- Ex 19, 1-2. 9-11. 16-20b
- Dan 3, 53. 53. 54. 55. 56 explicación
- Mt 13, 10-17
La liturgia de hoy nos llama a la autoevaluación de nuestra conciencia creyente.
En el Éxodo, la presencia y acción de Dios, la reconocemos en sus mediaciones y en su obra creadora. Se presenta la salida de la muerte y la llegada a la tierra prometida por intervención del Dios soberano.
Dios no se cansa nunca de darnos oportunidades para establecer con Él una alianza duradera, eterna. En esta ocasión, sobre el Sinaí, Dios nuevamente toma la iniciativa y llama a su pueblo. Un pueblo que, aunque ha visto las grandezas de su Dios durante la salida de Egipto, no ha dudado en alejarse de su Salvador en cuanto ha creído ser libre. Sí, ha creído ser libre cayendo en una esclavitud mayor, quizá aun si cabe, que la física: la espiritual. Por eso mismo Dios, que ama sin cesar a su pueblo y busca modos de rescate, vuelve a bajar.
En el Sinaí establecerá una alianza, el decálogo. Éste no es una carga, sino un alivio; no es un sendero tortuoso, sino un gran boulevard; y, así, podríamos seguir poniendo ejemplos para decir que la Ley de Dios es la Voluntad de Dios y, claro está, esa voluntad no expresa otra cosa sino el amor de Dios hacia nosotros sus creaturas.
Dios baja y habla; Moisés sube y escucha. Este diálogo se establece al tomar Dios la iniciativa descendiendo a nosotros, mas nosotros debemos en libertad responder para continuar la conversación. Dios podría establecer el destino de cada uno y, sin embargo, cuenta con nosotros; por eso dialoga con nosotros y, por eso, pueden salir de nuestra boca las glorias y alabanzas de Daniel.
En el texto del Salmo, tomado de Daniel, el cántico de los tres jóvenes se une para alabar a Dios al no moriría resguardándolos la vida. El cual subraya la fidelidad a Dios incluso ante la adversidad y el poder de Dios para proteger a sus fieles. También resalta la grandeza de Dios, su santidad, su poder sobre el cosmos y su cercanía a su pueblo. El cántico es una expresión de gratitud y reconocimiento de la soberanía de Dios sobre toda la creación.
En el texto del evangelio vemos que los discípulos no entiende la opción de Jesús al hablarles en parábolas. El Papa Benedicto XVI, nos explica que les hablaba en parábolas, “para estimular precisamente la decisión, la conversión del corazón. Las parábolas, por su naturaleza, requieren un esfuerzo de interpretación, interpelan a la inteligencia, pero también la libertad»
Jesús les recuerda que para hacer presente el reino de la vida es de vital importancia: oír y ver. A nosotros hacer prevalecer la vida en todas sus formas, es algo que todavía nos cuesta, y, por lo tanto, hace incompleta nuestra predicación del Reino.
Dios está constantemente visitándonos; intentemos que nuestro trato con Jesús sea cercano y no lejano, tal como le trataban aquellos discípulos que estaban junto a Él, que le vieron y oyeron. No miremos a Jesús yendo del presente al pasado, sino del presente al presente, estemos realmente en su tiempo, un tiempo que no acaba. La oración -hablar con Dios- y la Eucaristía -recibirle- nos aseguran esta proximidad con Él y nos hacen realmente dichosos al mirarlo con ojos y oídos de fe. Recordamos la “alabanza” dirigida por Jesús a quienes se agrupaban junto a Él: «¡dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!», Y nos preguntamos: ¿Van dirigidas también a nosotros estas palabras de Jesús, o son únicamente para quienes lo vieron y escucharon directamente? Parece que los dichosos son ellos, pues tuvieron la suerte de convivir con Jesús, de permanecer física y sensiblemente a su lado. Mientras que nosotros nos contaríamos más bien entre los justos y profetas -¡sin ser justos ni profetas!- que habríamos querido ver y oír.
Como vemos en las palabras del evangelista Mateo, ni vemos ni oímos ni entendemos. ¿Cómo es posible que con todos los signos poderosos con los que Dios se manifiesta -nubes, humo, fuego, relámpagos, truenos, trompetas…- nos mantengamos alejados de su Palabra? Porque nuestro corazón está embotado; es decir, romo, rudo, debilitado, menos activo y eficaz.
¡Estamos enfermos del corazón! Por eso ni vemos ni oímos ni entendemos. ¿Dónde quedó el corazón del cristiano que le permitía conocer los secretos del Reino de los Cielos? Hemos de convertirnos para que el Señor nos cure y tengamos un corazón vivo, en lugar de uno atrofiado.
Por eso les invito a que, como nos lo pidió el Papa Francisco, sigamos orando por el Jubileo 2025, Peregrinos de Esperanza:
Señor, Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y La Paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos.
Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Diario Bíblico 2025. Misioneros Claretianos.
- https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/preghiera.html
- https://evangeli.net/evangelio/dia/2025-07-24
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/27-7-2017/
Palabra de Vida Mes Julio: Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.” (Lucas 10:33) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/
Recopilado por Rosa Otárola D, /
Julio 2025.
“Piensa bien, haz el bien, actúa bien y todo te saldra bien”
Sor Evelia 08/01/2013.