- Jer 17,5-10
- Sal 1
- Lc 16, 19-31
La liturgia de hoy, nos invita a descubrir el verdadero temor del Señor, y así reconocer quien es bendito y quien no lo es. La bendición esta relacionada con el camino de la vida y el seguimiento de la Voluntad de Dios, fruto de la sumisión de los mandatos divinos, de la caridad, la firmeza de la fe y la diligencia del bien; mientras que la maldición es fruto de los que ponen su confianza en el mundo.
Y la lectura del profeta Jeremías nos sitúa ante estas dos posibles elecciones, ambas excluyentes y opuestas. La primera elección, nos dice el texto, consiste en confiar en el hombre, apoyando la vid en la carne, mientras el corazón se aparta del Señor. El sentido de esta elección no significa una invitación a no confiar en las personas, sino a no hacer del propio yo el centro de gravitación de todo nuestro universo, viviendo de una manera autorreferencial, que nos impide abrirnos a la transcendencia, nos separa de los otros, de Dios. A la persona que opta por este camino se le considera maldito, es decir alguien cuya vida, de alguna manera se seca, se muere porque no bebe del agua de la Vida.
Pero hay una segunda posible elección, que se convierte en la bienaventuranza, que nos habla el Salmo, fuente de alegría y de felicidad, en posibilidad de dar fruto; y es aquella en la que, como el árbol que llega a estar verde, somos capaces de extender nuestras raíces buscando el agua que sólo Dios puede ofrecernos. Un agua que nos permite ser el árbol de vida que estamos llamados a ser. Y esta elección significa poner la confianza en el Señor. Una confianza que nos abre siempre a los otros, al mundo, a la creación y a nosotros mismos de una manera nueva. Porque confiar en Dios significa abrir los ojos a una humanidad, a una creación que está bendecida por Dios, que es amada por Él y a través de la cual sale a nuestro encuentro.
Esta doble elección tambien la encontramos en el texto el evangelio, con el hombre rico, que por cierto, no tiene nombre; esto porque cuando la codicia se apodera del corazón humano, se pierde la identidad porque no deja lugar para Dios. . “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?“.
La parábola, afirma el Papa Francisco, nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia..
El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.Y Lázaro, que significa, el que ha sido ayudado por Dios, para quien Dios era su única esperanza.
Lázaro, en cambio tiene un nombre que significa, el que ha sido ayudado por Dios y al contrario del rico, para áel Dios es su única esperanza.
Lázaro nos enseña que el otro es un don, nos explica el Papa Francisco: . La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.
Continúa reflexionando el Pontífice: “También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre»
, demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.
El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó.
La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» .
De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.
Estamos recibiendo una invitación a cultivar la solidaridad y practicar la justicia social en todas las relaciones, Que en esta Cuaresma podamos preguntarnos si de verdad prestamos atención a los que nos rodean. Pueden estar a las puertas de nuestra casa, incluso habitar dentro de ellas. Pero tan centrados en nosotros mismos, cerrándonos a nuestra propia carne, no inauguremos el ayuno agradable a Dios, la oración, la limosna, los medio que liberan al corazón de las cadenas más fuertes: la arrogancia, el egoísmo y el narcisismo.
Les invito a unirnos con el Papa Francisco, a orar por el Jubileo 2025, Peregrinos de Esperanza: Señor, Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y La Paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos.
Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- Diario Bíblico 2025. Misioneros Claretianos.
- https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/preghiera.html.
- https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/papa-francesco_20161018_messaggio-quaresima2017.html
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2025/03/20/tienen-a-moises-y-a-los-profetas-que-los-escuchen/
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Palabra de Vida Mes Marzo “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?” (Lc 6, 41) https://ciudadnueva.com.ar/marzo-2025/
Recopilado por Rosa Otárola D, /
Marzo 2025.
“Piensa bien, haz el bien, actúa bien y todo te saldra bien”
Sor Evelia 08/01/2013.