LITURGIA DE LA PALABRA.
Introducción:
Hoy celebramos la memoria de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, quien desde su juventud en el Carmelo de Lisieux fue maestra de santidad por su inocencia, simplicidad y su doctrina de la infancia espiritual. La liturgia se relaciona profundamente con esta conmemoración al invitarnos a unir nuestros propios sufrimientos físicos o morales al misterio redentor del sacrificio de Cristo en la Cruz. A través de la gracia divina operada en la celebración litúrgica, nuestras pruebas cotidianas se vuelven fecundas, permitiéndonos encontrar el camino de la perfección y el amor en comunión heroica con la Pasión del Señor
Lectura del libro de Job 19, 21-27
Job dijo: ¡Apiádense, apiádense de mi, amigos míos, porque me ha herido la mano de Dios! ¿Por qué ustedes me persiguen como Dios y no terminan de saciarse con mi carne?
¡Ah, si se escribieran mis palabras y se las grabara en el bronce; si con un punzón de hierro y plomo fueran esculpidas en la roca para siempre! Porque yo sé que mi Redentor vive y que Él, el último, se alzará sobre el polvo. Y después que me arranquen esta piel, yo, con mi propia carne, veré a Dios. Sí, yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño. ¡Mi corazón se deshace en mi pecho!
Reflexión.
La primera lectura, centrada en la figura de Job, nos sumerge en la experiencia del abandono total y la incomprensión, reflejando el misterio del «Eloí, Eloí» de Cristo en la Cruz. Ante la oscuridad y el sufrimiento radical, Job no busca justificaciones lógicas, sino que se adentra en la noche de la fe, soltando toda seguridad humana. Su testimonio inamovible proclama con certeza: «Yo sé que mi redentor vive», transformando el dolor en un camino salvífico de purificación y anonadamiento. Esta victoria del triunfo de la fe en la prueba, compartida también por santa Teresita, queda grabada como roca firme para que los creyentes permanezcamos en el Amor.
SALMO RESPONSORIAL 26, 7-9c. 13-14
¡Contemplaré la bondad del Señor!
¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme! Mi corazón sabe que dijiste: “Busquen mi rostro”.
Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, Tú, que eres mi ayuda.
Contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.
Reflexión:
Este salmo responde a la angustia de Job confirmando que, aun en el desamparo absoluto, la última palabra la tiene la esperanza divina. A través de la antífona «Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida», el salmista nos invita a buscar con valentía el rostro de Dios en medio de la oscuridad. Esta oración transforma el sufrimiento en una confiada súplica filial, asegurando que el Señor jamás nos desecha ni nos esconde su mirada auxiliadora. Así, la liturgia nos exhorta a revestirnos de fortaleza y paciencia, uniendo nuestra certeza a la de santa Teresita para permanecer firmes en el Amor.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 1-12
El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir. Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!” Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”. Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: “¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca”.
Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad”.
Reflexión:
El Evangelio, como nos explicaba San Juan Pablo II, nos envía como obreros a una mies abundante, asumiendo nuestra misión bautismal de forma apasionante pero difícil.
Jesús nos pide ir como corderos, vacíos de seguridades materiales —sin bolsa ni alforjas— para que nuestra única fuerza y plenitud sea Cristo, confiando ciegamente en la Divina Providencia. Este anuncio de la Verdad no fuerza la adhesión, sino que busca suscitar una respuesta libre a través de un testimonio humilde y desprendido. Ante las dificultades y los lobos del camino, el Espíritu Santo es quien sostiene nuestra palabra y disipa toda preocupación.
Así, en total abandono al Amor, prolongamos el camino de fe y entrega que encarnaron Job y santa Teresita.
Conclusión:
Hoy la liturgia nos insta a cumplir con nuestra misión de manifestar el Reino de Dios a través de un testimonio vivo, valiente y desprendido en medio del mundo actual. Para llevarlo a la práctica en nuestra vida diaria, asumimos los siguientes compromisos esenciales:
- Unir el sufrimiento a la Cruz: Ofrecer con amor y paciencia heroica cada dolor físico, moral o incomprensión familiar cotidianos, transformando las pruebas en un camino de santidad y fecundidad espiritual en favor de los demás.
- Permanecer firmes en la fe: Confiar ciegamente en que Dios vive y actúa aun en los momentos de mayor oscuridad o aparente abandono, deshechando los razonamientos lógicos para apoyarnos en la certeza de su Amor inamovible.
- Buscar el rostro del Señor: Mantener una vida constante de súplica y comunión filial a través de la oración, encontrando en el santuario del corazón, la fortaleza y la valentía necesarias para no desanimarnos ante las dificultades.
- Vivir con desprendimiento misionero: Vaciarnos de seguridades materiales y egoísmos para que Cristo sea nuestra única fuerza, saliendo al encuentro de los demás con humildad y mansedumbre para suscitar una adhesión libre a la Verdad.
Oración Final:
Oh amada santita de Lisieux, te suplicamos que ruegues ante el Altísimo por nosotros, tus hermanos peregrinos, para que nos concedas la gracia de encarnar fielmente las promesas de nuestro bautismo.
Alcánzanos del Padre Celestial aquella profunda pureza de corazón que te caracterizó, permitiéndonos caminar con absoluta confianza por tu sendero de entrega mística y filial.
Ayúdanos a despojarnos de todo egoísmo terrenal para que, iluminados por la luz del Consolador, anunciemos la Buena Nueva de la salvación con audacia y absoluta generosidad.
Que por tu auxilio celestial, logremos reflejar la presencia del Todopoderoso en la sociedad contemporánea, haciendo de nuestra existencia un reflejo auténtico de fidelidad evangélica.
Amén.
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Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día.
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-10-01
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
- https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/10/01/
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy
Palabra de Vida Mes de Setiembre 2026. «No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto» (Ex 22, 20) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/