- Cant 3, 1-4a; o bien 2 Cor 5, 14-17
- Sal 62
- Jn 20, 1-3. 11-18
Celebramos hoy a Santa María Magdalena; y en las lecturas que se proclaman, encontramos algunos verbos que es importante meditar: buscar y encontrar, ver y escuchar.
La hermosura del Cantar de los Cantares, en esta fiesta de Santa María Magdalena, nos coloca ante el amor humano contemplado desde el amor divino.
En un contexto de enamoramiento, reconocemos a una mujer que busca a su amado luchando contra una cultura que paraliza y embrutece. Busca, pregunta, camina por rincones conocidos y desconocidos, hasta encontrarlo, consumando el amor.. Porque la búsqueda insatisfecha; la pregunta a los centinelas mientras recorres la vida, en la oscuridad de la fe, no termina de procurar descanso en la fatiga. Quedarse en ellos, frustra la búsqueda. Por eso dice: “En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma”.
Eso le pide Jesús a María, que no se quede en la experiencia pre pascual, porque se quedará sin la experiencia del amor definitivo, derramado en su corazón
El salmista perseguido busca a Dios y al encontrarlo descansa en su roca y fortaleza.
Cada uno de nosotros, decimos como el Salmista: “ Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invoncándote… porque fuiste mi auxilio y a la sombra de tus alas canto con júbilo”, pues sólo el amor de Dios colmará todas nuestras insatisfacciones, porque miramos al mundo y nos miramos en él y percibimos que un clamor compartido se alza: por más que se intenta resolver de mil maneras, permanece la frustración y sólo podemos concluir: “Mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene”.
En el itinerario evangélico de María de Magdala descubrimos algunos aspectos importantes de la fe:
En primer lugar, admiramos su valentía. La fe, aunque es un don de Dios, requiere coraje por parte del creyente. Lo natural en nosotros es tender a lo visible, a lo que se puede agarrar con la mano. Puesto que Dios es esencialmente invisible, la fe «siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto, porque implica la osadía de ver lo auténticamente real en aquello que no se ve» (Benedicto XVI). María viendo a Cristo resucitado “ve” también al Padre, al Señor.
Por otro lado, al “salto de la fe” «se llega por lo que la Biblia llama conversión o arrepentimiento: sólo quien cambia la recibe» (Benedicto XVI). ¿No fue éste el primer paso de María? ¿No ha de ser éste también un paso reiterado en nuestras vidas?
Y por último, ver y escucha. “He visto al Señor y ha dicho esto”. Ver y escuchar, porque se trata de eso. Ver al Señor resucitado y al mismo tiempo, escuchar lo que nos dice para llevarlo a los demás. Para ello hay que dejarse adentrar en una experiencia de amor (no de sentimentalismo devocional), para poder descubrir cómo el Señor se nos presenta hoy. María mira al resucitado aquella mañana y lo toma por el hortelano. Los de Emaús lo tuvieron caminando con ellos y solo lo reconocieron en la fracción del pan. María lo reconoce escuchando su voz. Nosotros tenemos que aprender a mirar y a escuchar, para reconocer su presencia siempre nueva.
Santa María Magdalena, apóstol de los apóstoles, la mujer a quien Jesús resucitado encarga comunique a los discípulos un extraordinario mensaje: “Ve y diles a mis hermanos: subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”. Evangeliza a los llamados a evangelizar.
Y en nuestros días, su testimonio y lo vivido por ella, cobra un especial relieve. Experimentó el amor misericordioso de Jesús. Se sintió amada y perdonada; elegida y enviada, habiendo experimentado en sí misma primero, lo que tendría que anunciar después. Porque, aferrada a la experiencia pre pascual, pretendió anclarse en ella y es el Señor mismo quien la aparta y la resitúa en la novedad que surge de la muerte y la resurrección. Una experiencia que transforma la vida y la misión.
La Iglesia y en ella cada bautizado, ha de escuchar constantemente el anuncio siempre nuevo de la presencia del resucitado y a partir de ahí, proclamar, desde la noche luminosa de la fe, la única luz que puede alumbrar a todo hombre y la historia misma de la humanidad, por ello hoy sigamos orando, como nos indicó el Papa Francisco, para que la Luz del Jubileo 2025, Peregrinos de Esperanza, siga forjando nuestro camino como bautizados:
Señor, Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y La Paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos.
Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Diario Bíblico 2025. Misioneros Claretianos.
- https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/preghiera.html
- https://evangeli.net/evangelio/dia/2025-07-22
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Palabra de Vida Mes Julio: Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.” (Lucas 10:33) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/
Recopilado por Rosa Otárola D, /
Julio 2025.
“Piensa bien, haz el bien, actúa bien y todo te saldra bien”
Sor Evelia 08/01/2013.