LITURGIA DE LA PALABRA:
LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción:
En Cuaresma,se nos invita cada año, a emprender un camino interior que no es sencillo: se trata de dejar atrás seguridades, revisar lo que nos ata, escuchar de nuevo la voz de Dios que nos llama por nuestro nombre. Este domingo, la liturgia nos invita, a confiar, a vivir nuestra vocación con firmeza y a contemplar la Gloria de Cristo, que fortalece para seguir en el Camino hacia la Pascua.
PRIMERA LECTURA del libro del Génesis 12, 1-4a
El Señor dijo a Abrám: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que Yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra”. Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado.
Reflexión:
El relato de la vocación de Abrahán abre las lecturas de este segundo domingo de cuaresma. Es un relato que viene a manifestar la promesa de Dios que nunca abandonará a la humanidad.
Dios le pide algo radical: “Sal de tu tierra…”. Salir de la tierra significa romper con lo que da seguridad, con lo que define la identidad, con lo que uno controla, con lo que hoy llamamos zona de confort. La fe bíblica no comienza con una idea, sino con un movimiento: ponerse en camino hacia una tierra que Dios mostrará, no hacia una meta conocida.
La promesa que acompaña esta llamada es desbordante: bendición (hasta 5 veces aparece la palabra en dos versículos), fecundidad, un nombre nuevo, una misión universal.
La Cuaresma nos sitúa en la misma dinámica: Dios nos invita a dejar atrás aquello que nos impide reconocerlo como Señor de nuestras vidas. A veces son apegos, otras miedos, otras heridas que no hemos entregado. La fe es confianza activa: “Partió Abrahán, como le había dicho el Señor”.
En Abrahán descubrimos que la historia de salvación comienza cuando alguien se atreve a creer que Dios puede hacer nuevas todas las cosas. Su salida anticipa todas las “salidas” que Dios pedirá a su pueblo: el Éxodo, el retorno del destierro, el seguimiento de Jesús. Cada creyente está llamado a vivir su propio éxodo interior.
SALMO RESPONSORIAL 32 ,4-5. 18-20. 22
Señor, que descienda tu amor sobre nosotros.
La palabra del Señor es recta y Él obra siempre con lealtad; Él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia.
Nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.
Reflexión:
El Salmista, conecta la necesidad humana de la misericordia divina con la revelación gloriosa de Jesús, animando a los fieles a confiar y seguir en el camino interior de conversión propio de la Cuaresma.
SEGUNDA LECTURA de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10
Querido hijo: Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. Él nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. Porque Él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia.
Reflexión
Pablo anima a Timoteo, quien como nosotros, experimenta miedo, cansancio, dudas, a no avergonzarse del Evangelio ni del sufrimiento que lleva consigo. La fe no es evasión, sino compromiso. Anunciar a Cristo implica cargar con la fragilidad propia y ajena, sostener la esperanza cuando todo parece oscuro.
El texto subraya algo esencial: la vocación cristiana no nace de nuestras obras, sino de la gracia. Dios nos ha salvado y nos ha llamado desde la eternidad. Esa gracia se ha manifestado plenamente en Cristo, que ha destruido la muerte y ha hecho brillar la vida.
EVANGELIO según san Mateo 17, 1-9
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: “Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.
Reflexión:
El Evangelio nos conduce a un monte de luz y de pocas palabras, donde Dios deja entrever la verdad más honda del ser de su Hijo. La escena está cargada de símbolos: la montaña, la nube luminosa, la voz del Padre. Todo indica que estamos ante una teofanía, una manifestación de Dios.
Nosotros necesitamos subir al monte de la transfiguración para recibir la luz de Dios para que su rostro ilumine nuestro rostro. Participar de la transfiguración es también dejarnos transfigurar por él en la oración donde nos muestra su rostro e ilumina nuestro corazón. Dejarnos transfigurar en los sacramentos, particularmente en la Eucaristía y la reconciliación. Cuando participamos del cuerpo y la sangre de Cristo nuestro se transfigura y, aunque no seamos capaces de percibirlo, los ángeles contemplan nuestro rostro transfigurado y dan gloria Dios.
El gesto final de Jesús es profundamente humano: se acerca, toca a los discípulos y les dice: “Levantaos, no tengáis miedo”. La Cuaresma es ese tiempo en el que Dios nos toca para levantarnos de nuestras postraciones: miedos, culpas, cansancios, heridas. La luz de Cristo no humilla, sino que sana; no deslumbra, sino que revela; no aplasta, sino que levanta.
Nos dice el Papa León XIV: “Si nos abrimos a Cristo y seguimos su Palabra, Él ilumina y transfigura también nuestras vidas. Así podemos hacer resplandecer su luz en el mundo.”
Conclusión
La Transfiguración nos invita a revisar qué impide que la luz de Dios brille en nuestra vida. ¿Qué sombras necesitan ser entregadas? ¿Qué apegos nos impiden caminar? ¿Qué miedos nos paralizan? ¿Cómo queremos ser cambiados esta Cuaresma?
La liturgia de hoy nos recuerda que es necesario dejar un poco el activismo cotidiano y centrar un poco más nuestra atención en el silencio y la oración, ya que sin estos dos elementos no se dará la transformación. Seguir a Jesús, nos pide que reflexionemos sobre su Gloria y pensemos profundamente en lo que Dios revela en la Biblia. Es importante meditar en oració para entender los que dice sobre El y sobre nosotros.
Oración para el Tiempo de Cuaresma:
Señor Jesús, Tu que en el desiert venciste al mal, danos fuerza para superar nuestras debilidades.
Que el ayup mps despierte el hambre de justicia, la oración nos aceque a Tu corazón y nuestra generosidad sea signo de fraternidad.
Acompáñanos en este camino de conversión, para que lleguemos a la Pascua con un corazón renovado. Amén
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-03-01
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/03/01
- https://x.com/Pontifex_es/status/1953060988284260553
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
Palabra de Vida Mes de Marzo.«Levántense, no tengan miedo.» Mt 17,7 https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/