- Jer 33, 14-16
- Sal 24
- 1 Tes 3, 12- 4-2
- Lc 21, 25-28. 34-36
¡Feliz Año Nuevo!
Con cada año litúrgico, la Iglesia nos introduce en la historia más grande jamás contada, la historia de salvación: la locura de amor que ha llevado a Dios a crear este mundo, a redimirlo por la cruz y muerte de su Hijo, y a glorificarlo en su resurrección, cuya gloria universal y definitiva se manifestará el día del apocalipsis, el juicio final, en el día del fin del mundo. ¡Qué maravilla ser testigos de tan grandes acontecimientos y participar en primera persona de ellos!
¿Pero qué venida es esa? Jesús de Nazaret, el Verbo hecho carne, el Hijo de Dios vivo, ya vino hace dos mil y pico de años. ¿Cómo decir entonces que esperamos el nacimiento de Cristo? ¿Cómo decir que esperamos su venida?
La Iglesia espera la venida de Cristo desde tres prismas. Tres dimensiones hay en esta espera, en este anuncio de la Venida de Cristo, que tienen que ver tanto con las virtudes teologales de la Fe, el Amor y la Esperanza, como con las Tres Personas Divinas de la Trinidad. Tres venidas que son la histórica en la que ya llegó Cristo, la diaria en la que viene el Espíritu a nuestra vida, y la que vendrá, en el final de los tiempos, el mismo Padre para llevar a la creación a su plenitud.
Pero el adviento nos ayuda también a mirar al pasado: la primera venida. La profecía de Jeremías puede ser interpretada tanto para la primera venida como para la segunda, puesto que el protagonismo en este tiempo se da a las dos venidas de Cristo: una ya fue hace dos mil años; la otra será. Las dos son importantes.
Cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá, nos dice Jeremías en la primera lectura. Con la Fe y el cumplimiento de las Promesas de Dios a su pueblo, que nos trae este texto,, tiene que ver la Primera Venida de Dios, la de la Encarnación del Hijo, la que sucedió en la historia hace dos milenios. Es esta espera la del cuidado de la memoria de lo acontecido. La Navidad como memoria de la venida en la historia del Hijo de Dios, Jesús, el Cristo, encarnado de María la Virgen, para traer la salvación y la plenitud a los hombres. La memoria de su nacimiento y de su vida en su enseñanza y su camino hasta la muerte en Cruz y la Resurrección. La fe necesita de la memoria porque recordar, pasar por el corazón, es lo que la enciende y la mantiene viva y fresca. El mayor enemigo de la fe no es la increencia, sino la distracción, la superficialidad, el despiste y el descuido. Estar a todo y a nada. El olvido. Por eso la atención y la memoria son imprescindibles para la fe. Prepararse es así ejercitar la memoria con la vuelta constante a la Escritura que la alimenta. Recordar, regresar, releer la Palabra, como camino de preparación, de creencia, de volver a encender nuestra fe.
La primera venida fue en humildad y anodadamiento. Su concepción fue desapercibida. Su nacimiento también: están en el escenario el buey y la mula (porque era su casa, el establo), los pastores (porque se les aparece el ángel), y los magos de oriente (porque se les aparece una estrella). Y se acabó. Fracaso total, gloria inexistente para los hombres, aunque los ángeles tenían una fiesta montada.
El Señor les da a conocer su Alianza, La otra venida que esperamos tiene que ver con el Amor, pues esperamos la venida diaria y cotidiana del Espíritu Santo de Dios, el Espíritu de su amor, a nuestra vida. Acogerle con el amor, el cuidado, el afecto, de saber que viene para cada uno de nosotros a traernos vida y vida en plenitud.
La segunda venida será en poder y en gloria, ante todas las miradas. No quedará desapercibida ante la humanidad. Su luz, su fuerza, su eternidad y su amor quedarán a la vista de todos. Ese día podremos hacer un vídeo de la gloria de Dios. Ya no tendremos que dar testimonio de lo que creemos, puesto que la fe se acabará. Comenzará la visión. Tampoco la esperanza, que dejará de tener sentido, pues poseeremos al Señor.
Eso es lo que pedimos tras la consagración: «Ven, Señor Jesús», en arameo maranatha. Justo después de la consagración, cuando ha venido Jesús eucaristía y estamos de rodillas adorando ese misterio insondable, nos levantamos y aclamamos: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección», es decir, contemplamos su primera venida en los dos acontecimientos centrales. Pero terminamos diciendo «Ven, Señor Jesús» (Maranatha), porque aunque por la fe nos hemos puesto de rodillas, le pedimos que se manifieste en sus accidentes humanos, no sólo en la transubstanciación del pan y el vino. Dicho de otro modo: tenemos ansias de verle, de que su humanidad y su gloria resucitada sean evidentes a todo el mundo para que puedan contemplar la luz del rostro de Dios. La eucaristía sí, pero es un misterio de fe; por eso ansiamos algo más pleno para nosotros, que es la visión.
El Salmo que proclamamos nos recuerda que el Señor nos ha enseñado cómo vivir y vivir en plenitud …de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos. Y para acoger también al que vendrá. San Pablo, en el texto a los Tesalonicenses, nos recuerda también que esperamos una venida más de Cristo. La tercera de las claves de la espera y la venida del Adviento tiene que ver con la Esperanza.
Esperamos la plenitud del tiempo, la llegada manifiesta y en gloria de Dios Padre para juzgar la creación y consumarla en sí. La Parusía, la venida futura de Dios, la aparición completa de la gracia de la salvación que abrirá a todo lo creado al Reino y Reinado del buen Padre Dios. Esperamos la llegada que completará lo que existe con su venida en Gloria, renovando, completando, perfeccionando lo que ha sido en el tiempo para sacarlo del tiempo. Esperamos el amanecer sin ocaso donde todo anhelo, todo sueño, todo limpio deseo profundo del hombre se completará en Dios. Esperamos el banquete eterno de la creación donde no habrá dolor, sufrimiento ni enfermedad alguna, donde toda injusticia y sufrimiento serán sanados y limpiados, donde se enjugará toda lágrima. Esperamos esa eternidad de plenitud donde se dará todo, siempre, completamente, a la vez, y sin cansancio, donde resucitarán todos los muertos que en la historia han vivido, y donde la creación entera se culminará.
La venida diaria a nuestra vida del mensaje del Evangelio nos llama a cambiar nuestro corazón, nuestra mente, nuestra vida, para que el mensaje de Cristo, el mensaje del Amor, se haga realidad con su poder salvador en nuestro día a día. Con su Resurrección, nos dejó el Espíritu como presencia viva, actuante, santificadora en nuestra vida, en la Iglesia, en los sacramentos. Pero que comenzó en esa Navidad de la Encarnación con la que comenzó nuestra historia de salvación. Para acoger esta venida del Amor de Dios en nuestra vida, de su Espíritu, para la espera de la venida y Navidad en esta dimensión de amor y Espíritu, se hace necesario volver al silencio. Vaciar la mente y la vida de todo ruido que estorba y oculta el susurro del Espíritu, limpiar y purificar corazón y espíritu de todo lo que no deja que el amor sea el que mueva nuestra vida. Aquí cobra sentido también ese cierto espíritu penitencial y austero que tiene también el Adviento como tiempo de conversión, de purificación interior para acoger al que vino, y al que viene. Limpiar y silenciar todo lo que no deja que nazca cada día, cada año, cada tiempo, a Dios en nosotros.
Afirma el Papa Francisco: …”Nosotros esperamos a Jesús, queremos esperarle en oración, que está estrechamente vinculada con la vigilancia. Rezar, esperar a Jesús, abrirse a los demás, estar despiertos, no encerrados en nosotros mismos. Pero si pensamos en la Navidad en un clima de consumismo, de ver qué puedo comprar para hacer esto o aquello, de fiesta mundana, Jesús pasará y no lo encontraremos. Nosotros esperamos a Jesús y queremos esperarle en oración, que está estrechamente vinculada con la vigilancia.”
¡Ven, Señor Jesús!
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://comunidadcatolicabkk.org/2024/11/25/reflexiones-del-papa-francisco-para-vivir-el-adviento-c/
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/pautas/
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2024/11/30/i-domingo-de-adviento-ciclo-c/
Palabra de Vida Mes Diciembre: “ No hay nada imposible para Dios” (Lucas 1, 37) https://ciudadnueva.com.ar/diciembre-2024/
Recopilado por Rosa Otárola D, /
Diciembre 2024.
“Piensa bien, haz el bien, actúa bien y todo te saldra bien”
Sor Evelia 08/01/2013.