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Liturgia del 17 de marzo 2026. El agua.

Posted on marzo 17, 2026marzo 16, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA. 

Introducción: 

Las lecturas hoy nos presentan el agua –agua por todas partes del Templo y el agua de la piscina de Siloé– como algo bueno, dador de vida. Según vamos avanzando hacia la Pascua, los temas de luz, agua y vida se van presentando como preparación catecumenal, hacia la Vigilia Pascual, en la que celebraremos el fuego nuevo, la luz del resucitado, el agua bautismal.

El agua puede traer vida o destrucción; sine embargo destrucción por agua y vida por agua no son cosas incompatibles. Al fin y al cabo, la vida nueva que celebramos es la gracia bautismal, y bautismo significa sepultura… El agua que sepulta lo antiguo, al “hombre viejo”, y el agua en que somos sepultados con Cristo para resucitar con El. 

Tenemos que reconocer, una vez más, nuestra sepultura en Cristo y la nueva vida que nos impulsa a la misión evangelizadora y emprender nuestra  tarea bautismal de enterrar y dar vida, de ir a todos los rincones de la tierra ¡El llamado  de evangelizar es ahora!

 

PRIMERA LECTURA de la profecía de Ezequiel 40, 1-9. 12

El ángel me llevó a la entrada de la Casa del Señor y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.

Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura. Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable.

El hombre me dijo: “¿Has visto, hijo de hombre?”, y me hizo volver a la orilla del torrente. Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda.

Entonces me dijo: “Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente. 

Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio”.

Reflexión:

El profeta nos introduce en la esperanza de un Dios que Vive más allá de los templos de piedra y preludia la promesa cierta de ese Templo al que se adora a Dios en Espíritu y Verdad, el Templo del Corazón humano donde Él siempre nos espera.

Hay también una Promesa de parte de Dios que simboliza esa agua que fluye del Templo Vivo y Eterno donde siempre está Él, simboliza la sanidad y vida que emana de Dios. Una agua que da vida, que recrea el Paraíso, agua “viva” como la que Jesús promete a la Samaritana.

 

SALMO RESPONSORIAL 45, 2-3. 5-6. 8-9

 ¡El Señor está con nosotros!

El Señor es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros. Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. 

Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios, la más santa Morada del Altísimo. El Señor está en medio de ella: nunca vacilará; Él la socorrerá al despuntar la aurora. 

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Vengan a contemplar las obras del Señor, Él hace cosas admirables en la tierra. 

Reflexión:

El Señor del universo está con nosotros” , nos dice el Salmista ,asegurándonos su compañía en la renovación de nuestra vida cuaresmal, subraayando su proteccion como refugio y fuerza en medio de las dificultades y animándonos e encontrar seguridad en Su Presencia. 

 

EVANGELIO según san Juan 5, 1-3a. 5-18

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 

Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo “Betsata”, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos.

Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: “¿Quieres sanarte?” Él respondió: “Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes”.

Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y camina”. En seguida el hombre se sanó, tomó su camilla y empezó a caminar. 

Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser sanado: “Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla”. Él les respondió: “El que me sanó me dijo: “Toma tu camilla y camina”“. Ellos le preguntaron: “¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina’?” Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.

Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: “Has sido sanado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía”. El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había sanado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado. Él les respondió: “Mi Padre trabaja siempre, y Yo también trabajo”. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.

Reflexión:

San Juan nos habla de la escena de la piscina de Betsaida. Parecía, más bien, una sala de espera de un hospital de trauma: «Yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos». Jesús se dejó caer por allí.

Esta historia del hombre en la piscina de Betesdá nos pone un espejo frente a nosotros y nos obliga a hacernos una pregunta muy honesta en esta Cuaresma ¿realmente queremos sanar o ya nos acomodamos en nuestra enfermedad?

¡Es curioso!: Jesús siempre está en medio de los problemas. Allí donde haya algo para “liberar”, para hacer feliz a la gente, allí está Él. Los fariseos, en cambio, sólo pensaban en si era sábado. Su mala fe mataba el espíritu.

Afirma el Papa León XIV: ” Aquella piscina se llamaba Betzatá, que significa “casa de la misericordia”: podría ser una imagen de la Iglesia, en donde los enfermos y los pobres se juntan y hasta donde el Señor llega para sanar y donar esperanza”

“Aquello que muchas veces nos paraliza es precisamente la desilusión. Nos sentimos desanimados y corremos el riesgo de caer en la dejadez”

“Ese camastro no se deja o se echa: representa su pasado de enfermedad, es su historia. Hasta aquel momento el pasado lo ha bloqueado; lo ha obligado a yacer como un muerto. Ahora es él que puede cargar aquella camilla y llevarla a donde quiera: ¡puede decidir qué cosa hacer con su historia!”

Hoy también les invito, si quieren profundizar en este texto a visitar en mi página esta reflexión: https://vive-feliz.club/senales-de-dios-parte-4-el-paralitico-de-betesda-tercer-milagro/

Conclusión: 

Hoy el Señor nos brinda el simbolismo del agua y noos invita a sumergirnos en el torrente hasta que nos lavemos  nuestros pecados y a no esperar a que el agua se moviera ni a que alguien viniera a cargarlo; le pidió que hiciera precisamente aquello que pensaba que era imposible. «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».

Es una palabra que despierta al hombre de su parálisis, no solo física, sino también interior. De repente ya no está condenado a esperar. Puede levantarse. Dios ya puso su parte, pero a nosotros nos toca la acción de levantarnos; en el día a día esto significa dejar de esperar que las condiciones sean perfectas para cambiar. La Cuaresma es el tiempo de dejar de mirar la piscina de los lamentos y empezar a caminar con la fuerza que el Señor nos da y caminar  progresivamente donde aumenta la  profundidad (tobillos, rodillas, cintura, torrente inasable); lo que simboliza el crecimiento espiritual, la gracia de Dios y la restauración divina que fluye de la presencia de Dios, volviéndose inmensa, imparable y vivificadora, cubriendo todo a su paso.

No dejes que el milagro se pierda por volver a los mismos errores de siempre. Levantar la camilla es el primer paso, pero caminar en el agua hacia una vida nueva es la tarea que tenemos todos los días.

Oración para el Tiempo de Cuaresma:

Señor Jesús, Tú que en el desierto venciste al mal, danos fuerza para superar nuestras debilidades.

Que el ayuno nos despierte al hambre de justicia, la oración nos acerque a Tu corazón y que nuestra generosidad sea signo de fraternidad.

Acompáñanos en este camino de conversión, para que lleguemos a La Pascua con un corazón renovado. Amén.

Tomado de: 

  • Folleto La Misa de Cada Día.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-03-17
  • Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos. 
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
  • https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
  • https://evangeli.net/evangelio
  • https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/03/17

Palabra de Vida Mes de Marzo.«Levántense, no tengan miedo.» Mt 17,7 https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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