LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción:
Hoy celenramos la fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José, y lo que pudo aparecer como cumplimiento de la ley mosaica se convirtió, en realidad, en su encuentro con el pueblo creyente y gozoso.
Las lecturas nos presenta el Señor como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel , pues , el “Rey de la gloría” es, ahora, un pequeño recién nacido de 40 días, que es llevado al templo para ser ofrecido a Dios, según la prescripción de la ley de Moisés. ¿Quién es, en realidad, este recién nacido? La respuesta a esta pregunta, fundamental para la historia del mundo y de la humanidad, la da proféticamente el anciano Simeón, quien, estrechando al Niño entre los brazos, ve e intuye en El “la salvación” de Dios, la “luz para alumbrar a las naciones”, la “gloria” del pueblo de Israel, la “ruina y la resurrección de muchos en Israel”, el “signo de contradicción”. Todo esto es ese Niño, que, aun siendo “Rey de la gloria”, “Señor del templo”, entra allí por vez primera, en silencio, en ocultamiento y en fragilidad de naturaleza humana, por eso hoy es una fiesta de luz, porque este misterio ilumina nuestra vida. Ilumina la vida de todo el mundo, del universo entero, porque hoy se ha revelado que Jesucristo es el verdadero cordero, ese verdadero sacrificio que salva a todos los hombres. Por eso es el rito de bendición de las candelas, esa lucecita que nos recuerda nuestra salvación. Que recordemos siempre que Jesucristo luz del mundo, es nuestro Salvador.
PRIMERA LECTURA de la profecía de Malaquías 3, 1-4
Así habla el Señor Dios:
Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Ángel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque Él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos.
Él se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia. La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.
También tenemos como opción hoy:
De la carta a los Hebreos 2, 14-18
Hermanos:
Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, Jesús también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquél que tenía el dominio de la muerte, es decir, al diablo, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.
Porque Él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, Él puede ayudar a aquéllos que están sometidos a la prueba.
Reflexión del texto de Malaquías:
Este pasaje se considera como la “profecía” de cumplimiento del relato de Lucas sobre la presentación de Jesús en el templo. Un relato, que tiene más de simbólico y teológico que de histórico, aunque no quiere decir que el hecho no sea histórico en sí. Resaltamos que en él se a “mi mensajero… el Señor.. el mensajero de la alianza”, cumplimiento del relato de Lucas sobre la presentación de Jesús en el templo.
SALMO RESPONSORIAL 23, 7-10
El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.
¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates.
¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.
Reflexión
Este Salmo se cantaba mientras el arca era llevada al Templo en procesión y evoca la Gloria de Dios y los deberes de los que lo anhelamos.
EVANGELIO según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él.
Reflexión:
en la Presentación de Jesús en el Templo, sus padres cumplen con esta ley, acuden al Templo a presentar a Jesús, llevan esas dos tórtolas, porque son pobres y las entregan, pero aquí lo que realmente está ocurriendo es que el que es presentado en el Templo, es el mismo que verdaderamente se va a ofrecer en sacrificio. ¿Por quién? ¿a cambio de la vida de quién? nosotros, por nuestra salvación. Y él es el que va a ser sacrificado más adelante ,en la Cruz, dando de esa manera fin a todos los sacrificios. Ya no será necesario entregar nada a cambio de nuestra vida, por que El ya se ha entregado de una vez para siempre. Él es el verdadero Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo, que con su sacrificio nos ha limpiado, nos ha salvado. Su sangre será el signo de la Nueva Alianza, su sangre es la que hace que pase de nosotros el castigo merecido por los pecados.
Esto nos lleva a la Santa Misa, que es donde cada día le ofrecemos a Dios aquello mismo que El ha puesto en nuestras manos para que podamos ofreecérselo. Ya no tenemos que ofrecerle nada a Dios a cambio de nuestra vida. Nada nuestro. No tenemos que ofrecernos ni siquiera a nosotros mismos, porque se nos ha puesto en las manos el sacrificio perfecto. La víctima perfecta, el rescate perfecto, que es el Cuerpo y la Sangre del Señor, que ofrecemos a Dios cotidianamente.
Por eso cuando Jesús es presentado en el Templo, aquel hombre Simeón, se llena de alegría y proclama que por fin ha visto la salvación, por fin ha visto ese cumplimiento de todos los sacrificios, de todos esos deseos de salvación que su pueblo había estado alimentando durante siglos. Por eso dice «ahora, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos ya han visto a tu Salvador que ha sido presentado ante todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones».
Conclusión y Oración:
Les invito a que, como María y José, llegaron con el Niño Jesús al templo para presentarlo y consagrarlo a Dios, por eso es el día de la vida consagrada, que nosotros también, cada uno de nosotros, nos pongamos en ese niño.
María y José llevaban al Niño Jesús a presentarlo al Señor. Nosotros vamos en el corazón de Jesús. Pongámonos nosotros ahí también, pongamos nuestra familia y consagrémosla al Señor, pongamos nuestro matrimonio y consagrémoslo al Señor, pongamos a nuestros hijos y consagrémoslos al Señor.
Que unidos a tu Hijo Jesucristo, Padre, yo también sea ofrenda agradable ante tus ojos. Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Biblia Latinoamericana.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia.php
- https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy.html
- https://evangeli.net/evangelio
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/02/02/ay-candela/
- https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/2-2-2025
Palabra de Vida Mes de febrero «Mira que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5)
https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/