LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción
Feliz y Bendecido Año Nuevo.
La solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primera fiesta mariana que podemos constatar en la Iglesia occidental. Probablemente, la fiesta remplazaba la costumbre pagana de las «strenae» (estrenas, dádivas), bien distinta del sentido de las celebraciones cristianas. El «Natale Sanctae Mariae» comenzó a celebrarse en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación de una de las primeras iglesias marianas de Roma, esto es, Santa María Antigua, en el Foro Romano. La última reforma del calendario trasladó al 1 de enero la fiesta de la maternidad divina, que desde 1931 se celebraba el 11 de octubre en memoria del Concilio de Efeso (431), donde se proclama a María “Theotokos”, la que dio a luz al Salvador, el Hijo de Dios.
La liturgia nos invita a reflexionar sobre esta bendición que los cristianos recibimos por intercesión de la Virgen María que con el Sl, a Dios, Jesús sin dejar de ser Dios se encarnó en el vientre de ella y con ello realiza en nosotros su plan de salvación, nos hace sus Hijos y podemos llamarle Abba.
Celebramos también la Jornada mundial de la Paz (XXVIII), ya que al comenzar el año siempre se celebra esta jornada de la paz, cuyo mensaje no puede ser ignorado por los cristianos que deben trabajar denodadamente por la paz amenazada en el mundo.
PRIMERA LECTURA del libro de los Números 6, 22-27
El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor te muestre tu rostro
y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».
Reflexión
Este texto hoy especialmente, nos habla sobre la bendición que se pide a Dios. Esa bendición es la paz. En las lenguas semitas, con la raíz shlm —de donde deriva shalom-paz— se indica una dimensión elemental de la vida humana, sin la cual ésta pierde gran parte de su sentido, si no todo. Con la palabra paz se indica “lo completo, íntegro, cabal, sano, terminado, acabado, colmado”. La paz, así entendida, designa todo aquello que hace posible una vida sana armónica y ayuda al pleno desarrollo humano.
SALMO 66, 2-3. 5. 6 y 8
R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga
Que Dios tenga piedad nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra.
Reflexión.
Acaba de resonar la voz del antiguo salmista, que ha elevado al Señor un canto jubiloso de acción de gracias. Es un texto breve y esencial, pero que se abre a un inmenso horizonte, hasta abarcar idealmente a todos los pueblos de la tierra. el coro universal de las naciones es invitado a unirse a la alabanza que Israel eleva en el templo de Sión; esta bendición derramada sobre Israel será como una semilla de gracia y salvación que se plantará en el terreno del mundo entero y de la historia, dispuesta a brotar y a convertirse en un árbol frondoso.
SEGUNDA LECTURA de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7
Hermanos: Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos la adopción filial.
Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Reflexión.
El pensamiento de Pablo se concentra en la filiación divina. Para conseguirla no es suficiente la observancia de la ley. Era necesario que el propio Hijo de Dios se hiciera hombre para hacernos a todos hijos de Dios por adopción. La Encarnación tendrá como finalidad conseguir para los hombres este don desbordante y totalmente gratuito. Jesús, el Salvador, nació de una mujer, María, es decir, fue realmente hombre y afirma de ella el privilegio y la actuación principal: ser madre de aquel por el cual recibimos el inapreciable don de la filiación. Todos recibimos el don gratuito de la filiación por medio de Jesús, Hijo de Dios y de María.
“Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá! Padre. Ya no eres esclavo sino hijo. Y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios”. Este es el fruto y la consecuencia más importante de la Navidad. El hombre puede con todo derecho dirigirse a Dios como Padre. Pero esta experiencia es inseparable de la presencia y la actuación del Espíritu. Con Él y sólo con Él podemos experimentar y manifestar nuestra conciencia de filiación divina. Crea una relación de entrañable confianza filial.
Señala también el apóstol que el mundo no nos conoce. Estas palabras nos ayudan a entender el presente. Se ha hablado de nuestro tiempo como una época en la que se ha oscurecido la figura del padre. Si la paternidad humana encuentra dificultades, mucho más el aceptar que Dios es Padre. Las teologías y filosofías de la muerte de Dios han oscurecido también la realidad de la paternidad humana.
El Papa León XIV, en la homilía de la misa de hoy nos aconseja tres cosas que debemos hacer cada día antes de dormir:
1.- Examen de conciencia. Recapitular y hacer balance.
2.- Examen de los dones y talentos que dios nos ha dado y agradecer. 3. – Aprender a pedir perdón y a cconceder el perdón.
EVANGELIO según san Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Reflexión.
En este texto, la Iglesia contempla agradecida la maternidad de la Madre de Dios, modelo de su propia maternidad para con todos nosotros. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. María, la Madre de Dios, contemplaba silenciosamente la grandeza del misterio del que, por voluntad divina, fue hecha parte
Lucas nos presenta el “encuentro” de los pastores “con el Niño”, el cual está acompañado de María, su Madre, y de José. La discreta presencia de José sugiere la importante misión de ser custodio del gran misterio del Hijo de Dios. Todos juntos, pastores, María y José, «con el Niño acostado en el pesebre» son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.
El relato termina donde lo más importante y decisivo es poner el nombre del niño; la circuncisión pasa a segundo plano. Un nombre que no es cualquier cosa, aunque no sea un nombre original, ya que el de Jesús es bien conocido (es versión griega del hebreo Josué). Pero como en la Biblia los nombres significan mucho, entonces el que se le ponga el nombre que se le había anunciado, y no el que María elige, quiere decir que acepta, más si cabe, que este niño, este su hijo, ha de ser el Salvador del pueblo que anhela la salvación y que los poderosos le han negado. Es verdad que no se dice explícitamente que María le puso ese nombre, aunque así aparece en la Anunciación. Sabemos que el nombre se lo ponen sus padres (aunque el esposo de María también queda en segundo término en el relato, como la circuncisión). Incluso podíamos inferir que es todo el pueblo el que se encarga de aceptar este nombre revelado que significa: Dios es mi salvador o Yahvé salva. Es una “comunidad” la que reconoce en el nombre todo lo que Dios le regala. Por tanto, en su nombre está escrito su futuro: ser el Salvador de los hombres.
Pidamosle a nuestra Madre que por su intercesión, nosostros sus hijos sigamos orando hoy por La Paz y que como nos lo pidió el Papa Francisco pidamos por el Jubileo 2025 Pereginos de Esperanza pronto a finalizar:
Señor, Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y La Paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos.
Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
- https://www.mercaba.org/DIESDOMINI/FIESTAS/SANTIAGO/sal-comentario.htm#
- https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/1-1-2019/comentario-biblico/gerardo-sanchez-mielgo/
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/01/01/dios-nos-ama-en-el-nombre-de-jesus/
- https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-01-01.
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
Palabra de Vida Mes de Enero “Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.” (Ef 4, 4) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/