LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción:
En nuestro camino espiritual, encontramos valiosas lecciones de sabiduría en las Sagradas Escrituras que iluminan nuestra fe y guían nuestro actuar diario y hoy las lecturas nos enseñan sobre la importancia del perdón y la misericordia, así como sobre la necesidad de trabajar en unidad dentro de la comunidad cristiana. Estas lecciones no son simplemente relatos del pasado, sino guías prácticas para nuestro propio caminar de fe.
PRIMERA LECTURA del primer libro de Samuel 24, 3-21
Saúl reunió a tres mil hombres seleccionados entre todo Israel y partió en busca de David ysus hombres, hacia las Peñas de las Cabras salvajes. Al llegar a los corrales de ovejas que están junto al camino, donde había una cueva, Saúl entró a hacer sus necesidades. En el fondo de la cueva, estaban sentados David y sus hombres.
Ellos le dijeron: “Éste es el día en que el Señor te dice: “Yo pongo a tu enemigo en tus manos; tú lo tratarás como mejor te parezca””.
Entonces David se levantó y cortó sigilosamente el borde del manto de Saúl. Pero después le remordió la conciencia, por haber cortado el borde del manto de Saúl, y dijo a sus hombres: “¡Dios me libre de hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor! ¡No extenderé mi mano contra él, porque es el ungido del Señor!” Con estas palabras, David retuvo a sus hombres y no dejó que se abalanzaran sobre Saúl. Así Saúl abandonó la cueva y siguió su camino.
Después de esto, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: “¡Mi señor, el rey!”
Saúl miró hacia atrás, y David, inclinándose con el rostro en tierra, se postró y le dijo: “¿Por qué haces caso a los rumores de la gente, cuando dicen que David busca tu ruina? Hoy has visto con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos dentro de la cueva. Aquí se habló de matarte, pero yo tuve compasión de ti y dije: “No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido del Señor”.
¡Mira, padre mío, sí, mira en mi mano el borde de tu manto! Si yo corté el borde de tu manto y no te maté, tienes que comprender que no hay en mí ni perfidia ni rebeldía, y que no he pecado contra ti. ¡Eres tú el que me acechas para quitarme la vida! Que el Señor juzgue entre tú y yo, y que Él me vengue de ti. Pero mi mano no se alzará contra ti.
“La maldad engendra maldad”, dice el viejo refrán. Pero yo no alzaré mi mano contra ti. ¿Detrás de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién estás persiguiendo? ¡A un perro muerto!
¡A una pulga! ¡Que el Señor sea el árbitro y juzgue entre tú y yo; que Él examine y defienda mi causa, y me haga justicia, librándome de tu mano!”.
Cuando David terminó de dirigir estas palabras a Saúl, éste exclamó: “¿No es esa tu voz, hijo mío, David?”, y prorrumpió en sollozos. Luego dijo a David: “La justicia está de tu parte, no de la mía. Porque tú me has tratado bien y yo te he tratado mal. Hoy sí que has demostrado tu bondad para conmigo, porque el Señor me puso en tus manos y tú no me mataste. Cuando alguien encuentra a su enemigo, ¿lo deja seguir su camino tranquilamente? ¡Que el Señor te recompense por el bien que me has hecho hoy! Ahora sé muy bien que tú serás rey y que la realeza sobre Israel se mantendrá firme en tus manos”.
Reflexión:
El narrador de esta historia ha sabido recoger y describir con admirable sensibilidad el carácter y el talante de David. En la tradición bíblica la figura de este rey es entendida desde diversos ángulos y no todos exactamente convergentes.
En ese tiempo de violencias y de costumbres brutales, el autor del libro sagrado quiere, ciertamente, decirnos algo: David es un hombre que contrasta con su época. No se deja llevar por la violencia ni el odio. Sabe ser generoso con su perseguidor.
David vive ya un valor evangélico esencial.
«Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian.»
Sí, Señor, ésta será mi oración del DÍA DE HOY. Que la fuerza del evangelio del perdón penetre nuestro duro mundo… los hombres se dañan, se odian, se desprecian, se envidian… por doquier hay heridas abiertas…
Por doquier el perdón es la única solución, la del evangelio, la de David.
Yo mismo, ¿a quién debo perdonar HOY?
-Tus ojos han visto que el Señor te ha puesto en mis manos en la cueva, pero no he querido matarte, te he perdonado.
Además del perdón, hay aquí otro valor evangélico también esencial: el respeto a la vida.
Ante su adversario que quiere su muerte, David se niega a matarle.
No es necesario ser cristiano para reconocer en todo hombre una dignidad eminente. El respeto a la vida es patrimonio de la humanidad. Pero ha sido preciso que Cristo nos revelara toda su profundidad.
También Jesús conoció la tentación de la venganza, cuando Pedro le ofreció su espada, y hubiera sido legítimo que se defendiera. Finalmente, si Jesús se entregó a sus verdugos, si no tuvo una palabra para defenderse de los que le ultrajaban, si a todos perdonó, fue porque no dejó de «ver a los hombres con la mirada de su Padre». En el más pobre, en el más sucio y descuidado, en el más inhumano, en el más pecador, Jesús veía siempre a «un ser amado de Dios». Es ésta una moral nueva, que apunta ya en el corazón de David, el antepasado del Mesías. «Sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso». Imitar a Dios. ¡Qué empresa! Jesús en su persona, «derribó el odio y la enemistad» (Efesios 2, 14).
En cuanto a David, no se trata de una simple bondad del corazón, ni de una debilidad de carácter -toda su vida muestra que no es un débil-. De hecho el respeto embarga a David: ¡Dios está presente en ese hombre! ¡Saúl es el ungido del Señor! ¡Ese hombre ha sido consagrado por Dios! Efectivamente, a los ojos de Dios toda vida es preciosa, «tiene un precio».
SALMO RESPONSORIAL 56, 2-4.6.11
¡Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad!
Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad, porque mi alma se refugia en ti; yo me refugio a la sombra de tus alas hasta que pase la desgracia.
Invocaré a Dios, el Altísimo, al Dios que lo hace todo por mí: Él me enviará la salvación desde el cielo y humillará a los que me atacan. ¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad!
¡Levántate, Dios, por encima del cielo, y que tu gloria cubra toda la tierra! Porque tu misericordia se eleva hasta el cielo, y tu fidelidad hasta las nubes.
Reflexión:
Rodeado de enemigos domésticos y extraños, David con confianza invoca a Dios, expone sus quejas, y termina anticipando gozosa y confiadamente la continuación del amparo divino.
EVANGELIO según san Marcos 3, 13-19
Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce, a los que les dio el nombre de Apóstoles, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios.
Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
Reflexión:
San Marcos nos presenta a Jesús en la montaña, un lugar que alude a sitio de encuentro con Dios, en ese contexto de oración, llama a los doce a recibir formación espiritual; primero, invitándolos a estar con El que lo conozcan de cerca y reciben sus enseñanzas y aprenden de su testimonio. La segunda etapa es la acción, salir a predicar.
Hay diferentes caminos de responder a la vocación, no hay una única forma de respuesta. Del mismo modo que Jesús llama por su nombre a cada discípulo, y tras su nombre se esconden biografías diferentes, a historias diferentes, personalidades y caracteres diferentes. Toda la riqueza que supone la diversidad hace que el mosaico que nos muestra la Iglesia es la mejor forma de descubrir que hay sitio para todos. «En la casa de mi Padre, dirá Jesús, hay sitio para todos». Una comunidad como la de los discípulos en la que se visualiza la diferencia es el mejor regalo para que los hombres y las mujeres de hoy nos sintamos llamados por Jesús.
Ser cristianos, ser sus discípulos, es ser amigos de Jesús, estar con Él. Ninguna misión, ningún trabajo tiene sentido si primero no pasamos tiempo con Él, escuchándolo y conociéndolo. Antes de hacer, el Señor nos invita a ser sus discípulos.
Conclusión y Oración:
En una sociedad que suele olvidar la importancia de las virtudes, conviene recordar el testimonio de Jesús habla y actúa de modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor, así como el ejemplo de David, de repetar y perdonar.
Pidamos al Señor a tener Misericordia de nuestras faltas y que nos lleve con El a la Montaña y nos forme y envíe a llevar la luz de Su Presencia a los demás .
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-01-23
- https://studylight.org/commentaries/spa/jfu/psalms-56.html
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://es.catholic.net/op/articulos/12317/cat/331/eleccion-de-los-doce-apostoles.html#google_vignette
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/01/23/llamo-a-los-que-quiso/
- https://mercaba.org/FERIAS/TO/02semana_5viernes.htm
Palabra de Vida Mes de Enero “Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.” (Ef 4, 4) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/