- Is 7, 10-14. 8-10
- Sal 39
- Heb 10, 4-10
- Lc 1, 26-38
Nueve meses antes de la celebración de la Navidad, la Iglesia se reúne para celebrar una de las fiestas más entrañables de la liturgia cristiana, ella contemplada en el contexto de la cuaresma, nos recuerda que la Encarnación del Verbo de Dios se da, para cumplir la Voluntad del Padre que no quiere que alguno de nosotros se pierda, sino que todos nos salvemos. Día grande para vivirlo con fe y gratitud, como respuesta su manifestación de amor.
Al pie de la Cruz se produce nuestra anunciación, cuando Jesús dice a María: “Ahí tienes a tu hijo” No quiero imaginar los rostros de aquellos que participan en abortos y un día Dios Padre se los ponga delante, llenos de vida y plenitud, y les diga también: “Ahí tienes a tu hijo”
Esta fiesta nos muestra en la primera lectura, uno de los textos más descriptivos del hecho. A lo largo de la historia este texto ha sido interpretado en clave mesiánica. Isaías le ofrece a Ajaz un signo de parte de Yahvé, pero el rey lo rechaza. El profeta pronuncia unas palabras que transmiten un mensaje de confianza en Dios: el nacimiento de un heredero que será un gran rey, fiel a Yahvé y defenderá al reino frente a sus enemigos. Le pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros.
El Salmo, como a María nos invita a hacer la Voluntad del Padre y así ser partícipes del Plan de Salvación.
En la segunda lectura, el texto que hoy nos habla que el verdadero sacrificio es el que lleva a cabo Jesús, el Cordero de Dios que elimina los pecados; del ofrecimiento de Cristo que viene a cumplir la voluntad de Dios. Hermosa declaración de una realidad profunda: “He aquí que vengo… para hacer tu voluntad”.
El evangelio nos invita a meditar en lo que acontece en la Anunciación: una visita divina, una vida fecunda. La Virge que responde con docilidad y generosidad al plan de Dios, aunque esto signifique renunciar a lo que personalmente había soñado para sí. Ella se hace colaboradora y protagonista del plan redentor de Dios, y entonces, reflexionemos en las anunciaciones que Dios nos ha hecho y la docilidad o resistencia de nuestra respuesta.
Y afirma el Papa Francisco: “Ciertamente, el ritmo vertiginoso al que estamos sujetos parecería robarnos la esperanza y la alegría. Las presiones y la impotencia frente a tantas situaciones parecerían endurecernos el alma y hacernos insensibles a los muchos desafíos. Y paradójicamente, cuando todo se acelera para construir —en teoría— una sociedad mejor, al final no se tiene tiempo para nada ni para nadie. Perdemos el tiempo para la familia, el tiempo para la comunidad, perdemos el tiempo para la amistad, para la solidaridad y para la memoria. Nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo se puede experimentar la alegría del Evangelio hoy en nuestras ciudades? ¿Es posible la esperanza cristiana en esta situación, aquí y ahora? Estas dos preguntas atañen a nuestra identidad, a la vida de nuestras familias, de nuestros países y de nuestras ciudades. Atañen a la vida de nuestros hijos, de nuestros jóvenes y requieren de nosotros una nueva forma de situarnos en la historia. Si la alegría y la esperanza cristianas siguen siendo posibles, no podemos, no queremos quedarnos frente a tantas situaciones dolorosas como meros espectadores que miran el cielo esperando a que “deje de llover”. Todo lo que sucede nos obliga a mirar al presente con audacia, con la audacia de aquellos que saben que la alegría de la salvación asume forma en la vida cotidiana de la casa de una joven de Nazaret. Ante el desconcierto de María, frente a nuestro desconcierto, hay tres claves que el ángel nos da para ayudarnos a aceptar la misión que nos ha confiado.
1. Evocar la memoria
Lo primero que hace el ángel es evocar la memoria, abriendo así el presente de María a toda la historia de la salvación. Evoca la promesa hecha a David como fruto de la alianza con Jacob. María es la hija de la Alianza. También hoy, nosotros, estamos invitados a recordar, a mirar a nuestro pasado para no olvidar de dónde venimos.
La memoria nos ayuda a no permanecer prisioneros de discursos que siembran fracturas y divisiones como la única manera de resolver los conflictos. Evocar la memoria es el mejor antídoto del que disponemos frente a las soluciones mágicas de la división y del distanciamiento.
2. La pertenencia al Pueblo de Dios
La memoria permite a María apropiarse su pertenencia al Pueblo de Dios. ¡Nos hace bien recordar que somos miembros del Pueblo de Dios!
3. La posibilidad de lo imposible
«Nada es imposible para Dios» (Lucas 1, 37): así termina la respuesta del ángel a María. Cuando creemos que todo depende exclusivamente de nosotros permanecemos prisioneros de nuestras capacidades, de nuestras fuerzas, de nuestros horizontes miopes. Cuando, en cambio, estamos dispuestos a dejar que nos ayuden, a dejar que nos aconsejen, cuando nos abrimos a la gracia, parece que lo imposible empieza a hacerse realidad.
Como ayer, Dios sigue buscando aliados, sigue buscando hombres y mujeres capaces de creer, capaces de hacer memoria, de sentirse parte de su pueblo para cooperar con la creatividad del Espíritu. Dios sigue recorriendo nuestros barrios y nuestras calles, va a todas partes en busca de corazones capaces de escuchar su invitación y de hacerla convertirse en carne aquí y ahora. Parafraseando a san Ambrosio en su comentario sobre este pasaje, podemos decir: Dios sigue buscando corazones como el de María, dispuestos a creer incluso en condiciones absolutamente excepcionales. ¡Que el Señor aumente en nosotros esta fe y esperanza!
Les invito a orar con el Papa Francisco por el Jubileo 2025, Peregrinos de Esperanza: Señor, Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y La Paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos.
Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Diario Bíblico 2025. Misioneros Claretianos
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- https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/preghiera.html.
- https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2017/documents/papa-francesco_20170325_omelia-visitapastorale-milano.html
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2025/03/25/ahi-estamos-todos/
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Palabra de Vida Mes Marzo “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?” (Lc 6, 41) https://ciudadnueva.com.ar/marzo-2025/
Recopilado por Rosa Otárola D, /
Marzo 2025.
“Piensa bien, haz el bien, actúa bien y todo te saldra bien”
Sor Evelia 08/01/2013.