- Os 14, 2-10
- Sal 80
- Mc 12, 28b-34
“Escucha mi Voz… Vuelve al Señor tu Dios… y ama al Señor tu Dios y al prójimo como a tí mismo. Tres frases que el Señor nos dice en la liturgia de hoy en la que nuevamente nos hace un llamado a a la conversión y al arrepentimiento, pues cuando por el pecado, dejamos de escucharlo, nos apartamos de El, sin embargo para que volvamos a El nos ofrece su Amor.
La primera lectura del libro de Óseas, uno de los libros de los Profetas Menores, escrito para recordar a los israelitas –y a nosotros- que el nuestro es un Dios de amor, cuya lealtad al pacto con Su pueblo es inalterable. A pesar del continuo extravío de Israel al ir tras falsos dioses, la fidelidad del amor de Dios siempre permanece.
Al final del texto de hoy nos dice: “…los caminos del Señor son rectos; los justos los transita, pero los traidores tropiezan en ellos”. El profeta lanza el último grito de alarma para la conversión del pueblo, el retorno al único y verdadero Señor. Si tropezaron cayendo desde la firmeza de su fe, que se conviertan ahora retornando la firmeza primitiva”.
Así es nuestro Dios, hagamos lo que hagamos, también cuando vamos en contra de sus indicaciones, El siempre tiene la mano levantada para perdonarnos y amarnos constantemente hasta el final.
En el Salmo, se alza la voz misma del Señor a través del oráculo del sacerdote en el templo de Sión: “Yo soy el Señor, Dios tuyo; escucha mi voz” y estas palabras divinas ocuparán gran parte del mismo.
Como siempre en la historia de la salvación, la última palabra en el contraste entre Dios y el pueblo pecador nunca es el juicio y el castigo, sino el amor y el perdón. Dios no quiere juzgar y condenar, sino salvar y librar a la humanidad del mal. Sigue repitiendo las palabras que leemos en el libro del profeta Óseas, “…Tomad vuestras promesas con vosotros y volver al Señor.”
Dame, Señor, la gracia de la memoria. Haz que tenga siempre ante los ojos, la pobreza de mi condición y el esplendor de tu redención.
El evangelio nos habla del Amor, y quizás, estamos muy familiarizados con él, pero no por ello debemos acostumbrarnos. Dios nos ha creado por amor. No quería un entretenimiento o unos esclavos que le alabasen para regocijarse de su grandeza. Su amor se desborda y nos crea para nuestra completa felicidad. Por ello el primer mandamiento nos devuelve a nuestro estado primigenio: amados por Dios gratuitamente y sólo podemos responder amándole con todo el corazón, con toda el alma, con todo nuestro ser. No hay que hacerse violencia para amar a Dios, no tenemos que ganar el amor de Dios sobre nosotros, nos ha sido dado gratuitamente y la esencia de nuestro ser consiste en amar a Dios, y este también se desborda amando al prójimo.
Definitivamente, estos amores resumen de forma sintética el único mandamiento para nuestras comunidades de fe, como dijo San Agustín: “Ama y has lo que quieras.” Y es que solo el Amor es capaz de sanar todo lo que el egoísmo enturbia. Creer en Dios es Amar de Corazón.
El Santo Padre subrayó que “la Palabra de Dios debe resonar, ser un eco dentro de nosotros. Cuando existe este eco interior, significa que el Señor habita nuestro corazón. Y nos dice, como a aquel buen escriba del Evangelio: “No estás lejos del Reino de Dios“.
Por ello, el Papa explicó que la tradición monástica indica que “la Palabra de Dios ha de ser rumiada”, es decir, que la Palabra de Dios “es tan nutritiva que debe llegar a todos los ámbitos de la vida: implicar, como dice Jesús hoy, todo el corazón, toda el alma, toda la inteligencia, todas las fuerzas…
Finalmente, el Papa invitó a preguntarnos “¿este mandamiento orienta realmente mi vida? ¿Este mandamiento se refleja en mi vida diaria?” y añadió que “nos hará bien esta noche, antes de dormirnos, hacer un examen de conciencia sobre esta Palabra, para ver si hoy hemos amado al Señor y hemos dado un poco de bien a los que nos hemos encontrado. Que cada encuentro sea dar un poco de bien, un poco de amor, que venga de esta Palabra”.
Les invito a que oremos con el Pontifice por el Jubileo 2025. Peregrinos de la Esperanza: “Señor, Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y La Paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos.
Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Diario Bíblico 2025. Misioneros Claretianos.
- Libro Busco Tu Rostro, autor Carlos G. Vallés.
- https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/preghiera.html.
- https://www.aciprensa.com/noticias/90645/papa-francisco-palabra-del-senor-no-puede-ser-recibida-como-cualquier-noticia-de-cronica
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2025/03/28/da-gratis-lo-que-has-recibido-gratis/
- https://www.franciscanos.org/oracion/salmo080.htm
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/28-3-2025/
Palabra de Vida Mes Marzo “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?” (Lc 6, 41) https://ciudadnueva.com.ar/marzo-2025/
Recopilado por Rosa Otárola D, /
Marzo 2025.
“Piensa bien, haz el bien, actúa bien y todo te saldra bien”
Sor Evelia 08/01/2013.