIO según san Lucas 24, 35-48
Los discípulos, que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”.
Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: “¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo”.
Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: “¿Tienen aquí algo para comer?” Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; Él lo tomó y lo comió delante de todos.
Después les dijo: “Cuando todavía estaba con ustedes, Yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”.
Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto”.
Reflexión:
Hoy, Cristo resucitado saluda a los discípulos, nuevamente, con el deseo de la paz: «La paz con vosotros». Así disipa los temores y presentimientos que los Apóstoles han acumulado durante los días de pasión y de soledad.
Él no es un fantasma, es totalmente real, pero, a veces, el miedo en nuestra vida va tomando cuerpo como si fuese la única realidad. El relato de hoy insiste en la realidad física del Cuerpo de Cristo Resucitado. Así como oyes, la resurrección de Cristo no fue simplemente una “aparición espiritual en el corazón conturbado y culpabilizado de los discípulos, ni un consuelo espiritual o una visión fruto del gran trauma que supuso la muerte del Maestro.
En ocasiones es la falta de fe y de vida interior lo que va cambiando las cosas: el miedo pasa a ser la realidad y Cristo se desdibuja de nuestra vida. En cambio, la presencia de Cristo en la vida del cristiano aleja las dudas, ilumina nuestra existencia, especialmente los rincones que ninguna explicación humana puede esclarecer.
La resurrección de Cristo es lo que da sentido a todas las vicisitudes y sentimientos, lo que nos ayuda a recobrar la calma y a serenarnos en las tinieblas de nuestra vida. Las otras pequeñas luces que encontramos en la vida sólo tienen sentido en esta Luz.
Conclusión:
Cristo se quiere sentar en tu mesa, compartir contigo el pan. Cristo quiere llenar tu corazón. Salgamos hoy a saciar esa hambre que tiene Cristo.
Como dijo el Papa León XIV ‘La resurrección no es un giro teatral, es una transformación silenciosa que llena de sentido cada gesto humano. Jesús resucitado come una porción de pescado, se sienta con ellos a la mesa. En la Pascua de Cristo, la resurrección del Señor, todo puede convertirse en gracia, incluso las cosas más ordinarias: comer, trabajar, esperar, cuidar la casa, apoyar a un amigo’.
La resurrección no resta vida al tiempo y al esfuerzo, sino que cambia su sentido y su sabor. Cada gesto realizado en gratitud y comunión anticipa el Reino de Dios. Cristo necesita de nuestros detalles de servicio. Cristo necesita saciar su hambre.
Identifica las “pequeñas curaciones” o bendiciones que recibes cada día (un gesto amable, un problema resuelto, salud). Reconoce estas proezas de Dios en tu favor y compártelas con los demás; ser testigo hoy no requiere hacer milagros, sino señalar la presencia de Dios en los detalles del día a día
Oración para el Tiempo de Pascua
Señor Jesús Resucitado, Tú que venciste a la muerte y nos llenas de esperanza, renueva en nosotros la alegría de tu presencia viva.
Danos un corazón abierto para reconocer Tu Luz en cada hermano y hermana, en medio de nuestras comunidades y en el caminar de la historia.
Que la fuerza de Tu Resurrección nos impulse a llevar Tu Paz y Tu Amor a todos los rincones del mundo, siendo testigos valientes de Tu Evangelio. Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-04-09
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://evangeli.net/evangelio
- https://scispace.com/pdf/el-hombre-ante-dios-comentario-de-tomas-de-aquino-al-salmo-8-52x7xfidqs.pdf
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Abril: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” (Lucas 24, 29) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/