LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción:
Con esta celebración estamos dando inicio al Triduo Pascual.
La atención de los celebrantes se centra en el recuerdo de la institución de la Eucaristía, del Orden sacerdotal y el mandamiento de la caridad fraterna.
Durante la Misa Crismal del Jueves Santo, celbramos el Orden Sacerdotal como un don instituido por Jesús, día en que los sacerdotes del mundo entero renuevan sus promesas ante el obispo.
Es el día para celebrar, agradecer y adorar al “Amor de los amores”. Hoy nos sentimos más hermanos, más cerca, más unidos.
Sobran las palabras. Una imagen nos lo dice todo. Al ver a Jesús arrodillado ante cada apóstol en el gesto servicial de lavar los pies descubrimos lo que fue su vida y el sentido de nuestra existencia. Sin palabras nos enseña que el amor al prójimo, sin límites, y arrodillado si hace falta, es el distintivo del discípulo de Cristo. Que nos amemos, sólo eso nos pide. Nada más y ¡nada menos!
Hoy todos estamos invitados a cenar. Es una cena de despedida en la que no falta tristeza, nostalgia, confidencias, y emoción. Cada templo hoy es un cenáculo. Alrededor de cada altar, en familia, los cristianos nos reunimos este día solemne. Hoy convergen la Eucaristía, el amor fraterno y el sacerdocio. Tres momentos de un mismo paso. La Eucaristía confiada a la Iglesia mediante el Orden Sacerdotal es memorial de su entrega. Desde ella somos enviados a hacernos también nosotros pan, un pan partido, y compartido para el mundo.
PRIMERA LECTURA, del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de los hijos de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer”. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo comáis. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.
Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.
Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejaréis».
Reflexión:
La Pascua, antes, era la fiesta de la primavera; propiamente era fiesta de los pastores nómadas que debían comenzar su nueva peregrinación con los ganados en busca de pastos, y para ello ofrecían sus primicias de ganados buscando ser protegidos y bendecidos. Por tanto, el sentido de “salir”, de “peregrinar” tenía ya un sentido ancestral que el pueblo de Israel asumirá con la salida y la liberación de Egipto y con la ofrenda de los animales y su sangre para que fueran protegidos por el “ángel del Señor”.
La fiesta de los panes sin levadura, que duraba siete días y seguía inmediatamente a la Pascua, llegó a considerarse como parte de ésta, aunque tenía un sentido distinto y era propio de grupos sedentarizados y no ya nómadas. En este texto se nos narra la razón por la cual los judíos celebraban la fiesta pascual. Este es el contexto más adecuado para todo lo que se celebra en las grandes fiestas judías porque ha de coincidir con los últimos momentos de la vida de Jesús y con la última cena de Jesús, fuera ésta una cena pascual o de despedida de los suyos.
Este texto no es para que lo tomemos como un interesante recuerdo, sino que es un memorial, es decir, un acontecimiento cuya vigencia permanente, nos invita a comprometernos con la liberación de los hermanos.
SALMO RESPONSORIAL 115, 12-13. 15-16. 17-18 R/. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Reflexión:
Al dar gracias, el salmista recuerda su desgracia pasada, pero ha puesto su confianza en Dios, el único veraz, ante el cual todo hombre es mentiroso. La mentira del hombre salpicó también a Jesús, el justo, clavado en la cruz por mano de los impíos.
Frecuentemente caemos en desgracia a los demás, y no siempre con justicia. En cambio, a pesar de nuestras maldades y de los desafíos pecaminosos de nuestra vida, Dios Padre adopta con nosotros una perenne e inconmovible actitud de gracia. El no tolera nuestra muerte -«mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles»-, y por eso la ha exterminado con la resurrección de su Hijo Jesús; no soporta nuestra falta de libertad y por eso rompió nuestras cadenas en la muerte de Cristo, hecho esclavo por nosotros.
La frase: “El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo”, nos debe resonar en lo más profundo de nuestro ser hasta que nos lleve a recordar que la sangre de Cristo es el sello de la nueva alianza que nos une a Dios y entre nosotros.
SEGUNDA LECTURA de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26
Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Reflexión:
Nos explica el Cardenal y Predicador de la Casa Pontificia Rainiero Cantalamesa: “Pocas veces se habla del significado eclesial de la consagración eucarística. Sin embargo, es allí donde reside el núcleo del misterio. En el momento de la consagración, nosotros, los sacerdotes, espontáneamente nos trasladamos en espíritu al Cenáculo y nos unimos a Jesús, en el instante en que -como lo escuchamos en el Evangelio de hoy- tomó el pan y, pronunciada la bendición, lo partió y se los dio a ellos, diciendo: “Tomen, esto es mi cuerpo”. ¿Pero es realmente justo hacer así? ¿Es de veras sólo el Jesús de entonces, el Jesús histórico, el sujeto que, dentro de poco, en nuestra Misa, pronunciará esas palabras? ¿O acaso no es el Cristo de ahora, el Cristo resucitado, el Cristo total, es decir, Cabeza y cuerpo, quien dice: Tomen, coman, esto es mi cuerpo? Si es así, entonces se comprende por qué san Agustín nos dijo que “es nuestro misterio el que se celebra en el altar”. Somos todos nosotros, en calidad de Iglesia, los que debemos decir con la Cabeza: “Tomen, coman, esto es mi cuerpo”.
Por cierto, hay una gran diferencia: Jesús tiene para dar algo único: su Cuerpo es expiación y salvación: su Sangre es sangre de la Alianza (1 lectura) y purifica a las conciencias de las obras de muerte (2 lectura). ¿Qué daremos de nosotros? Debemos dar lo que tenemos: nuestro tiempo, nuestro afecto, la capacidad profesional, el sostén moral.
Tratemos de verificar, cada uno en nosotros mismos, cómo podría traducirse en la vida cotidiana aquel “Tomen, coman, esto es mi cuerpo ofrecido en sacrificio por ustedes”. Que pruebe y lo diga una madre, tácitamente, al iniciar su jornada. Que pruebe y lo diga un padre de familia: qué sentido nuevo adquiere bajo esa luz su sudor cotidiano! Que pruebe y lo diga una religiosa y, sobre todo, un párroco, que se consagró particularmente a esto. Toda la vida se convierte en una Eucaristía.
Éste es el sentido profundo de las palabras de Jesús: Hagan esto en memoria mía: hagan a los otros lo mismo que yo hice por ustedes; hagan lo que hice yo; así como yo me di por ustedes, así den ustedes, consúmanse los unos por los otros. Se realiza así la frase misteriosa de san Pablo: Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia (cfr. Col. 1, 24). Dar, darse, pueden sugerir la idea de que la Eucaristía sea sólo sacrificio y despojamiento y, sin embargo, allí radica el secreto de la verdadera felicidad porque -dijo Jesús- la felicidad está más bien en dar que en recibir (Hech. 20, 35).
EVANGELIO según san Juan 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y este le dice: Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
Jesús le replicó: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.
Pedro le dice: No me lavarás los pies jamás.
Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes parte conmigo.
Simón Pedro le dice: Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza.
Jesús le dice: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: No todos estáis limpios.
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.
Reflexión:
Nos explicaba el Papa Francisco «Vivir supone ensuciarse los pies por los caminos polvorientos de la vida, de la historia. Todos tenemos necesidad de ser purificados, de ser lavados». Y es que el lavatorio de los pies es una forma concreta de demostrar como Dios mismo se pone al servicio de los hombres. Jesús, que en su vida y en su forma de actuar nos manifiesta/revela como es Dios, se inclina ante sus hermanos y les lava los pies. ¡Lo que en aquel momento hacían los esclavos! ¡Dios se hace esclavo nuestro! Dios se pone a nuestro servicio. Su amor es realmente amor y entrega hasta el final.
El lavatorio de los pies adquiere esa dimensión tan particular que representa su muerte, como signo del amor consumado a sus discípulos. Diríamos que Jesús se ciñe para no morir odiando, sino amando. Esta es la guerra, como hemos dicho, entre la luz y las tinieblas, entre el proyecto de Dios y el del mundo. Jesús va hacia su propia muerte, representada prolépticamente (adelantada proféticamenmte) en el lavatorio de los pies, luchando, ceñido con el cinturón de la paz. Va a morir por todos, por eso lava también los pies a Judas que está sentado a la mesa. Y Jesús les seca los pies con el paño ceñido, sin quitarlo, porque muere luchando; no le han impuesto la muerte desde fuera según la visión joánica. Ese cinturón no volverá a quitarlo, es una imagen más, como deja traslucir Jn 13,12, en el sentido de que lo llevará hasta el momento de la cruz en que se cumple real y teológicamente su hora (cf. Jn 7,30; 8,20), que es también la hora de la glorificación (cf. Jn 12,23). Jesús, pues, se ciñe para su muerte, para su hora, porque en su muerte está la victoria divina sobre el odio del mundo
Las palabras de Jesús al terminar su gesto de lavar los pies a sus discípulos deben ser una orden para nosotros: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.” Sobran más palabras.
Conclusión:
Nos acercamos al momento central de la vida de Jesús, que se convierte en el momento central de toda vida humana. Lo que vivimos el Jueves Santo es la revelación que ilumina el misterio de la humanidad. Nuestra vida es un conjunto de pasividades y de actividades. Tenemos que aprender tanto a acoger, a recibir, a esperar. Como a proponer, a actuar, a tener iniciativas y creatividad. Y la última cena es un ejemplo clarísimo de esa recepción de vida, y de esa participación y construcción activa de la realidad. Jesús sabe que su final se acerca. El orgullo y la soberbia de las autoridades religiosas se ha visto herido. Su protagonismo, su influencia, su relevancia social se ha visto amenazada. Y la decisión de acabar con el causante de esa revolución está decidida. Todo el mecanismo de la fuerza y del poder se pone en marcha.
Esa tensión se nota en el ambiente de los apóstoles. Hay nervios, hay desconcierto. Y Jesús acoge de forma pasiva lo que es la tradición judía. Vamos a celebrar la cena de Pascua. Vamos a recordar todas las acciones salvadoras de Dios con nuestro pueblo. Vamos a rodearnos de un espíritu de gratitud, del que cantan los salmos. En ese ambiente de recepción acogedora de todo lo que Dios ha hecho en nuestro pasado. Pero Jesús nota que toda esa historia de grandes maravillas asociadas al pueblo de Israel, todavía quedan lejos del corazón de sus discípulos. Necesitan actualizar, hacer real, sentir hoy aquí, ahora, con estos. En eso nos podemos sentir identificados. Sabemos muchas cosas de Jesús, hemos vivido otras pascuas y hemos experimentado su amor. Pero es necesario volverlo a sentir, hoy, aquí, a la edad que yo tengo, en medio de las circunstancias que vivo.
Eso es lo que le hace a Jesús pasar de la pasividad del que acoge, a la creatividad de quien expresa con gestos y con palabras. Eso nos falta muchísimo, poder vehicular, poder encontrar gestos que sorprendan, palabras que lleguen. Y Jesús se levanta, se ciñe una toalla, y se pone a lavar los pies. En ese gesto se esconde todo lo que ha dicho durante sus años de vida pública. Era una declaración de amor, de fe, de admiración, de cariño. Y eso mismo decidió el hacer con sus discípulos. Las dudas, los miedos, los cálculos, los riesgos, se diluyen frente a la cercanía de una vida que se compromete con la tuya. El amor del Dios invisible se vuelve cercanía a través de los gestos que nos acercan al otro. Por eso Jesús tiene una prioridad, hacer sentir que Dios ama mi realidad, su amor es real, perceptible, palpable. Por eso el lavatorio, por eso la eucaristía. Que esta celebración nos coja acogedores a un derroche de amor, y despierte la creatividad de nuestros gestos y de nuestras palabras para hacer sentir a los demás que tenemos a Dios muy cerca de nosotros.
Oración:
Padre celestial, fortalece mi fe y mi corazón, para que siempre recuerde que en el servicio a los demás estoy siguiendo tus pasos. Señor Jesús, acompáñame en este día de tu Cena, para que pueda comprender más profundamente el sacrificio que hiciste por mí y por toda la humanidad y para que mis acciones reflejen tu Amor y mi vida sea un testimonio de la entrega que nos mostraste en tu Última Cena. Amén
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.mscperu.org/domingos/Cuaresma%20Pascua%20Fiestas/cuarpascfiestB/domBpas10Corpuscoment.htm#Comentario_Teol%C3%B3gico:_R._P._Cantalamessa_ofmcap._-_La_Eucarist%C3%ADa_hace_a_la_Iglesia__.
- https://www.franciscanos.org/oracion/salmo115.htm#:~:text=Oraci%C3%B3n%20I:%20Jes%C3%BAs%2C%20el%20siervo,Am%C3%A9n.
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/04/02/comprendeis-lo-que-he-hecho-con-vosotros/
- https://www.ciudadredonda.org/events/comentario-al-evangelio-del-2-de-abril-de-2026/
- https://evangeli.net/evangelio
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
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