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Liturgia del 17 de octubre 2026. San Ignacio de Antioquía: Testimonio y Soberanía de Cristo

Posted on octubre 17, 2026octubre 16, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA,

Introducción: 

Hoy celebramos la Memoria de San Ignacio de Antioquía, fiel discípulo apostólico y pastor valiente, encarnó de manera suprema la soberanía absoluta de Cristo en su propia carne, entregando su vida sin titubear por el Reino. Sostenido por la gracia divina que supera todo entendimiento humano, este santo mártir no confió en sus propias fuerzas, sino en la sabiduría del Espíritu Santo para confesar públicamente su fe ante sus perseguidores. Su glorioso testimonio manifiesta que el Dios creador de todo el universo es el mismo que capacita y reviste de poder a los pequeños. Así, al ser triturado como trigo para convertirse en pan puro, Ignacio proclamó con su martirio que Jesús es la cabeza suprema de la Iglesia y el Señor de toda la creación.

 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 1, 15-23

Hermanos:

Habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos, doy gracias sin cesar por ustedes, recordándolos siempre en mis oraciones.

Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que Él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que Él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza.

Éste es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.

Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de Aquél que llena completamente todas las cosas.

Reflexión: 

La oración de San Pablo, en este texto,  brota de una profunda acción de gracias e intercesión por la fiel comunidad de Éfeso, cuya fe viva se traduce en amor constante hacia todo el pueblo santo. Con un corazón pastoral, el apóstol suplica para ellos el espíritu de sabiduría y revelación que les permita comprender plenamente el misterio de Dios y reconocer la gloria de Jesucristo. Este Cristo, resucitado y sentado con poder a la derecha del Padre, ha sido constituido por designio divino como el soberano absoluto sobre toda la creación. Así, íntimamente unido a los creyentes, el Salvador se entrega a la Iglesia como su Cabeza suprema, transformándola en su propio cuerpo místico. Finalmente, el pasaje celebra esta comunión perfecta donde la Iglesia se manifiesta como la plenitud viviente de Aquel que lo llena todo en todos. 

 

SALMO RESPONSORIAL 8, 2-3ª. 4-7

Diste dominio a tu Hijo sobre la obra de tus manos.

¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! Quiero adorar tu majestad sobre el cielo: con la alabanza de los niños y de los más pequeños. 

Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado:  ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor;  le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies. 

Reflexión: 

Mientras San Pablo en la epístola afirma categóricamente que Dios resucitó a Jesús y «todo lo puso bajo sus pies», el Salmo  anticipa este triunfo exacto al cantar con asombro: «Todo lo sometiste bajo sus pies». De este modo, la aparente fragilidad del «ser humano» que el salmista contempla conmovido se cumple de forma perfecta en Cristo, quien siendo rebajado al hacerse hombre, es finalmente coronado de gloria y dignidad como cabeza mística de la Iglesia. La respuesta litúrgica consiste, por tanto, en un eco de pura alabanza que celebra anticipadamente el señorío absoluto que la primera lectura describe.

 

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 8-12

Jesús dijo a sus discípulos:

Les aseguro que aquél que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. Pero el que no me reconozca delante de los hombres no será reconocido ante los ángeles de Dios.

Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir.

Reflexión: 

El Espíritu Santo concede el gozo de la victoria espiritual a quienes se ponen de parte de Jesús en palabras, actos y durante toda la vida, tal como lo atestiguó San Ignacio de Antioquía al permanecer fiel camino al martirio. Apoyados en la enseñanza de San Juan Pablo II, la Iglesia reconoce que esta fuerza divina es la que sostiene al cristiano para dar testimonio público aun cuando seguir al Señor implique un alto precio. Así, la seguridad del creyente ante el mundo no radica en poseer respuestas perfectas ni en el control de las circunstancias, sino en la certeza de caminar junto a una Persona viva. De este modo, al confiar en la defensa del Paráclito ante los tribunales humanos, el discípulo despierta su fe y esperanza en la promesa eterna de que el Hijo del Hombre también se declarará a su favor ante el ejército celestial.

 

Conclusión: 

Como discípulos en camino, estamos llamados a encarnar hoy la soberanía de Cristo, para ello La Liturgia nos ilumina a: 

  • Vivir unidos a Jesús: Entender que somos miembros de su propio cuerpo y que nuestra fidelidad diaria depende de permanecer íntimamente conectados a Él, no de nuestras fuerzas.
  • Confiar en el Espíritu Santo: Perder el miedo a no tener respuestas perfectas ante las dificultades, descansando en la guía y fortaleza que el Paráclito nos regala.
  • Dar testimonio público: Manifestar con valentía nuestra fe en palabras y actos cotidianos, asumiendo el compromiso de ponernos siempre de parte del Señor sin importar el precio.
  • Caminar con certeza: Afrontar cada circunstancia con la seguridad de que el Soberano del universo conoce nuestra pequeñez, camina a nuestro lado y sostendrá nuestra vida para siempre.

Oración Final: 

Te damos gracias, Padre Celestial, por guiarnos en esta reflexión y renovar nuestros corazones con la fuerza de tu Palabra. 

Te suplicamos humildemente que nos concedas la audacia de San Ignacio para abrazar el Evangelio con radical entrega y ser testigos coherentes en medio de las realidades del mundo.

Derrama la unción del Paráclito en nuestras mentes y labios, para que sea tu Gracia la que hable y actúe a través de nuestras fragilidades, afianzándonos en el misterio de la comunión al reconocernos siempre cobijados por la mirada providente tuya.

Haz que, al iniciar nuestras tareas ordinarias, avancemos con paso firme bajo la guía de tu Hijo amado, esperando el día en que nos reúnas en la asamblea de los bienaventurados, por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

_________________________________________________________________________________________________________________

Tomado de: 

  • Folleto La Misa de Cada Día. 
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-10-17
  • https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/10/17.html
  • https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
  • https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/10/17
  • https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-10-17
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy

Palabra de Vida Mes de Octubre 2026. «No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto» (Ex 22, 20) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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