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Liturgia del 27 de febrero 2026. La Verdadera Espiritualidad .

Posted on febrero 27, 2026febrero 26, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA.

Introducción: 

Este tiempo de Cuaresma es un tiempo de gracia en el que debemos buscar la verdadera espiritualidad, basada la justicia; en la conversión de todo corazón y para ello practicar el Sacramento de la Reconciliación con el que busquemos como pecadores el perdón de Dios y de los hermanos que tengan una queja contra nosotros,  El Papa León XIV invita a convertirnos en “artesanos de la paz” mediante la oración, el ayuno y la caridad, renovando nuestras vidas a imagen de Cristo, el Justo, el que perdona nuestros pecados y no guarda memoria de ellos. 

PRIMERA LECTURA de la profecía de Ezequiel 18,21-28

Así habla el Señor Dios: Si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, seguramente vivirá, y no morirá.  

Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso deseo Yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva? Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido, morirá.

Ustedes dirán: “El proceder del Señor no es correcto”. Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido. Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida. Él ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.

Reflexión: 

Este texto nos habla de la justicia, pero para poder hablar de algo lo primero que debemos hacer es saber el significado de los términos que vamos a tratar. Si de lo que queremos tratar es de la Justicia, se complica un poco, porque, aunque la definición de justicia esté determinada por el diccionario, cada uno hace su interpretación de esa justicia. Incluso quienes dedican su vida a ponerla en práctica, a redactarla, a llevarla a la vida diaria, tienen su propia interpretación de la definición de justicia.

Para Dios hay una sola justicia, la que está basada en el amor, el amor incondicional, el que no mira lo ocurrido, el que no pide nada a cambio, el que es verdadero.

La justicia basada en el amor no puede estar al margen del perdón, pero no se puede vivir desde la hipocresía. La justicia debe comenzar por nosotros mismos, por medir en la balanza nuestra forma de vivir y de sentir, y a partir de ahí, darnos cuenta que no tenemos derecho a juzgar a los demás. 

Tenemos derecho a seguir mejorando cada día para que la Justicia que se imponga sea la del Amor, la que pone a la persona, con sus  fortalezas y debilidades, por encima de las ideas y prejuicios con los que nos movemos diariamente.

Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Hemos de aprender de la justicia divina, que busca el bien y lo crea a través del perdón que transforma al pecador.

 

SALMO RESPONSORIAL 129, 1-8

 Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?

Desde lo más profundo te invoco, Señor. ¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria. 

Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir? Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido. 

Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora. 

Como el centinela espera la aurora, espere Israel al Señor, porque en Él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: Él redimirá a Israel de todos sus pecados. 

Reflexión:

San Juan Pablo II nos explicaba que este “es un canto a la misericordia divina y a la reconciliación entre el pecador y el Señor, un Dios justo pero siempre dispuesto a mostrarse «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado» (Ex 34,6-7).

Comienza con una voz que brota de las profundidades del mal y de la culpa (cf. vv. 1-2). El orante se dirige al Señor, diciendo: «Desde lo hondo a ti grito, Señor». Luego, el Salmo se desarrolla en tres momentos dedicados al tema del pecado y del perdón. En primer lugar, se dirige a Dios, interpelándolo directamente con el «tú»: «Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto» (vv. 3-4).

Es significativo que lo que produce el temor, una actitud de respeto mezclado con amor, no es el castigo sino el perdón. Más que la ira de Dios, debe provocar en nosotros un santo temor su magnanimidad generosa y desarmante. En efecto, Dios no es un soberano inexorable que condena al culpable, sino un padre amoroso, al que debemos amar no por miedo a un castigo, sino por su bondad dispuesta a perdonar.

 En el centro del segundo momento está el «yo» del orante, que ya no se dirige al Señor, sino que habla de él: «Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela a la aurora» (vv. 5-6). Ahora en el corazón del salmista arrepentido florecen la espera, la esperanza, la certeza de que Dios pronunciará una palabra liberadora y borrará el pecado.

La tercera y última etapa en el desarrollo del Salmo se extiende a todo Israel, al pueblo a menudo pecador y consciente de la necesidad de la gracia salvífica de Dios: «Aguarde Israel al Señor (…); porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa: y él redimirá a Israel de todos sus delitos» (vv. 7-8).

La salvación personal, implorada antes por el orante, se extiende ahora a toda la comunidad. La fe del salmista se inserta en la fe histórica del pueblo de la alianza, «redimido» por el Señor no sólo de las angustias de la opresión egipcia, sino también «de todos sus delitos». Pensemos que el pueblo de la elección, el pueblo de Dios, somos ahora nosotros. También nuestra fe nos inserta en la fe común de la Iglesia. Y precisamente así nos da la certeza de que Dios es bueno con nosotros y nos libra de nuestras culpas.”

 

EVANGELIO según san Mateo 5, 20-26

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero Yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta, merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice, merece el infierno.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Reflexión:

En el Evangelio, el Señor, al hablarnos de lo que ocurre en nuestros corazones, nos incita a convertirnos. Nos llama a ser personas íntegras: «Deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano» , es decir, la fe que profesamos cuando celebramos la Liturgia debería influir en nuestra vida cotidiana y afectar a nuestra conducta. Por ello, Jesús nos pide que nos reconciliemos con nuestros enemigos. 

Afirmaba el Papa Benedicto XVI: “…si queremos presentarnos ante Él, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros. Por eso, es necesario aprender la gran lección del perdón: no dejar que se insinúe en el corazón la polilla del resentimiento, sino abrir el corazón a la magnanimidad de la escucha del otro, abrir el corazón a la comprensión, a la posible aceptación de sus disculpas y al generoso ofrecimiento de las propias”.

Conclusión:

Hoy en la liturgia el Señor nos llama a prácticar  verdadera espiritualidad, esa que  se nota en cómo tratamos a los que tenemos cerca, empezando por nuestra familia de sangre. No podemos decir que amamos a un Dios que no vemos si somos incapaces de respetar y valorar a la persona que tenemos justo en frente, a nuestro prójimo más próximo y  nos invita a no dejar para mañana ese perdón pendiente o esa disculpa que debemos; al final, estar bien con Dios empieza por tener la humildad de pedir perdón y la grandeza de perdonar para que nuestra oración sea realmente sincera.

Oración para el Tiempo de Cuaresma: 

Señor Jesús, Tu que en el desierto venciste el mal, danos fuerza para superar nuestras debilidades.

Que el ayuno nos despierte al hambre de justicia, la oración nos acerque a tu Corazón y nuestra generosidad sea signo de fraternidad.

Acompáñanos en este camino de conversión, para que lleguemos a la Pascua con un corazón renovado. Amén

 

Tomado de: 

  • Folleto La Misa de Cada Día
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-02-27
  • Diario Bíblico 2026. Misioneros Claaretianos.
  • https://evangeli.net/evangelio
  • https://www.franciscanos.org/oracion/salmo129.htm#:~:tex
  • https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
  • https://oracionyliturgia.archimadrid.org/category/comentario-a-las-lecturas/
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy

 

Palabra de Vida Mes de Febrero: «Mira que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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